Max & Suhail
5. Max
camiseta del Hombre Araña. Él siempre vestía camisetas de superhéroes.
Intentó ignorarme, pero yo decidí afrontarlo.
—¡No te voy a invitar a mi fiesta de té! —lo empujé.
Esperé a que se quejara y echara a llorar, pero se echó a reír en mi cara.
—Muchas gracias —dijo, cínico.
¿Cómo?
—¡No irás! —repetí—. ¡Y no me importará que tu mamá se lo pida a mi mamá!
Él me miró sobre el hombro:
—No se lo pedirá. Créeme.
Apreté los dientes.
—Habrá bufé de pastelillos rellenos de fresa, mantequilla y crema.
También helado y galletas.
Max puso los ojos en blanco:
—Y niñas —dijo—. Muchas niñas cursis y lloronas.
—Nos vamos a disfrazar de princesas —agregué para que se pusiera verde de la envidia—. Cintia de Blancanieves, Clara de Bella, Ana de Cenicienta... y yo de Ariel.
—Mmm. Bien. Adiós —me ignoró.
Pero sabía que lo vería rogarle a mamá que le permitiera entrar a la fiesta.
5. Max
Eric y Sam me ayudaron a subir todo mi armamento de guerra a la azotea.
El enemigo iba a tener una fiesta de té en el jardín de su casa e íbamos a apuntar el cañón con bolas de lodo hacia su cara. Excelente idea, ¿no?
Una por una, las demás niñas del vecindario llegaron a la casa de la llorona de Suhail.
—¿También le vamos a disparar a mi hermana? —preguntó Sam, preocupado.
—Sobre todo a tu hermana —dije, señalándola—. Mírala, es la que se ve más animada.
Estaba molesto.
Sam se encogió de hombros: