Viejos demonios

Barry Eisler · Capítulo 27 de 51

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Viejos demonios

Capítulo 26

 

Recibió la llamada de Rick una hora después de su reunión con la teniente Strangeland.

—Con la policía no he podido sacar nada nuevo —dijo—. Hay una testigo que cree haber visto a un vagabundo en el aparcamiento donde, según indica el rastro del teléfono móvil, secuestraron a Hope Jordan y a su hijo. Según ella, era blanco y llevaba capucha. Es todo lo que recuerda. De hecho, ni siquiera se ha podido hacer un retrato robot. Tampoco hay grabaciones de seguridad.

—¿Ni pruebas forenses?

—Fibras de tejido y poco más. Parece que el agresor usó condón y limpió con lejía el interior del coche.

Aquello no la sorprendió.

—¿Y eso te suena a delito cometido por impulso?

—No, desde luego. He estado informándome sobre ese tal Bomba, porque sobre el otro no he encontrado nada en Internet. Los dos son veteranos de las fuerzas especiales. Esa gente recibe una instrucción muy arcana que incluye secuestros y cosas así. Bomba, supongo, debe de tener una coartada con los actos de campaña de California, pero el otro, Culebra, parece un fantasma. ¿Sabías que estuvo casi siete años en Leavenworth por un delito sexual cometido en Irak?

No le sorprendió que Rick hubiese dado con el modo de averiguarlo.

—Sí, sí lo sabía.

—¿Y crees que fue Culebra?

—No tengo la menor duda.

—¿Y me puedes decir cómo estás tan segura?

Ella pensó en Little. Si Rick hablaba de Culebra o de Bomba a los contactos que tenía en la Sección de Homicidios de Portland, aquel asunto podía tomar un rumbo que ni siquiera se había parado a considerar. Se destaparían muchas cosas, como, quizá, los dos muertos de las inmediaciones de Campo y, tal vez, el del cementerio. No estaba preparada para hacerles frente, al menos por el momento. Además, ¿qué podía hacer en realidad con aquella información la policía de Portland? ¿Emprender una investigación contra un diputado del Congreso que, encima, era hijo del vicepresidente por algo que les había contado una agente de Seattle?

—Todavía no —respondió—. Primero necesito un poco más de tiempo, pero me alegra que lo sepas, por si acaso.

—No digas eso.

Livia dudó un instante y, a continuación, reparó en que, si esperaba más, acabaría por inventar motivos para no hacerlo; de modo que dijo con rapidez:

—Escucha, Rick. No es por ser macabra, sino solo prudente, pero, si me pasa algo, puedes ponerte en contacto con un tío llamado Mark Fallon que vive en Bangkok.

—¿En Bangkok?

—Sí, en Bangkok. Puedes encontrarlo en Internet. Busca Mark Fallon, visitas y recorridos turísticos. Mark Fallon, con k y con dos l. Él te contará más cosas.

Nunca había querido cerrar aquel círculo, pero, en cuanto lo dijo, se sintió mejor. Si le ocurría algo, Fallon informaría a Rick de lo que le había contado y Rick encontraría el modo de hacer pagar a Bomba y a Culebra.

Si es que no los encontraba antes Little.

—Livia, tienes que contarme lo que está pasando.

—Ya lo he hecho, y te contaré más, te lo prometo, pero todavía no puedo hacer que os impliquéis en esto conmigo, ¿vale? Deja que investigue a Bomba y a Culebra a mi manera.

—Ese tal Culebra anda huido. ¿Cómo sabes…?

—Necesito solo cuarenta y ocho horas, ¿vale? —Se abstuvo de decir que solo tenía ese tiempo, porque, al fin y al cabo, era lo mismo.

—¿Por qué? ¿Cómo lo sabes?

—Tienes que confiar en mí, Rick. De todos modos, ¿qué iban a poder hacer los tuyos? Tú mismo has dicho que Bomba tiene coartadas para dar y regalar, por no hablar de un padre dispuesto a hacerle la vida imposible a cualquier poli local al que se le ocurra siquiera mencionar su nombre en conexión con Hope Jordan y su hijo, y Culebra no aparece en las bases de datos. Créeme, que lo he comprobado. Si les das su nombre a tu gente, los pondrás a buscar a un fantasma… si es que llegan a mirar algo. Lo que necesito es averiguar cuál puede ser su próximo movimiento. ¿Has hablado con la periodista, Matlock?

—Sí.

Livia sintió una oleada de esperanza, aunque no podía descartar que fuese más bien desesperación.

—¿Qué te ha dicho?

Hubo una pausa.

—Creo que deberías hablar tú misma con ella.