Max & Suhail
135. Max
Sam y Max se soltaron a reír sin importarles nuestras caras y lo que siguió es uno de los momentos más asquerosos que he vivido en mi vida: Sam tomó una gran cantidad de Cheetos directo de la bolsa, se los metió en la boca, los masticó cuatro veces y prosiguió a sacarla con sus dedos, ya por completo anaranjados, para después meterla dentro de la boca de Max, que la recibió gustoso.
«Por amor a Jesús».
Yo no podía cerrar la boca al ver a Max masticar y saborear lo que salió de la boca de Sam. Pero no terminaron ahí, tras masticar Max tres veces los Cheetos, sacó la mitad de su propia boca y se la pasó de vuelta a Sam. Ling y yo empezamos a regurgitar los M&M’s mientras los dos continuaron riendo.
¡Aunque ahí no terminó todo!
Sam y Max se miraron y dijeron:
—¿Piensas lo mismo que yo?
Y se lanzaron sobre nosotras y nos besaron. ¡NOS BESARON!
Más tarde explicaron que se trataba de una iniciación. Que lo mismo habían hecho años atrás con Eric. ¡Vaya pretexto!
135. Max
u Wait - M83
Como el médico aconsejó a Sam no incorporarse de golpe a las actividades cotidianas, y yo, por otro lado, prefería evitar salir en público, las primeras semanas nos portamos bien dividiendo nuestro tiempo entre su casa y la mía. Él quería pasar tiempo con Ling y yo con Suhail, por lo que, además de estar el rato juntos, convivimos con ellas.
Suhail era perfecta. Incontable cantidad de veces se escabulló en mi habitación para quedarse allí por horas. Vistió camisetas de The Beatles, Led Zeppelin, The Rolling Stones, Dead purple, AC/DC, Guns N’ Roses, Nirvana, Ramones, Queen, The Doors, Pink Floyd, Iron Maiden, Kiss, Sex Pistols, Scorpions, Radiohead, Oasis... Tantas. Dios... y le hice el amor con todas.
—Luego Paulo me pregunta por qué no tengo suficientes fuerzas durante la terapia —murmuré a su oído una noche, con ella descansando sobre mí.
—Dile la verdad.
—¡No!
Habíamos terminado nuestro segundo round de esa noche y yo, necio y hambriento por más, continuaba dentro de ella. Porque, diablos, entre más cerca estoy de Suhail más completo y dichoso me siento. Más tarde, con cuidado, anudé su cabello rojo alrededor de mi mano derecha y con la otra sujeté su barbilla para besarla.
La mantuve cerca de mí hasta que mis labios dolieron.
Los primeros días que estuvimos juntos Suhail visitó a una ginecóloga que le aconsejó sobre métodos anticonceptivos. Con eso y nuestras ganas de estar juntos, nos sentíamos completos. No le pedíamos más a la vida que tiempo para conocernos mejor... y disfrutarnos... y amarnos. Yo amo de muchas formas a Suhail, y la forma física es una de mis favoritas.
Ese verano también fuimos a la playa en compañía de Ling y el gordo, Suhail le había prestado a su mamá un coche deportivo, y con la radio a todo lo que da, viajamos trescientos kilómetros turnándonos para dormir y manejar. El lugar era Playa Margarita. En el camino hablamos, cantamos imitándonos y de paso nos arrojamos agua y comida chatarra unos a otros.
—¿Qué vienen haciendo esos dos? —escuché que preguntó Suhail, arrugando su entrecejo. Yo era copiloto mientras ella conducía.
Acomodé el espejo retrovisor y eché un vistazo al asiento trasero.
—¡Cuidado, se comen! —regañé a Sam y a Ling, que prácticamente venían comiéndose en el sillón atrás de nosotros.
Debería estar prohibido ver a tu amigo intentando tener sexo.
Suhail me codeó para que la mirara a ella y me sonrió de forma traviesa.
—Hacemos lo mismo cada vez que voy por ti a terapia —me recordó y esa era una de las razones por las que iba más seguido a terapia.
Devolví mi atención al gordo y a Ling.
—Y lo hacemos mejor —dije, fanfarrón.
—¡Claro que no lo hacen mejor! —nos regañó Ling, arrojándonos Doritos.
—Es pecado desperdiciar Doritos —la regañé.
Suhail, de cualquiera manera, cogió uno que cayó sobre su regazo, lo masticó y después se acercó a mí para besarme.
«Oh, sí, besos sabor a Doritos».
Eso hacíamos cuando la canción que escuchábamos en la radio fue silenciándose para dar entrada a la voz del locutor.
— Sin más que decir, segundo gran éxito de la banda Son Tres, de Rey Leone, Alex Leone y Eric Parisi.
Despegué mis labios de los de Suhail al escuchar Eric Parisi y me viré hacia el gordo, él también había reconocido el nombre de la rata traidora.
Nos vimos unos segundos, esbozamos una mueca tipo «Bah», levantamos nuestros hombros con indiferencia y continuamos besando a las chicas.
Unos días después investigué: Eric se había unido a dos hermanos que tenían una banda y al parecer le iba bien. Al parecer.
Ya no lo odiaba. Me sentía triste y desanimado por la idea de ya no poder ser una estrella de rock, sin embargo, Suhail me llenaba de tanto amor que lo superaba rápido. Con el tiempo aprendí a disfrutar de pasar el rato platicando y demás. Aprendí a disfrutar de momentos en lugar de desvivirme por planes a largo plazo.
Al llegar a la playa, Suhail estacionó el coche a un lado de la carretera; instalamos un pequeño campamento en un área privada y encendimos una fogata. Desde donde nos encontrábamos podíamos ver el mar, un sinfín de kilómetros de playa, áreas rocosas y el balcón de un hotel en el que, al parecer, se estaba llevando a cabo la recepción de una boda. Era la puesta de sol, el momento más bello de la tarde.
Sentados uno al lado del otro alrededor de la fogata, vimos a los novios salir al balcón del hotel para bailar una canción lenta; ella acomodó su cabeza sobre el hombro de él. Ling y Suhail suspiraron mientras el gordo y yo hicimos una arcada a escondidas de ellas. Aun así, al estar en su naturaleza, el gordo se puso de pie e invitó a bailar a Ling.
La música que oíamos en ese momento no era la adecuada, por lo que Suhail alcanzó su móvil y buscó otra cosa. Mi piel se enchinó al darme cuenta de lo que eligió: Wait de M83. Esa canción propiciaba un ambiente aún más emotivo y perfecto.
Yo me hallaba sentado sobre mi silla de ruedas mientras Suhail, Sam y Ling tenían sus dedos llenos de arena. Me sentí... fuera de lugar. También quería incorporarme y bailar con Suhail, quería darle lo mismo que el novio del balcón a su esposa y Sam a Ling: un momento romántico.