Cuatro hermanas

Jetta Carleton · Capítulo 41 de 54

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Cuatro hermanas

Capítulo 9

 

Pocos días después del funeral, a Callie la invadió un extraño silencio. Después de su primer estallido de dolor había resistido con valentía, algo consolada por la presencia de Jessica y de Leonie. Compartir la pena los ayudó a todos. Pero luego llegó el silencio. Cuando le hablaban, parecía no oír, y se pasaba largos ratos leyendo la Biblia con la cabeza inclinada y los dedos recorriendo las líneas. Todos intentaban consolarla, pero las pocas veces que ella los miraba, lo hacía desde una gran distancia, como si no pudiera distinguirlos en su horizonte. Vagaba por el patio sola escudriñando los arbustos. A veces salía al jardín y permanecía entre las plantas olvidando para qué había ido allí.

Los demás la observaban a escondidas, temerosos de que cometiera alguna imprudencia. La seguían discretamente. Un día se les escapó y no se dieron cuenta hasta al cabo de mucho rato. Frenéticos, la buscaron por la casa, por el granero y por los bosques. Jessica la encontró por fin en la Vieja Chimenea, donde Mathy solía jugar. Estaba sentada en el hueco de los antiguos cimientos, oculta entre los matorrales y hierbas que crecían alrededor. Y hablaba sola en voz baja.

—¿Mamá? —dijo Jessica con voz débil y tímida.

Callie siguió murmurando y Jessica vaciló, pensando que podría ser peligroso interrumpirla. Sólo oía una palabra de vez en cuando, pero le pareció que su madre estaba hablando con el Señor y que se detenía a veces esperando una respuesta, como si ella y Dios estuvieran conversando. Al cabo de unos minutos, Callie quedó en silencio abrazándose las rodillas y mirando al suelo.

Jessica estaba a punto de hablar cuando su madre alzó la cabeza y dijo claramente:

—¿Dónde debía de estar aquella gallina vieja?

Y se echó a reír con regocijo. Luego se levantó, se sacudió el polvo y se alejó. Jessica se retiró sin hacer ruido y la dejó marcharse; la siguió hasta casa, convencida de que su madre había perdido el sentido.

Pero en lugar de eso, Callie pareció haberlo recobrado. Desde aquel momento cambió por completo. Su mirada se aclaró como el cielo después de una tormenta y volvió a ser la misma de siempre. Aunque a veces hablaba de Mathy y se echaba a llorar, expresaba su dolor de una manera natural, y éste fue transformándose poco a poco en la tristeza serena que todos debían soportar.

Matthew no le reprochó jamás que hubiera consentido aquel matrimonio ni tampoco su fe en Ed. No hacía falta ningún «Ya te lo dije».