Max & Suhail
141. Max
buena onda, que yo soy una estrella. Debo quedar bien con la presidenta de mi club de admiradoras si quiero recuperar lo poco que queda de Raptor y Max Solatano.
—¿HIRIÉNDOME?
—Ese es el problema contigo, Suhail —continuó—. Uno no puede darte un poco de atención porque en tu mente ya haces hasta planes de boda.
¿Qué edad tenemos? Dieciocho. —Su tono de voz conciliador me enfureció el doble—. No esperabas formalizar lo nuestro tan pronto, ¿cierto?
Cubrí mis ojos sintiéndome increíblemente estúpida. ¡Él me hizo sentir estúpida!
—Estás exagerando —insistió, utilizando el mismo tono de «No pasa nada»—. Lucía es... Lucía. Con que la tenga contenta basta. Tú me tendrás la mayoría de las noches. Ese privilegio nadie te lo quitará.
¿Cómo podía ser tan cínico? Aparté las manos de mi cara, empuñé mis dedos y lo empujé, haciéndolo caer sobre la cama.
—¡¿POR QUÉ ME HACES ESTO?! —grité, sintiendo lastimar mi garganta cuando esas palabras salieron—. ¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR
QUÉÉÉÉ?!
Los ojos de Max brillaron un segundo, mostrándome un poco de dolor, pero esa luz se marchó tan rápido como vino.
—Solo estoy siendo honesto —zanjó, conservando la mirada fría—. Ya lo habíamos platicado, Suhail. Te advertí no esperar mucho de un chico de dieciocho años sin mayor cosa que ofrecer. Lo dije en aquella cena con Aitor, ¿recuerdas? Yo no te prometí...
—¡BASTA, YA NO TE QUIERO ESCUCHAR!
Me di la vuelta y salí de la habitación golpeando con fuerza la puerta.
Por otro lado, era imposible no alertar a papá y a Miranda sobre que algo pasaba, de modo que pronto la tuve a ella tocando mi puerta. Me encontró llorando desconsoladamente mientras, para mi dolor, empacaba mis maletas.
141. Max
¿Había una mejor manera de hacerlo? ¡Claro! Aunque Suhail no se hubiera marchado con solo pedírselo. Ella tenía como objetivo de vida mejorar la mía. Algo genial para mí, pero, ¿y ella?
Suhail es bondadosa, servicial, abnegada, la tenía a mis pies para hacer lo que quisiera con ella. Y. No. Era. Justo. Ella es tan generosa que no me hubiera dejado, aunque, además de la mitad de mi pierna, también hubiera perdido ambos brazos o hasta mi cabeza. Ella, pasara lo que pasara, siempre iba a estar ahí para mí... sin tener yo nada para darle.
¿Amor? Sí. ¿Gratitud? Sí, también agreguemos eso. Pero no sabía cómo expresarlo. Mi público estimado, por favor, recordemos que yo apenas tenía dieciocho años...
...y tenía miedo. Mucho miedo. Me sentía ansioso ante la idea de tener que enfrentar un futuro diferente al que había planeado. Me sentía pequeño, humillado, inútil, fracasado... ¡Me sentía fuera de lugar y diferente al resto!
¿Qué haría si no conseguía adaptarme a alguna prótesis? Le tenía terror a eso. Y ni hablar de retomar la banda. Eso y lo de Lucía fue mentira. Yo...
solo era un chico aterrado. No sabía qué pasaría conmigo al día siguiente y no quería arrastrar a Suhail a eso. Deseaba que ella tuviera otra oportunidad. No quise ser egoísta y atarla a mí solo porque me amaba como nadie me amará jamás.
¿Se puede decir que fui cobarde? Por supuesto que sí. Pero en ese momento lo consideré necesario. Sentía que debía pensar por ambos.
¿Me arrepiento? No sé... A veces no. A veces sí. La veo feliz. La extraño, pero al menos sé que es feliz.Tal vez, al fin y al cabo, lo mejor fue separarnos.
Desde mi habitación escuché a Suhail decirle a Miranda que no se quedaría a ver cómo yo mismo acababa conmigo. Me llamó inmaduro, irresponsable, idiota, estúpido, imbécil, etcétera... Suhail sí que conoce muchas palabras.
No dormí bien esa madrugada ni las que siguieron; y entretanto dolor, incertidumbre y remordimiento, hasta compuse mi primera canción.
Hoy no amanece
Hoy yo no abriré mi ventana
No saldré de mi cama. Me quedaré entre mis sábanas platicándole a mi gato lo que duele salir a vivir sabiendo que mañana y el día
que sigue a ese estarás lejos de mí.
Hoy no amanece...
Hoy no amanece...
Hoy no vale la pena ver el atardecer. El cielo rojo me recuerda a tu cabello y los rayos del sol a lo que quema tu recuerdo.
Hoy no amanece...
Hoy no amanece... en mí.
Lleva por nombre Hoy no amanece, porque ese fui yo durante mucho tiempo, un alma en tinieblas y un pobre tonto al que solo le quedaba recordar. Como sea, considero que, de haberse quedado Suhail, también hubiera escrito muchas otras canciones para ella, pero estas hablarían sobre confusión y miedo a perderla.
Para mí cualquier panorama era terrorífico hasta no tener claro quién era y hacia dónde iba a caminar o volar.
No volví a hablar con ella después de la disputa en mi habitación. Escuché que llamó a Jacqueline para aceptar la propuesta de estudiar en Inglaterra y eso fue todo. Dos días después me acerqué a la ventana para verla despedirse de Miranda y de Bill. El chófer de Jacqueline había ido a recogerla, el vuelo con destino a Londres salía esa misma noche.
No vio hacia mi ventana.
No intentó decir más.
Nos separamos como si entre nosotros nunca hubiera pasado nada.
Más tarde escuché a alguien tocar mi puerta y le di el visto bueno de entrar. En tanto, de pie frente a mi ventana, yo aún miraba la calle como si esperara que Suhail volviera.
—Max.
Era mamá.
Me volví para mirarla y esperé a que dijera algo más que mi nombre. No sabía si Suhail había hablado con mamá poniéndola al tanto de todo, aunque lo que dijo enseguida aclaró eso.
—¿Ustedes dos creen que yo soy tonta?
Parpadeé sin tener idea de qué responder. No, no pensábamos que fuese tonta, solo confiábamos en que nosotros seríamos lo suficiente discretos. Al parecer no.
Dejé caer mis hombros.
—Miranda...
—¿La amas?
Su pregunta me tomó de sorpresa, sin embargo con la misma rapidez respondí.
—Tanto que estoy por tirarme de esta ventana. Lo juro.
—¿Entonces por qué no la sigues?
Por un lado, me alegró que mamá nos apoyara, por otro no pude evitar reír, aunque esta fue una risa triste.
—¿En muletas?
—Max.
—Separarnos es lo mejor, mamá.
—Créeme que quiero entenderte.
—Solo mírame.
¿Había que explicar más?
—Para mí no eres diferente a cualquier otro chico.
—No soy diferente para ti o para Suhail porque me aman. —Dolía decir eso—. Pero yo no me siento así.
Mamá se echó a llorar.
—Maxi...
Me quería de manera incondicional pese a tener miedo.
—Me siento prisionero de esta condición. Me siento inútil.
—No eres un inútil.
—¿Entonces por qué me siento así? Tú no sabes lo que duele hacer pasar un mal día a otros. Obligarles a caminar más lento para que no te dejen atrás, pedirles madrugar para que te den un aventón o hacerles soportar miradas incómodas de otros... También pedirles que no se sientan mal por ti, que no cuiden sus comentarios por ti. ¡Todo el tiempo temo incomodar!
No puedo vivir de esa manera.
Ella negó con la cabeza y caminó hacia mí para abrazarme.
—Yo sé que puedes salir de esto y más.
—No con Suhail atada a mí o yo a ella. Cree que debe ayudarme y yo ya no quiero que esa sea la razón que la mantenga cerca.
—Max...
—Tenía que alejarla —expliqué.
—¿Lastimándola tanto?
Mamá se sentó en la cama y yo hice lo mismo. Ella sabía que necesitaba consuelo.
—¿Por qué prefieres alejar a las personas lastimándolas?
Sí, ¿por qué? Lo medité un momento.
—Porque prefiero que me odien a que me tengan compasión.
Tan fácil como eso.
—Hijo...
Ella no sabía qué decir.
—Y Suhail no se hubiera alejado de otra manera.
—Tal vez nunca la recuperes.
Cierto, ¿cuál era mi plan? ¿Dejar ir a Suhail, recuperarme y volver con ella? No lo tenía claro. En ese momento no tenía claro nada excepto mi miedo e inseguridad. Eso y que amaba a Suhail lo suficiente como para renunciar a ella.
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