La canción del bisonte
8. La altiva
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La altiva
Ababol crecía esbelta y mimbreña. Allá donde iba era bien recibida, porque era la hija de la Guardiana de la Diosa y un día sería ella quien desempeñaría esos poderes, si tenía el don y llegaba a la edad. Jugaba con los otros cachorros, pero menos que ellos, ya que su fuego estaba separado de los demás del clan. Desde muy pequeña era una niña muy seria y comenzó a crecer con altivez y cierto despego.
Ova se percató y le puso inmediato remedio. Le afeaba con mucha gravedad su conducta y la castigaba. Durante toda una luna Ababol hubo de recoger cada día un brazado de leña y llevárselo a la matriarca de cada uno de los fuegos del monte de las Cinco Cuevas. Las madres sabían por qué lo hacía y, por indicación de la Guardiana, no le daban gracias ni le sonreían siquiera. Hasta que al acarrear la última brazada se juntaron todas, la acariciaron y le hicieron un regalo. Una pequeña bolsita hecha con la piel de invierno de un armiño.
Ova le dijo cuando se lo enseñó:
—Has ganado su afecto y mi perdón.
La besó y Ababol durmió feliz por vez primera en aquella luna.