Max & Suhail
162. Suhail
Y ahí estaba, frente a un espejo, entretanto la modista ajustaba con la ayuda de pinzas mi vestido de novia. Un exclusivo vestido color marfil.
Ella intentaba sugerir algo.
—Aunque creo que no combina con su corte de...
—Solo no hable de mi cabello —le pedí.
«No lo vas a hacer crecer enojándote», recapacité y me disculpé con ella.
Yo era la que se sentía tensa por la boda.
—¿Cuándo es?
—En... dos meses.
Meses que necesitaba pasaran rápido y a veces lento.
—¿Será aquí?
—No. En Ontiva.
Finley aceptó llevar a cabo la ceremonia en Ontiva luego de hacerle ver que he compartido poco con mi familia. Por fortuna es comprensivo, aunque justo ahora me estoy cuestionando qué tan comprensivo.
*****
—¡DESPEDIDA DE SOLTERA SORPRESA!
—¿Qué? —solté en lo que Laura y Gavin me colocaban un velo de novia, me entregaban un ramo y me sacaban con prisa de la oficina.
Afuera nos esperaban más compañeras de trabajo, la mamá, tías y primas de Finley. Entre todos llenamos dos limusinas y recorrimos calles gritando hasta que nuestros pulmones no pudieron más. Dentro había música, alcohol y aperitivos. Reí, bebí y comí como nunca.
Sobre todo, bebí.
Llegamos a una discoteca y ahí, también como nunca antes, me desinhibí más de la cuenta. Habían puesto en el paraíso a la que quería olvidar.
Hicimos juegos, bailes y sorteos. Me disfrazaron, bailé con stripers y mientras mezclé dentro de mi organismo todo tipo de tragos...
Me embriagué, cielo santo. ¡Cómo olvidarlo! Tanto que asusté a mis compañeros. ¡Yo no soy de las que beben!
—Ven, vamos —me dijo Laura tras verme caer en medio de la pista, llevándome con cuidado hasta la salida—. Creo que necesitas aire.
Negué con la cabeza. ¿Aire? Lo que yo quería era seguir bebiendo. De cualquier modo, en cuanto salí empecé a vomitar los aperitivos. Por lo mismo el encargado de la puerta pidió a mi jefa alejarme de los recién llegados, por lo que avanzamos unos cuantos metros en dirección a la calle.
—Sí que estás mal —intentó consolarme Laura preguntándose a la vez cuál era el motivo—. Solo sácalo —sugirió. ¿Al vómito o a Max?—. Lo bueno es que como recortaste tu cabe...
—¡Que no mencionen mi cabello! —lloriqueé, colocando mi mano sobre la pared frente a mí para no caer de bruces, justo donde también se encontraba un panel publicitario. Mala idea porque justo ahí también se encontraba...—. ¡TÚ! —grité, mirándolo con odio.
Laura empezó a preguntarse con quién estaba hablando. De pronto era la loca que le gritaba al aire a un costado de una calle muy transitada.
Se trataba de un panel publicitario de Max en calzoncillos. Este ocupaba la mitad de una pared.En la imagen él estaba de rodillas, posición que le permitía mostrar tanto su pierna buena como la prótesis... y su paquete.
—Pero si es tu... —Laura comenzó a ver el panel de Max con coquetería
— hermanastro. Grrr.
—¡Te gusta, joder... me! —empecé a reclamar al panel. Era un espectáculo andante—.Te gussssta ser el centro de atención, ¿no? ¡Te gusta ser a quien todos miren! ¡Pero sssssssi se te acabó! ¡Y no me importa que estés... Mmmmm!
—¿Suhail?
Ahora Laura me miraba con miedo y alelamiento. ¿Quién no? ¡Estaba peleando con un panel publicitario!
—No me importa... —seguí, procurando no caerme— importa... ta...
que... ¡Oh, qué bueno estás! —reconocí por fin, susurrando y mordiendo mi labio inferior en lo que veía con ansia el bulto entre las piernas de Max.
Luego lo empecé a acariciar—. Assssssí te gusta, ¿no?
Tantos momentos memorables dejados atrás.
—¿SUHAIL? —La voz de alarma de Laura debió detenerme, pero no; por lo que proseguí a...—. ¡No, no pongas tu lengua ahí! Oh, Dios.
Muero de la vergüenza solo de recordarlo, pero ya pasó, no puedo volver el tiempo atrás.