Viejos demonios
Agradecimientos
Gracias al Legislative Drafting Institute for Child Protection («https://ldicp.org»), organización que merece el apoyo del lector por una labor de la que estaría orgullosa Livia. Un modo muy sencillo y eficaz de colaborar con dicho organismo es a través de AmazonSmile. Es fácil darse de alta en este servicio y hacer que Amazon done un 0,5% de nuestras compras al LDICP (o cualquier otra organización benéfica que elijamos).
Gracias a la antigua fiscal Alice Vachss por Sex Crimes: My Years on the Front Lines Prosecuting Rapists and Confronting Their Collaborators, obra a la que no dejo de recurrir para esta y otras novelas de Livia Lone.
Gracias también a Andrew Vachss, defensor de la infancia y novelista, entre otras cosas por la extensa relación de recursos que ha elaborado y que tanto me ha servido a la hora de documentarme para la serie de Livia Lone.
Gracias a Daniel N. Hoffman, agente retirado de los servicios clandestinos de la CIA y antiguo responsable de puesto de operaciones de dicho organismo (entre otras cosas), por sus consejos, tan fascinantes como útiles, sobre la labor de espionaje en el frente y sobre las exigencias de «atacar para informarse» e «informarse para atacar».
Gracias a Mike Killman por compartir sus conocimientos y su experiencia en lo tocante a los periodos de servicio en ultramar y en territorio nacional, información que Fallon pudo hacer llegar a Livia a continuación y resultó indispensable a la hora de resolver el caso.
Gracias a Randy Sutton, veterano de las fuerzas del orden con treinta y tres años de experiencia, por su consejo, siempre valioso, sobre todo lo relativo a la policía… y por la labor crítica que ejerce desde la fundación The Wounded Blue a fin de denunciar la falta de apoyo que sufren los agentes estadounidenses que han sufrido heridas.
Gracias a Dan Levin por ayudar a Livia y a Little a alquilar un avión de forma segura, rápida… y precisa.
Gracias al doctor Peter Zimetbaum y a la enfermera Lindsay Harris por negarse a dar parte a las autoridades sobre mis preguntas… digamos poco convencionales sobre anatomía, que en el caso de Peter se remontan a aquel: «Oye, ¿sería posible provocar un cortocircuito a distancia en un marcapasos?», de mi primera novela. Recuerde el lector que lo hacen en Homeland y que hasta el vicepresidente Cheney se mostró preocupado por dicha posibilidad en la vida real, pero Rain se adelantó a los dos.
Si los pasajes de violencia de mis novelas poseen veracidad es gracias a muchos instructores como Massad Ayoob, Tony Blauer, Alain Burrese, Loren Christensen, Wim Demeere, Dave Grossman, Tim Larkin, Marc MacYoung, Rory Miller, Clint Overland, Peyton Quinn y Terry Trahan. Recomiendo encarecidamente sus magníficos libros y sus excelentes cursos a quien quiera andar más seguro por el mundo o transmitir más realismo en sus escenas violentas.
Gracias también, como siempre, al grupo extraordinariamente ecléctico de «comidistas con problemas de violencia» que se reúne en el No Nonsense Self-Defense de Marc Mac Young (Animal) y Dianna Gordon MacYoung por su buen humor, su amistad y su monumental perspicacia, sobre todo en lo que se refiere a los costes reales de la violencia.
Gracias a Phyllis DeBlanche, Wim Demeere, Grace Doyle, Alan Eisler, Montie Guthrie, Meredith Jacobson, Lori Kupfer, Laura Rennert y Paige Terlip, por los valiosos comentarios que hicieron a la redacción original. Mis disculpas a Montie por no haber incluido escenas de amor en esta novela, porque son sus favoritas y jamás le causan daños psicológicos. Gracias sobre todo, una vez más, a Mike Killman, que nunca deja que me duerma en los laureles a la hora de crear escenas de acción espectaculares y correctas desde el punto de vista táctico y, en general, por sus comentarios editoriales fascinantes y prolijos.
Gracias sobre todo a mi esposa y agente literaria, Laura Rennert, por sus alucinantes aportaciones diarias y por hacer tanto por mejorar estos libros en todos los aspectos. Sepan todos los que se alegran de la rapidez creciente con que se suceden mis libros que se lo debemos precisamente a ella. Gracias, nena, por todo.