Cuatro hermanas
Capítulo 16
Ahora, años después, sentado a la luz de la luna en el cementerio de Shawano, Matthew pensó en Callie, que estaría esperándolo en casa, quizá despierta en la oscuridad, esperando oír sus pasos; esperando, siempre esperando, con la cena preparada y la cama caliente, aun sabiendo que él no siempre llevaba su corazón a casa. Ella debía de saberlo. No todo, pero sí lo suficiente para que le hiciera daño. Sin conocer hechos ni nombres, supo lo de Charlotte, y por ello lo siguió al bosque aquella noche. Así nació Mathy. Mathy era la hija de Charlotte. Pero Callie la había engendrado, ahorrándole a Charlotte —y a Matthew— el problema.
Lo había salvado más de una vez con su lealtad y paciencia. Él se sentía agradecido, y también un poco resentido. A veces un hombre no quiere que lo salven. Pero él siempre acababa por desearlo realmente. A pesar de todo lo que le hacía a Callie, no podía vivir sin ella, ni tampoco quería.
—La amo —dijo, deseando tristemente amarla sólo a ella.
No lo había conseguido, y probablemente no lo conseguiría jamás. Las muchachas llegaban año tras año; cada otoño traía una nueva cosecha, muchachas dispuestas ante sus ojos, madurando para su disfrute. Y, con pena, pensó, comería de la manzana todos los días de su vida.