Savage

Jess GR · Capítulo 80 de 118

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Savage

Levi

 

Una hora, solo sesenta minutos para que se decida cómo voy a vivir los próximos años. Miro hacia mi ropa, gastada, pero es mejor que el mono naranja de la cárcel.

—¿Estás listo? —pregunta mi abogado. Creo que no le caigo demasiado bien. Se ve que le gusta ganar casos, y el mío ya estaba perdido antes de empezar. Yo me encargué de así fuese, y no me arrepiento. La seguridad de Brooke y Milo es lo más importante para mí.

—¿Ya nos vamos? —inquiero levantándome. Harry asiente.

La prisión de Miami no está lejos del juzgado. Esta es solo una parada provisional para mí. Un lugar donde retenerme de manera provisional hasta que el juez pronuncie mi sentencia, después de eso me trasladarán a la prisión estatal de Florida. Ese será mi hogar durante los próximos años.

El camino en la parte trasera del furgón policial es bastante tranquilo. En cuanto me dejan salir, alzo las manos esposadas hacia mi cara y cubro el sol de la mañana que me ciega. No tardan en meterme en el juzgado casi a empujones. La prensa está en las puertas, al menos eso es lo que me ha informado Harry. El club nocturno de la hija de uno de los hombres más ricos e importantes del país fue el escenario de un asesinato por un ajuste de cuentas. Eso es noticia.

Mi nombre ha sido revelado en televisiones y periódicos. Por suerte nadie tiene una foto mía. Creo que la única persona que me ha sacado fotos ha sido Brooke. Recuerdo que unos días antes de que todo se fuese a la mierda, ella puso un marco con una fotografía de los dos juntos sobre la mesita de noche. En esa instantánea ambos sonreíamos a la cámara, abrazados en la cama después de pasar la mañana haciendo el amor. ¡Dios Santo, la echo tanto de menos…! Jamás creí que llegaría a extrañar a alguien tanto como la extraño a ella. Y mi hermano… La última vez que lo vi me miraba con odio. Lo entiendo. Él sabía que la estaba cagando, que tarde o temprano terminaría haciendo algo como lo que hice, y no lo culpo por su desprecio y su odio hacia mí.

Los minutos van pasando mientras me llevan de un lado a otro. Harry vuelve a aparecer y poco después me indican que entre en la sala de juicios. Esto solo es una mera formalidad. Me he declarado culpable, así que no hay defensa ni más interrogatorios de los que ya han obtenido las autoridades. Todo está muy claro. Yo soy culpable.

Me siento donde me indican, mirando hacia el frente y con las manos esposadas sobre la pequeña mesa donde solo estamos Harry y yo. Muevo el cuello de un lado a otro y respiro hondo. Espero que el juez no tarde demasiado. Quiero terminar ya con esta mierda.

—¿Va a tardar? —le pregunto a Harry.

Él me mira entornando los ojos como si mi pregunta fuese un jodido sacrilegio. Chasqueo la lengua y desvío la mirada hacia mi derecha. Mis pulmones se cierran en cuanto poso mis ojos en los suyos. Está preciosa, con su pelo corto y rubio despeinado, y un traje de chaqueta y pantalón. La mujer más hermosa que he visto en mi vida, y es mía, o lo era… Sí, así de estúpido soy.

Trago saliva con fuerza y veo como alguien a su lado le habla. Aparto mi mirada de sus ojos y veo a la pelirroja, ella también me mira fijamente, me taladra con la mirada. «¿Qué te extraña, capullo? Su marido está muerto por tu culpa», me digo a mí mismo en mi cabeza. Estoy a punto de susurrar alguna palabra de disculpa. Sin embargo, no soy capaz de pronunciar ni un solo sonido. Además, ¿qué voy a decirle? Su marido está muerto. No hay consuelo posible para ese tipo de situaciones.

—Levántate —ordena Harry tirando de mi brazo.

Miro hacia el frente y compruebo que el juez ya está en su lugar y me mira con cara de pocos amigos.

—Señor Scott, ¿sabe por qué está aquí? —me pregunta.

—Sí, señor —contesto.

—Se le acusa de tráfico de estupefacientes, además de desacato por incumplir una sanción previa, y otro cargo por lesiones. ¿Cómo se declara?

—Culpable —contesto sin titubear.

—Bien, tengo todos los testimonios y pruebas aportadas en el caso. ¿Alguna de las partes quiere alegar algo más? —Tanto el fiscal como mi abogado contestan de manera negativa—. En ese caso, el Estado de Florida declara al señor Levi Scott culpable de todos los cargos y lo sentencia a cumplir ocho años en la prisión estatal. —⁠Tras golpear con una maza de madera, el juez se levanta y todos empiezan a abandonar la sala.

¿Ya está? ¿Esto es lo que he estado esperando más de un mes?

Desvío mi mirada de nuevo hacia el lugar donde vi a Brooke, pero ya no está allí. Se ha ido. Me encantaría poder hablar con ella. No obstante, creo que es mejor así. No quiero seguir mintiéndole, y eso sería lo que tendría que hacer si me pidiese explicaciones.