Cuatro hermanas
Capítulo 5
Estuvo muy callada durante la cena y se mostró firme respecto a pagar su parte.
—Bueno, si lo prefieres así… ¿Qué quieres hacer ahora? —preguntó él.
—Si no te importa, me gustaría volver al apartamento.
—¿No quieres pasear en coche un rato?
—No, gracias.
—¿Qué te pasa esta noche? ¿No te sientes bien?
—Muy bien. Sólo que creo que debo empezar a hacer el equipaje. He decidido irme a casa mañana.
—¡Mañana! Pero si todavía te quedan dos noches.
—Ya lo sé, pero creo que ya he estado aquí demasiado tiempo.
—Ellos creen que vas a estar fuera una semana. ¿Qué vas a decirles?
—Les diré que he cambiado de opinión.
—Me siento desilusionado, tía Linnie. Creía que nos lo estábamos pasando muy bien.
—Y es cierto…
—Entonces, ¿por qué quieres marcharte?
—Creo que ya he estado fuera suficiente tiempo.
—Pueden arreglárselas muy bien sin ti, y lo sabes. ¿Qué te pasa, no te gusta esto?
—Sí, pero…
Dibujó una línea en el mantel con el dedo pulgar.
—¿Qué he hecho mal?
—Nada. Excepto…
—¿Excepto qué? —inquirió él.
—¡Bah, nada! —replicó ella, apoyando firmemente las manos en el regazo—. Has sido muy amable.
—Entonces, ¿por qué te vas? Por Dios, tía Linnie, lo único que haces es huir de la gente.
—¡Yo no estoy huyendo!
—¿Estás segura de eso?
Ella lo miró sorprendida. Ed la estaba contemplando con una expresión extraña. Sonreía. Y estaba tan guapo, tan seguro de sí mismo, y ella estaba tan loca por él… Enrojeció con furia y bajó la cabeza.
—Eso es todo lo que quería saber —dijo él—. Tú quieres irte a casa mañana tan poco como yo.
—¡Cállate! —exclamó ella, echándose a llorar.
—Vamos.
La acompañó al coche y pasearon largo rato en silencio. Leonie estaba acurrucada en su asiento. Se moría de vergüenza, pero no podía dejar de llorar. Por fin se detuvieron.
—Querida… —dijo él poniéndole la mano en el hombro.
—¡No me toques!
—Me gusta hacerlo.
—No te lo permitiré… ¡Te odio!
—No, no me odias. Y yo no te odio a ti. ¿No podemos admitirlo, tía Linnie, sin hacer una gran tragedia? ¿Qué hay de malo en eso?
—¡Eres el marido de mi hermana!
Hubo una breve pausa.
—Ya no —dijo él en voz baja.
—Oh, ¿cómo puedes portarte así? —gritó, volviéndose hacia él—. Eres una persona horrible, ¡sólo hace un año que ha muerto!
—Ha sido un año muy largo.
—¡No comprendo cómo has podido olvidarla!
—No la he olvidado. Y nunca lo haré. Pero se ha ido, Leonie, y yo no puedo hacer nada para remediarlo.
—Podrías esperar un poco. Ya has estado con otras chicas, con una tal Billy… ¡Ah, te conozco, Ed! Pero creía que tenías más decencia… ¡cortejar a su propia hermana!
—¡Oh, Dios! —exclamó él—. ¿Es eso lo que piensas que estoy haciendo?
—Todas esas palabras bonitas diciéndome que era guapa… Estás haciendo conmigo lo mismo que con las demás, y crees que voy a caer como ellas. ¡Bueno, pues yo no soy igual! No voy a seguirte el juego. ¡No soy Alice Wandling!
—¡Ella otra vez! —dijo él riendo—. Por Dios, tía Linnie, nadie podría acusarte nunca de eso. Tú eres precisamente todo lo que ella no era. Menos bonita, tú lo eres mucho más.
—¡Cállate!
—Eras la chica más guapa de la escuela, pero tan seria que nadie te hacía caso. Bueno, pues yo sí te lo hago ahora. Y por si te interesa saberlo, me importas mucho.
—¡Eso no es más que una mentira!
—No —repuso él con calma—, no creo que lo sea. Estoy hablando en serio, y no sé exactamente por qué. Tal vez porque te muestras tan tonta respecto a todo lo que importa. Y, cariño, ¡cómo me gustaría enseñarte las cosas que importan! Quizá serías un poco lenta en aprenderlas, pero una vez lo hicieras, ¡cuidado! Vosotras las vírgenes dais todo lo que tenéis. Bueno, tal vez eso es lo único que deseo, tal vez sólo deseo… corromperte, porque eres inocente y pura. Quizá sólo sea eso. Pero no lo creo. Eres una chica dulce y buena, tía Linnie, y, para serte sincero, creo que te amo.
—Pero ¡eres mi cuñado! —gritó ella.
—¡Oh, vamos! Nunca he sido como un hermano para ti…, no me hubieras aceptado como a un hermano. Yo no era lo bastante bueno para eso. Así que puedes dejar de actuar como si se tratara de un incesto. Escucha, cariño —dijo—, quise a tu hermana y todavía la quiero. Pero ha muerto, y en cierto modo también ha muerto el muchacho que se casó con ella. Lo que me queda de él es algo como un primo lejano. No siempre lo reconozco, pero lo conoceré mejor a medida que pase el tiempo. Tal vez incluso llegue a gustarme, y creo que a ti también te podría gustar, si pensaras en él de esta manera. Él te quiere —murmuró con suavidad.
—¡Él cree que me pondré en ridículo!
—Oh, no, no es cierto. A veces te pones tonta, pero no ridícula. Eres demasiado obstinada. Y en cierto modo, eso me gusta, me gusta la manera en que persigues las cosas, las cosas equivocadas. ¿Por qué no me persigues a mí? Me casaré contigo, tía Linnie.
—Oh… —gimió ella—. ¿Cómo podría casarme con alguien que me llama tía Linnie?
Él se echó a reír y la atrajo hacia sí.
—¡No! —exclamó Leonie, apartándolo—. Si fueras el único hombre de la tierra y yo deseara casarme contigo, ¡no lo haría por mi padre! ¿No le has hecho ya bastante daño? ¡¿Cómo puedes pensar en hacerle aún más?!
—No quiero causarle daño alguno —dijo él—. Y él me aprecia más que en el pasado.
—No lo creo. Y tampoco creo que mi madre se alegrara. No me importa lo que ellos piensen de mí, no me importa. Quiero a mis padres, ¡y no voy a hacerles esto!
—¿No lo harías aunque me quisieras mucho?
—No.
—¡Por Dios!
—Deja de jurar. Lo haces continuamente.
—Es una forma de rezar. Leonie…, eres o masoquista o supersticiosa.
—¡No lo soy! ¿Qué quieres decir con eso?
—Una persona que renuncia a su propia felicidad, o bien disfruta mucho con eso, o bien cree que va a conseguir algo de esa renuncia.
—Bueno, pues yo no disfruto.
—Entonces debes de pensar que conseguirás algo.
—¡No sé de qué estás hablando!
—¿Por qué crees que la gente hace sacrificios a los dioses? ¿Por qué se azotan con espinas o llevan un cilicio? Porque creen que con eso van a conseguir algo. No es más que interés. Así que no creas que me sacrificas a mí por amor a ellos…, lo estás haciendo por ti misma, para que ellos crean que eres una buena chica y te condecoren con una estrella. Cariño, ¿no preferirías ser feliz?
—Seré feliz, tú no eres el único hombre del mundo.
—También les encontrarás defectos a los otros. Con el camino que llevas, les dedicarás tu vida y descubrirás que si no lo hubieras hecho no te apreciarían menos. Y no creas que puedes obligarles a hacerlo, no lo conseguirás. Deberías saber que, cuanto más te esfuerces, más se resistirán ellos. Es así, Leonie, y deberías enfrentarte a ello.
—De acuerdo entonces; me enfrentaré.
—Vas a actuar a tu modo, ¿verdad? Está bien, Leonie, vete a casa mañana. Regresa aprisa a tu castidad, pobreza y obediencia, y sé su hijita buena. Pero mientras te estés portando bien, recuerda esto.
La sujetó por la espalda contra el asiento y la besó. Luego la rodeó con los brazos y la retuvo hasta que ella dejó de resistirse.