Max & Suhail
88. Suhail
En realidad, quería avanzar con tareas, pero supongo que podía pasar un rato con Suhail. Para ensayar, aclaro. No porque yo quisiera estar cerca de ella.
88. Suhail
Desde que llegué a casa busqué un espejo y, decidida, me dije:
—No le demuestres que te afecta. Ya no. Vamos, tú puedes. Tú puedes.
Necesité de toda mi paciencia y fuerza interior para no alterarme. Y
aunque me costó sonreír, fingí que todo estaba bien y que no me importó lo que hizo... o no hizo.
Dolía, pero estaría a salvo de no sentirme vulnerable frente a Max.
89. Max
—¿Qué haces? —le pregunté, tratando de acabar con el incómodo silencio.
Me mostró sus hojas:
—Participaré en un concurso de deletreo.
Tosí procurando no reír.
—¿Deletreo?
—La directora me invitó.
Mejor que no dijera eso en el colegio.
Pero Suhail se veía entusiasmada. Tal vez lo del deletreo le ayudó a olvidar lo sucedido más temprano.
—¿Genial? —dudé.
—Para ti quizá no —anticipó, aunque sin perder su buen ánimo—. Pero a mí me entretiene.
—¿El deletreo? —Ahora sí me reí y fui por mi guitarra.
Solo Suhail vería entretenido algo tan soso.
—Sip.
Moví la cabeza con negativa y ya con la guitarra en la mano me senté sobre el descansillo de la ventana y de nuevo empecé a practicar November Rain mientras Suhail deletreaba posibilidad, calamidad y excusa.
Estábamos bien. No me distrajo hasta que empezó a deletrear palabras tipo...
—Idiota. I. D. I. O. T. A. Idiota.
Traté de ignorarla, pero después deletreó engreído, zoquete y tarado.
—Bueno, ya —me quejé.
Suhail abrió muchos los ojos, mostrándose confusa.
—¿Pasa algo? —preguntó con un tonitoque me enfadó.
La miré con cara de «No te hagas la sorprendida».
—Tengo que practicar —se justificó, señalando las hojas.
Gruñí y continué mi ensayo.
—Fatuo —siguió ella—. F. A. T...
De nuevo paré de tocar.
—Sé que fatuo también es un insulto —protesté.
Suhail suprimió una risa.
—¿En serio?
—No soy tan idiota, Suhail.
—¿Tan?
Torcí mi boca en una línea.
—Debo practicar, Max —insistió ella con una mirada angelical.
Infernalmente angelical.
—Sí, claro.
Otra vez echó un vistazo a sus hojas.
—Decisión —leyó, distrayéndose de reojo con mi guitarra—. D. E. S... —
tartamudeó, al darse cuenta de que se equivocó.
Sonreí de oreja a oreja e hice a un lado mi guitarra. Mi gran momento había llegado. Y mientras escuchaba a Suhail continuar practicando, busqué en mi vieja caja de juguetes una pistola de agua y luego de encontrarla me dirigí a mi baño para llenarla.
Para no mojar sus hojas, ataqué a Suhail directamente a la cara.
—¡MAX! —gritó.
Me eché a reír.
—Esperé tanto tiempo esto —dije.
—¡Tonto!