Viejos demonios
Capítulo 49
Después de salir del despacho de la jefa, Livia subió por las escaleras a la quinta planta, Homicidios y Delitos Sexuales. Cuando entró en la zona de cubículos, dos de los policías que había sentados en sus escritorios se pusieron de pie para aplaudir, lentamente y al unísono. Ella, ruborizada, siguió caminando mientras otros compañeros se unían a aquel homenaje. Livia les hizo un gesto de asentimiento, porque habría sido poco respetuoso no agradecer aquella acogida, aun cuando, en realidad, lo único que quería era estar sola.
Entonces la abordó Suzanne Moore, otra inspectora de delitos sexuales que, como Donna, se había propuesto protegerla desde hacía mucho. Posando una mano en el hombro de Livia, se acercó más aún y le susurró:
—Joder, qué orgullosa estoy de ti.
Ella siguió adelante. Llegó al despacho de Strangeland y cerró la puerta. Así, gracias a Dios, cesó el aplauso. La teniente rodeó su mesa y la miró.
—¿Estás bien?
Livia asintió.
—Con una conmoción cerebral, pero bien.
Strangeland guardó silencio. Aunque, evidentemente, al preguntarle no se refería a la herida de la cabeza, no insistió.
—¿Has hablado con la jefa?
—Sí. Yo diría que tiene… sentimientos encontrados.
La teniente se echó a reír.
—Lo que está es muy confundida. Te tenía por una amenaza y ahora se está preguntando si Livia Lone, heroína del cuerpo de policía de Seattle, no podrá convertirse en una adquisición para su carrera política. Probablemente le preocupe que puedas ser ambas cosas.
Livia la miró a los ojos.
—Me da igual ser una amenaza para Best, pero sí quiero ser una adquisición para ti. Siento todo lo que ha pasado, teniente. Te he puesto en una situación muy complicada.
—Estabas haciendo lo que tenías que hacer, Livia. Nunca te he pedido que hicieses otra cosa.
—Gracias.
—Eso sí, la próxima vez preferiría que me tuvieses informada. Extraoficialmente, claro.
La inspectora soltó una carcajada. Al ver que había eludido la situación tan complicada en que creía que se vería envuelta, había cancelado y borrado el correo electrónico que, de lo contrario, se habría enviado de forma automática a su superior inmediata. Aun así, pensaba que podía revelarle una parte, aunque solo eso.
—¿Café? —preguntó Strangeland—. ¿Qué me dices?
—¿Starbucks?
—No, no vaya a ser que nos encontremos con el tío aquel que te tiró la caña. Vamos al sitio ese que te gusta a ti, el Caffè Vita. Invito yo.
Livia sonrió.
—Trato hecho.
—¡Ah! Otra cosa, pero esta vez no es una propuesta, sino una orden.
La inspectora aguardó y su superior dijo a continuación:
—Vas a irte de vacaciones, pero de vacaciones de verdad. No te quiero ver cerca de Seattle ni con nada de trabajo. Me da igual que para eso tengas que estar sedada todo el tiempo, pero vas a tomarte unos días. ¿Me has entendido? No lo digo solo porque vayas a tener que darte de baja administrativa obligatoria y sufrir otra investigación por posible abuso policial, cosa que me sigue pareciendo increíble, sino porque lo necesitas y esta vez vas a hacer lo que te diga.
Livia pensó en Carl y dijo:
—Creo que sí, que me irán bien unas vacaciones.