Viejos demonios
Capítulo 29
Livia estaba al teléfono con Sherrie Dobbs, quien, como le había asegurado Grace Jordan, estaba aterrorizada.
—Mire, Grace me ha dicho que le inspira usted confianza y se lo agradezco mucho, pero, si no me ha llamado para decirme que arrestará a Bomba Kane, ¿le importa decirme qué puede hacer por mí?
—Es que no se trata solo de Bomba —repuso Livia—, sino de un compañero suyo de trinchera, un tal Stephen Spencer, al que, al parecer, llaman Culebra, que no tiene domicilio fijo y al que no hay manera de encontrar en este momento.
—Pues peor me lo pone.
—De todos modos, no puedo detener a nadie sin pruebas sólidas y no puedo tener pruebas sólidas si no habla nadie conmigo.
—¿Y de qué hay que hablar? Grace ya le ha contado todo. Bomba me violó estando en el instituto, igual que a Noreen y a Hope, y ahora nos está matando para que no contemos qué clase de monstruo es.
—¿Ha pensado en denunciarlo públicamente?
—Pues claro, pero mire lo que le pasó a Noreen. Recibió amenazas de muerte y tuvo que esconderse, pero Bomba la mató igualmente.
—Hope, sin embargo, se mantuvo callada.
—¡Y Noreen no!
—Ya lo sé. Lo que intento decirle es que, aunque no puedo saberlo con certeza, tengo la impresión de que, después de que Noreen lo acusara en público, Bomba decidió que no quería arriesgarse a que Hope corroborase la historia contando la suya propia, de modo que simuló un robo de coche con violencia que acabó degenerando en violación y asesinato.
—Si lo que intenta es tranquilizarme, que sepa que no lo está consiguiendo.
—Lo que quiero es que consiga ver algo que pueda haber pasado por alto. Creo que Bomba llegó a la conclusión de que podría soportar cualquier conjetura que pudiese surgir sobre la «coincidencia» de la muerte de Hope, pero decidió que sería arriesgarse demasiado esperar a que pudiera hablar con la prensa. Si no me equivoco, cabría esperar que aplicase con usted la misma lógica; es decir, que el hecho de que todavía no haya dicho nada la está poniendo ahora en un peligro mayor.
—«Un peligro mayor»; o sea, que, de todos modos, corro peligro.
Livia no podía negarlo, así que optó por no decir nada. Tras una pausa prolongada, Dobbs añadió:
—Usted no lo entiende. Ni siquiera le he contado a mi marido lo que… lo que me hizo Bomba. Lo que nos hizo a las tres. Estoy embarazada de ocho meses y acabamos de comprar una casa nueva. El médico me ha dicho que tengo que guardar reposo absoluto. Ni siquiera puedo ayudar en la panadería. Lo está haciendo todo mi marido y nos las estamos viendo negras para llegar a fin de mes. ¿Tiene la menor idea de lo que pueden suponer para nuestra vida todo el circo mediático, las acusaciones y las amenazas de muerte?
«Mejor una amenaza que la muerte», pensó Livia. Sin embargo, no pretendía superar en argumentos a la mujer, sino solo persuadirla.
Y protegerla.
—Lo entiendo.
—Lo dudo.
A su pesar, Livia sintió cierta irritación ante el comentario.
—No me conoce —dijo lentamente—. Si me conociera, sabría que sí la entiendo.
Una pausa.
—Lo siento —dijo Dobbs al fin.
—Por lo menos, déjeme que vaya a verla con mi compañero, un agente de Seguridad Nacional.
—¿Para qué?
—De entrada, podríamos darle consejos de seguridad. Además, si pudiese darme más información sobre Bomba, me ayudaría a preparar el material necesario para detenerlo.
—¿A detenerlo por la violación de unas niñas de instituto hace veinte años de la que nadie quiere oír hablar porque Bomba es un héroe de guerra y su padre es el vicepresidente de la nación?
—¿Y por qué da por hecho que intento llevarlo a juicio por lo que hizo hace veinte años?
Otra pausa larga.
—¡Dios mío!
—En efecto, Sherrie. Los violadores no dejan de hacer de las suyas por sí mismos: necesitan que alguien les pare los pies.
Se dio cuenta de que su tono se había encendido más de lo que había deseado. «Tranquila —pensó—. Tranquila».
—Por lo tanto, lo único que queda por resolver —siguió diciendo— es si piensa dejar que trate de pararle yo sola los pies a Bomba o puedo contar con su ayuda.
Tras un nuevo silencio prolongado, Sherrie respondió:
—¿Cuándo puede usted venir?