Max & Suhail

Tatiana M. Alonzo · Capítulo 4 de 146

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Max & Suhail

4. Suhail

—Exacto. Porque, y tu abuelo me lo decía siempre, para una mujer es importante sentirse bonita. Y si tú haces sentir bonita a una mujer, ella te lo agradecerá y también te hará sentir bonito —me explicó papá al mejor estilo de un padre de los años 90.

—¡A mí no me importa que Suhail no me haga sentir bonito! —Me crucé de brazos otra vez.

—Ahora no te importa, Max, pero créeme, un día te importará.

«Un día te importará». En ese momento no lo creí a papá.

—Prométeme que le pedirás una disculpa a Suhail —me pidió como un favor.

Dudé antes de responder, pero yo siempre hacía caso a papá. Aunque antes de contestar hice rodar los ojos:

—Está bien, le pediré una disculpa a Suhail.

Cuando estuve a solas me puse a jugar con mi colección de soldados.

—¡Bam! ¡BAM! Ataca un tanque al otro. —Los hice chocar

—. Rrrrrrrrrr. ¡Suena el motor de una avioneta antes de dejar caer una bomba! ¡BUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUMMMMMMMMM!

Entonces la miré. Ahí, frente a mi ventana... porque resultó que a Suhail le habían asignado la habitación con ventana de cara a la mía. Cuando ella se dio cuenta se puso a llorar por segunda vez y salió corriendo a llamar a su mamá. «¡Niñas!». No obstante, cuando regresó, en apariencia resignada, esperó a que yo la estuviera viendo para cerrar de golpe su ventana en mi cara.

«¡¿Qué?!» ¡Que se disculpe con ella la más vieja de su casa!

4. Suhail

Luego de convencer a mamá de plantar un árbol frente a mi ventana, me lavé, anudé en dos coletas mi cabello y saqué del armario mi vestido morado; el que tenía perlas, encajes y flores. Iba a visitar a las niñas del vecindario y quería verme bonita. Las invitaría a mi fiesta de té. Yo misma había hecho las invitaciones y decoré los pastelillos para el bufé.

Ya había visitado la tercera casa e iba hacia las que faltaban, cuando vi a Max... Como era su costumbre, se hallaba sucio y llevaba puesta su