Viejos demonios

Barry Eisler · Capítulo 49 de 51

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Viejos demonios

Capítulo 48

 

 

El reposo que le habían prescrito a Sherrie Dobbs se debía a la preeclampsia —hipertensión durante el embarazo— y, cuando Livia dio con ella, había evolucionado ya a eclampsia. La placenta se había separado del útero antes del parto y había seguido sangrando después de alumbrar. De haberla atendido un poco más tarde, habría muerto.

Pero no fue así: vivió, y su hija, también.

El día que siguió a su suplicio, su marido y ella ofrecieron, desde la cama de hospital que ocupaba en Palm Springs, una rueda de prensa en la que lo contó todo: que el diputado Kane la había violado en el instituto y que mientras lo hacía la había obligado a oír una canción que, más tarde, había incluido en el anuario para mofarse de ella —y de Hope Jordan y Noreen Prentis—; que había hablado con Hope después de la desaparición de Noreen y que ambas tenían mucho miedo, y que el otro hombre al que habían detenido, Stephen Spencer, por mal nombre Culebra, la había secuestrado en su domicilio después de asesinar al jefe de policía de Kanab, Tom Cramer, y la había llevado al lago Saltón. Dejó bien claro que estaba muy agradecida a Livia Lone, inspectora de la policía de Seattle, y a B. D. Little, investigador de la Agencia de Seguridad Nacional, por haber arriesgado la vida y por salvar la suya propia y la de su bebé recién nacido.

También dio las gracias a otro hombre. Nadie sabía su nombre ni lo que estaría haciendo en las costas ponzoñosas del lago a las tres de la madrugada. Sherrie Dobbs, además, había sufrido delirios y no recordaba gran cosa de él, pero lo cierto es que se había presentado en el momento preciso para ayudar a la inspectora Lone a traer al mundo a la pequeña de Sherrie y luego llevar a la madre y a la hija al hospital. La prensa se refería a él como el Buen Samaritano y lo instaba a hacer pública su identidad para que pudiesen brindarle el reconocimiento que merecía por su heroísmo.

La aparición de aquella mujer resuelta relatando junto con su servicial marido y su hija recién nacida un relato tan pavoroso desde su cama de hospital poseía un atractivo espectacular para ser televisada. Livia vio la declaración en las cadenas por cable y supo que, pese a todo su poder y sus conexiones, Bomba no tenía nada que hacer.

Paradójicamente, mientras ella compartía su experiencia, Culebra y él recibían tratamiento en el mismo hospital. Culebra tenía los brazos rotos, un hombro dislocado, la pelvis fracturada, una rodilla destrozada y desgarro en ambos testículos. Con el tratamiento fisioterapéutico adecuado, algún día podría llegar a alimentarse por sí mismo. En cambio, no podría volver a andar sin dolores. En cuanto a Bomba, aparte de un par de heridas más superficiales, presentaba rotura de ambos globos oculares. Tendría que someterse a numerosas operaciones, pero los médicos confiaban en que pudiese conservar cierto grado de visión en al menos uno de ellos.

Little y Livia habían hablado aquella noche en el hospital y él le había contado que se había montado encima de Bomba y había conseguido meterle los pulgares en los ojos. El diputado era más joven y fuerte que él y sabía artes marciales y todo eso, de modo que, a raíz de la refriega, el agente especial no había podido menos de atribuir el resultado a un acceso de ferocidad nacido de toda una vida de odio y rabia contenidos. No obstante, al considerarlo más tarde, se preguntó si de verdad su oponente se había esforzado al cien por cien en el combate. Quizá se debiera a la bebida, aunque Little tenía la sensación de que, por cualquier motivo, había algo en su interior que se había dado ya por vencido.

—Ah, casi se me olvida. —Metió la mano en la bolsa que llevaba y sacó algo envuelto en la camisa ensangrentada de Carl—. Tu cuchillo. Es lo único que tenía para envolverlo. Antes de salir de allí registré los cadáveres. No me costó encontrarlo: este trasto es inconfundible. De todos modos, es tuyo.

Livia regresó a Seattle. Había llamado a Strangeland y la teniente le hizo saber que más le valía presentarse de inmediato ante Best, que estaba que se subía por las paredes. Así, al día siguiente, se encontró de nuevo en el despacho de la jefa, con sus vistas, sus fotografías y sus atenciones. Ocuparon los mismos asientos que la vez anterior y, tras un breve intento de que fuese la inspectora quien empezara a hablar, tuvo que romper Best el silencio diciendo:

—Cuando le dije a Strangeland que tenías cuarenta y ocho horas para aclararlo todo no estaba pensando precisamente en esto.

—Yo tampoco, la verdad.

La jefa sonrió con gesto tenso.

—La última vez que hablamos fue sobre la emboscada que te tendieron en la academia de artes marciales y el misterio de los tiradores muertos delante de tu casa. Comparado con esto parece casi una tontería, ¿verdad?

Livia no respondió.

—Tienes suerte de que Sherrie Dobbs se haya convertido en toda una atracción televisiva. He oído que va a aparecer en todos los programas de éxito. De hecho, están saliendo otras mujeres que quieren denunciar. Hasta algunas de las mujeres de Irak han roto su silencio. Es imposible que Bomba salga de esta. El FBI está investigando también a su padre. Se va a montar todo un circo.

—Bien.

Best soltó un suspiro.

—¿No tienes nada que contarme, inspectora Lone?

—No sé muy bien a qué s…, a qué te refieres, Charmaine.

—Pues, por ejemplo, algo relacionado con los seis hombres de la playa, sin ir más lejos; los que fueron abatidos a balazos… por alguien con un fusil de largo alcance.

—Eso tendrán que aclarárnoslo el FBI, que son quienes se encargan de la investigación por su condición interestatal.

—Supongo que tu postura será idéntica respecto de los tres que mataste en el tiroteo de Kanab…

—No tengo ni idea de quiénes eran, aunque espero que lo averigüe el FBI.

—¿Y sabes qué pudo provocar la explosión que detuvo el vehículo de Culebra Spencer? En la comisaría del sheriff del condado de San Diego creen que se trataba de algo así como un dron en miniatura.

—Ojalá lo supiera. Eso sí, fuera lo que fuese, me alegro de que lo parara.

—Y ese Buen Samaritano, ¿crees posible que sea la persona que mató a los seis hombres de la playa?

—Supongo. Desde luego, me alegro de que se encargara alguien de ellos.

—Parece ser que quien lo hiciera fue también el que dejó lisiado al señor Spencer. Todo un tirador de precisión: seis disparos en la cabeza… y el séptimo le da en la rodilla. ¿Por qué?

—Nadie es perfecto, imagino.

Best volvió a mostrarle la misma sonrisa tensa. Livia estaba tan agotada que ni siquiera se desconcertó. Si la jefa quería su cabeza, dejaría que lo intentara y hasta que lo consiguiese. Había salvado a Sherrie Dobbs y lo demás, en realidad, le daba igual.

—Van a concederte una medalla al valor por esto y, viendo la repercusión que está teniendo la historia de Sherrie Dobbs, quizá hasta te hagas famosa. ¿Qué te parece?

Lo cierto era que le parecía horrible. Detestaba recibir tanta atención, por no hablar del miedo que le provocaba. A Best, sin embargo, no podía decirle algo así, porque tal vez quisiera usarlo en su contra de un modo u otro. Como su imaginación estaba condicionada por sus ambiciones políticas, quizá pensara incluso que mentía y se sintiera más amenazada por ello.

Por consiguiente, se limitó a responder:

—En este momento, me conformo con saber que Sherrie Dobbs está a salvo… y que su hija está bien. Ojalá el FBI consiga averiguar lo que fue de todas esas adolescentes.

Best dejó su café en la mesa y la inspectora lo tomó como una señal para ponerse en pie. Su superior hizo otro tanto y la acompañó a la puerta. Tenía la mano apoyada en el pomo cuando se detuvo, como si quisiera decir algo y no supiese cómo. Tras un instante, miró a Livia y lo soltó:

—Yo también me alegro por Sherrie Dobbs, por su hija y por todo lo demás. Has hecho un buen trabajo, Livia.

Aquello le sorprendió tanto que hasta se sintió un poco emocionada.

—Gracias, Charmaine.

Aquel instante, sin embargo, desapareció enseguida y Best volvió a erguirse y abrió la puerta.

—Pero ándese con cuidado, inspectora Lone, porque pienso estar muy pendiente de usted. No lo dude.