Savage
Levi
Se frota de nuevo la cara y viene hacia mí. Me abraza y yo apoyo la cabeza en su pecho, aspiro fuerte e inhalo su aroma mentolado.
—Todo está bien. —Miente. Nada está bien. Alza mi cabeza tirando de mi barbilla y me besa—. Olvidemos lo que ha pasado estos últimos días, ¿vale? No quiero que sigamos peleándonos.
—Pero ayer… —Vuelve a besarme para que no siga hablando.
—Lo que pasó ayer no importa —susurra contra mis labios—. Ni siquiera me preocupa lo que pueda pasar mañana. Hoy estamos aquí, juntos. ¿No puedes simplemente disfrutarlo y ser feliz?
Exhalo una gran bocanada de aire y asiento. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Estamos tan bien juntos… Temo sacar de nuevo el tema y que esta calma desaparezca. Tal vez estemos evitando lo inevitable, pero como él dice, solo quiero disfrutarlo y ser feliz.
—¿Si te pregunto con quién hablabas por teléfono, me dirás la verdad? —Resopla de nuevo.
—Brooke, solo saludaba a un viejo amigo. Hace mucho tiempo que no sabía nada de él, y ahora que tengo teléfono quise ponerme en contacto.
Lo miro a los ojos e intento adivinar si dice la verdad o me está mintiendo. En mi interior sé que no es verdad, pero una vez más, asiento por mantener la paz y dejo que me abrace.
Sí, definitivamente me estoy comportando como una cobarde. Huyo de un posible conflicto por miedo a perder esto que tenemos. ¿Alguien puede culparme? He pasado toda mi vida sin saber qué es el amor, sin nadie que me quisiera a mí como soy de verdad, y ahora que lo he encontrado, no quiero perderlo. Aunque sé que la basura que escondemos bajo las alfombras tarde o temprano acabará esparcida de nuevo en el suelo. Solo hace falta una pequeña brisa, una ráfaga minúscula de aire, para hacerla volar y que nos golpee de lleno en toda la cara.
Levi
Entrego la copa al cliente y junto a ella, también una pequeña bolsa de cocaína. Él la guarda en el bolsillo y me paga antes de seguir su camino sin prestarme más atención. Deslizo los billetes de mi trabajo extra en el bolsillo de mis vaqueros y vuelvo a la barra.
En esto me he convertido, en el camello de un montón de ricachones. No me costó demasiado darme a conocer como proveedor oficial de drogas del Eternity. Solo tuve que hablar con un par de clientes que sabía que consumían y ellos mismos hicieron correr la voz. Obviamente, nadie más se ha enterado, ni empleados, ni mucho menos Brooke. Ya hace una semana que empecé con esto y desde entonces nuestra relación ha mejorado mucho. No volvimos a hablar del tema, y aunque la sombra de lo que pasó esos días sigue entre nosotros, lo estamos superando poco a poco. Bueno, al menos lo intentamos. Tampoco es fácil para mí mentirle constantemente. Estoy usando su bar como centro de distribución de drogas. Así de jodidas están las cosas.
—Cuánto tiempo has tardado, ¿no? —pregunta Zane acercándose a mí—. ¿Algún problema con el cliente?
—No. —Me encojo de hombro y niego con la cabeza—. Solo me estaba preguntando por la próxima actuación del DJ ese de moda.
—Creo que la próxima semana —contesta, pero no parece convencido del todo—. Por cierto, ¿ese cliente no es el mismo que te preguntó ayer algo parecido?
—Ni idea. —Paso de largo y dejo la bandeja sobre la barra—. ¿Hace falta algo más del almacén?
—Sí, hay que traer un par de botellas de vodka.
—Yo me encargo —señalo empezando a caminar hacia el almacén. Una vez dentro, me cercioro de que la puerta esté bien cerrada y corro hacia una de las esquinas, bajo una pila de cajas de cerveza encuentro el pequeño bolso que estaba buscando. Cojo unas cuantas dosis más de cocaína y también algunas pastillas y guardo el dinero en su interior.
Salgo del almacén con las botellas de vodka y encuentro a Brooke en el pasillo. Está hablando con Trish, pero en cuanto me ve, sonríe de oreja a oreja.
—Hola, guapo —me saluda.
Me acerco a ella sonriendo y pego mis labios a los suyos.
—Hola, preciosa. ¿Cómo estás? —murmuro contra sus labios.
—¿En serio? ¿Vais a poneros pastelosos ahora? —dice Trish llamando nuestra atención. Brooke chasquea la lengua y se aparta de mí—. Sois tan dulces que me va a salir una caries —comenta en tono ácido.
Miro a Brooke buscando una explicación a la actitud de la pelirroja. No es habitual en ella ser así. Fue de las primeras en apoyarnos y sé que siempre está lista para ayudar a Brooke en lo que necesita.
—No le hagas caso —murmura mi chica—. Problemas conyugales.
—Sí, lo siento —dice Trish tras resoplar—. Solo me estoy descargando con vosotros. Ni caso.
Veo como Brooke pone los ojos en blanco y sonrío.
—¿Te vas a marchar pronto? —le pregunto.
—Sí, en un ratito —contesta mirando sobre mi hombro. Entrecierra los ojos y sacude la cabeza—. No puede ser —susurra.
Miro hacia atrás para saber qué es lo que está mirando, pero solo veo a un montón de gente bailando, bebiendo y pasándolo bien.
—¿Qué pasa, Brooke? —inquiero.
Me mira y niega con la cabeza.
—Creí que había visto… —Sacude de nuevo la cabeza y fuerza una sonrisa—. Da igual. Seguramente me lo pareció, pero me habré confundido. No pasa nada. Te estaba diciendo que en un rato me marcho. ¿Puede acercarte Zane a casa al cerrar?
—Se lo preguntaré, pero supongo que sí. Por cierto, ¿te encuentras mejor?
—Sí, solo estuve un poco revuelta por la tarde, pero ya se me ha pasado.
—Bien. Tengo que llevarle esto a Zane antes de que se acaben — digo alzando las botellas, una en cada mano. Me acerco y le doy un beso rápido—. ¿Nos vemos después en casa?
—Claro. —Pega su boca a mi oído y susurra—. Te esperaré despierta y desnuda.
Mi entrepierna se tensa con la sola imagen de su cuerpo desnudo y a la espera de que yo llegue para hacer con él lo que guste. Suelto una sonrisa pilla y niego con la cabeza viendo cómo se marcha acompañada de Trish. Con ánimos renovados, camino de vuelta a la barra y le doy las botellas Zane.
—¿Algo más? —pregunto.
—Sí, ese hombre quiere hablar contigo —dice mi compañero. Tiene mala cara, como si ahora mismo yo no le cayera muy bien que digamos.
Miro hacia donde me indica y frunzo el ceño al ver a Jax. ¿Qué demonios hace él aquí? Hasta ahora siempre ha venido Arnold a traer mercancía y recoger el dinero. Además, aún tengo bastante. No debería estar aquí.
Me acerco a él y, como siempre, me recibe con una sonrisa cínica.
—Savage, amigo, ¿cómo te va? —pregunta palmeando mi hombro.
—Jax, ¿qué demonios haces aquí? —siseo.
—He venido a tomar una copa —contesta—. Ah, y también a pedirte un pequeño favor. —Señala hacia el suelo y compruebo que hay una mochila junto a la barra.
—¿Qué es eso?
—Compruébalo tú mismo, colega.
Resoplo y echo un vistazo a mi alrededor. Aunque lo disimula, Zane no me saca la mirada de encima, pero si me agacho, no podrá ver qué es lo que estoy haciendo. Amparado bajo la oscuridad del club, finjo estar atándome el cordón y abro la mochila, echo un vistazo al interior y se me corta la respiración.
—¿Qué coño estás haciendo? —pregunto entre dientes—. Eso es mucha droga. Además, aún tengo de la que me trajo ayer Arnold.
—Lo sé. Necesito que me guardes esto durante unos días. —Le da un trago a su copa y sonríe de nuevo—. Y esta vez intenta no perderla, ¿quieres?
—No, Jax, no puedo tener esto aquí.
Su expresión cambia de inmediato y se bebe el resto de la copa de un trago.
—Lo de pedirte un favor era solo una forma de hablar, Savage. Vas a guardarme esto, y no te lo estoy preguntando. —Saca un par de billetes del bolsillo y los lanza sobre la barra—. Eso es la propina. Nos vemos, amigo.
Resoplo viendo cómo se marcha y aprieto ambos puños a cada lado de mi cuerpo. ¿Qué demonios voy a hacer yo ahora con esto? Sigo a Jax con la mirada y mi corazón da un salto al ver que Brooke está justo delante de él. Ella también se va y coinciden junto a la puerta. Ella no puede verlo a él, y si lo hiciera tampoco lo reconocería, pero Jax la está mirando. Se detiene durante un momento y se gira para mirarme a mí. Supongo que la preocupación que emanan mis ojos es la respuesta para la pregunta silenciosa que me ha formulado en la distancia. ¿Es ella? Sí, lo es. Vuelve a mirar a Brooke y hace el amago de tocarla. Estoy a punto de saltar y correr hacia ellos, pero antes de que la mano de Jax llegue a hacer contacto con el hombro de Brooke, se detiene y deja que ella se marche.
Respiro aliviado y desvío la mirada hacia la mochila. Tengo que guardarla en algún sitio. Me la cuelgo del hombro tras comprobar que Zane está distraído sirviendo a un grupo escandaloso de chicas pijas y salgo disparado como una flecha hacia el almacén. Una vez dentro, busco un lugar escondido donde guardar la mochila y me marcho de nuevo.
Las horas pasan rápido y el local se mantiene casi lleno durante toda la noche. Estamos a punto de dar el primer aviso de cierre cuando veo a Harvey entrar en el local. Se me hace extraño. No lo he vuelto a ver desde el día en que nos peleamos. Viene acompañado de varios hombres.
—Mierda —susurra Zane mirando hacia él.
—¿Qué pasa? —inquiero.
—¡Ese es Harvey, joder! —exclama.
—Ya, tranquilo. No voy a montar ninguna escena en el trabajo si es eso lo que te preocupa.
—¡No eso, maldición! ¿Ves esos tipos que vienen con él? Son todos policías. No creo que Harvey venga a hacernos una visita cordial. Es una puta inspección.
—¿Qué? —Miro de nuevo hacia el ex de Brooke y siento como mi corazón se acelera—. ¿Inspección de qué? ¿Qué vienen a buscar?
—Lo que sea. —Zane tira de mi brazo con brusquedad y lo miro a frunciendo el ceño—. Levi, dime que no hay nada aquí que pueda hundir el club y a Brooke con él.
—¿Qué? ¿De qué demonios hablas? ¡Suéltame! —Tiro de mi brazo, pero Zane me sujeta con más fuerza.
—¡Basta, Levi! ¡¿Crees que soy imbécil?! ¡No me trago esa mierda de que los clientes te pregunten por las actuaciones del Eternity! ¡Algo raro estás haciendo aquí y necesito saberlo antes de que sea demasiado tarde!
Mierda. Sabía que Zane se estaba oliendo algo. Tengo que sacar la mercancía del club antes de que ellos la encuentren.
—Tengo que irme —susurro.
Zane sigue sujetando mi brazo y me mira fijamente a los ojos.
—Dímelo y veré qué puedo hacer para ayudar. ¿Hay algo en el club que no pueden encontrar esos policías?
—Sí —contesto viendo como cada vez están más cerca.
—¿Dónde?
—En el almacén.
Zane exhala una gran bocanada de aire y cierra los ojos durante unos segundos antes de soltarme el brazo.
—Los distraeré durante el tiempo suficiente para que puedas sacarlo por la parte trasera —dice justo cuando Harvey aparece en mi campo de visión.
—Zane —lo saluda.
—Harvey, tío, ¿cómo estás? —responde mi compañero con su habitual sonrisa torcida—. ¿Te pongo una cerveza?
—No. —Me mira a mí y tuerce el gesto—. ¿Está Brooke? Tengo que hablar con ella.
—Se fue hace un rato.
Mientras ellos hablan, me retiro intentando no levantar sospechas.
—Llámala, hemos venido a hacer una inspección — informa el poli antes de que esté lo bastante lejos como para que no pueda escucharlos.