Max & Suhail
132. Suhail
—¿De verdad quieres que me vaya? —preguntó, depositando un beso tras otro sobre mis labios.
Había aprendido a convencerme, ¡no soy de piedra!, pero en mi mente ya se había instalado una duda: ¿Hasta cuándo preferiría mi compañía en lugar de la de un chico normal?
132. Suhail
Amaba cada cosa que Max y yo hiciéramos juntos. Porque a pesar de que él no dejara de quejarse o preguntarse y preguntarme si estaba segura de querer estar juntos, lo amé. Lo amé y se lo demostré con cada diminuta parte de mi ser.
De verdad lo amé.
Sintiendo culpa, también he de admitir que no estaba segura sobre cuán mal o inseguro se sentía Max, él lo demostraba poco. Siempre dijo ser seguro de sí mismo y autosuficiente, motivo por el que, quizá, sin darnos cuenta, quienes le rodeamos no notamos cuántos cambios enfrentó en silencio, provocando estragos en él a nivel emocional. Y es que Max callaba y soportaba casi cualquier cosa con tal de no sentirse una carga.
—¿No vas a preguntar cómo me va en la universidad? —quise saber.
Negó con la cabeza.
—Sé que vas bien.
—No puedes estar seguro de eso.
—Vas bien, Suhail —dijo, seguro.
—A lo mejor todo me está saliendo mal esta semana.
Me dirigió una mirada cómplice.
—Lo dudo.
Siempre me pregunté de qué forma me veía Max.
—No soy perfecta, Max.
—Lo eres.
Quiero pensar que ese también fue un cumplido.
—Es demasiada carga para mí que digas eso.
Me obsequió con otra sonrisa y se mostró condescendiente.
—Incluso tus errores son adorables.
—Dices eso porque me quieres. —Mi corazón se estrujó. ¿Empezaba a ejercer demasiada presión sobre Max?—. Si es que me quieres...
Por suerte él no dudó en responder.
—Te quiero.
Era domingo y mirábamos fotografías sobre mi cama, Miranda nos había pedido acomodarlas en un álbum y qué bello es volver atrás. Aunque solo a veces, no siempre. Lo percibí al ver a Max muy pensativo esos días.
Nostálgico.
—¿Te has dado cuenta de que los dos en algún momento dudamos sobre los sentimientos del otro?
Él levantó la vista de la fotografía en su mano y me miró confuso.
—No...
—Sí. Tú también sueles preguntarme si de verdad te quiero. ¿Tú por qué tienes dudas? —quise saber.
«¿En serio quiero saberlo?»
Su semblante se suavizó.
—No dudo que me quieras —dijo.
—¿Entonces? —Esperé unos segundos más, sin embargo, Max no contestó. No de inmediato. Parecía estar pensando—. ¿No me quieres decir el porqué?
«Dime por qué».
—Es solo que no me termino de acostumbrar a que estemos juntos —dijo, en un tono que sonó a pregunta. Y aunque en ese momento acepté su respuesta... hasta hace poco supe que mintió. Ese no era el motivo por el que Max dudaba de mi amor.
—A mí también me cuesta creerlo —sonreí—. ¿Te acuerdas cuando...?
En ese momento el teléfono sonó, interrumpiéndonos. Max me alentó a contestar. Esa temporada también odiaba contestar el teléfono.
Al percatarme de que se trataba de mi grupo de voluntariado, mi ánimo se diluyó. No me gustaba que Max se sintiera mal cada vez que llamaban.
—Suhail, te extrañamos.
Ni siquiera quería mirar a Max.
—Otro día los acompañaré, lo prometo.
Había pasado demasiado tiempo entre protestas y amigos de la naturaleza, era hora de compartir con mi novio. No obstante, sentí la atención de Max dirigirse a mí al sospechar de qué trataba la llamada.