Max & Suhail

Tatiana M. Alonzo · Capítulo 123 de 146

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Max & Suhail

151. Max

Debía sacar todo y enfrentar la realidad para, de verdad, poder empezar de nuevo.

Tomé la decisión de pedirle a Finley que viva conmigo y lo mejor que podía hacer por ambos es dejar atrás mi pasado; por lo que cogí de vuelta mi teléfono para leer otra vez el mensaje de Laura, esta vez decidida a contestarlo.

Laura:

«Olvídalo. La primera fecha está agotada :( Igual creo que nos queda mejor la siguiente».

Yo:

«Sí, esa está bien :)».

Laura:

«¡Genial! ¡Raptor, allá vamos!»

Laura se sentía emocionada y yo preocupada, pues, estuviera preparada o no, vería otra vez a Max Solatano.

151. Max

Acabábamos de terminar el tercer concierto de la gira y miraba la ciudad desde una ventana del hotel. Muchas luces titilando. Mucha gente yendo demasiado lento o, peor aún, demasiado rápido. Mucho ruido que nos confunde a todos. Mucho en que pensar y últimamente me gusta estar solo para pensar.

Cuando era adolescente quería ser famoso para ser idolatrado, hoy solo quiero que cualquiera que diga admirarme comprenda por qué amo y necesito la música... o por lo menos intente comprenderlo. ¿A qué Max ven? ¿Perciben mi ansiedad, mi dolor y soledad? Porque nunca me había sentido tan solo pese a tener cerca de mí a mucha gente que aparentemente me quiere. Por lo mismo, quería que al menos uno de ellos, de mis amigos, de mi familia, de mis admiradores, pudiera reconocer el dolor detrás de una sonrisa y pidiera escucharme. Escucharme de verdad.

Estaba sufriendo. Estaba muriendo. Estaba comprendiendo qué se siente serdesdichado cuando —se supone— debes ser feliz porque en apariencia

lo tienes todo.Quería ser estrella de rock y lo soy. Quería valerme por mí mismo, reto conseguido. ¿Ahora qué? Tenía miedo.

¡Oh, vamos, hay que admitirlo! Tenía miedo de ir por lo único que me faltaba para sentirme completo...

Ella...

Suhail Didier.

De cualquier modo, mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando alguien tocó mi puerta, aunque lo agradecí, porque necesitaba dejar de pensar.

Traté de poner buena cara y me apresuré a abrir creyendo que era Sam.

Era Eric.

—Ei —saludé, extrañado de verle. Desde nuestro arreglo solo habíamos pasado tiempo en grupo, nunca él y yo solos.

—¿Puedo pasar? —preguntó al notar que yo no diría nada más.

Asentí cauteloso y terminé de abrir la puerta.

Al principio me sentí incómodo. Sam era el mediador entre nosotros dos y, sin él, no tenía idea de cómo romper el hielo con Eric. Por fortuna él habló primero.

—Lettera dice que somos una banda de niños buenos.

—¿Qué?

Escuché lo que dijo, sin embargo, quería que se explicara más. Le hice una seña para que tomara asiento y le ofrecí algo de beber.

—Que le da ternura que no bebamos, fumemos o nos droguemos después de un concierto —continuó Eric—. Se queja de que ni siquiera le pedimos mujeres.

Levanté con asombro mis cejas.

—¿Preferiría lo contrario?

—Solo le sorprende.

Y no lo culpo, cualquiera pensaría que una banda en ascenso como Raptor tendría mucho que celebrar. Y es que sí hemos celebrado; la noche anterior, por ejemplo, hicimos maratón de películas de Marvel. Pero nada de alcohol, sexo o drogas...

Lo admito, somos poco menos que una banda cristiana. O puede que incluso ellos se descarrilen más.

—Al gordo le hizo un amarre Ling y no la va a traicionar —empecé, buscando un motivo a nuestro ñoño comportamiento—, tú estás en

rehabilitación, no puedes caer en excesos y yo... —Aquí vamos—. Yo solo quiero estar solo.

No pude evitar bajar la mirada al decir lo último. Por otro lado, años atrás Eric se hubiera burlado de mí y luego animado a ir por bebida y chicas, pero esa vez solo murmuró un sorpresivo:

—Te entiendo.

¿Te entiendo? Lo esperaba de todos... excepto de él.

—¿En serio?

—Cuando las cosas empezaron a salir bien en mi anterior banda, lo disfruté, sí... pero me sentía solo. No era lo mismo sin ti o Sam. Me sentía solo y quería estar solo. Es… complicado de explicar.

Exacto. Aunque era una revelación escuchar eso de... Eric.

—Pero a mí me odiabas —dije, señalándome.

Eric sonrió.

—Te quería cerca para, al menos, echártelo en cara. ¿De qué me servía ser famoso si no podía verte envidiándome?

—Tiene sentido.

No podía culpar a Eric por sentirse así.

—Nos esforzamos tanto y desde niños lo soñamos tanto que hacer todo eso yo solo fue apabullante. Muchas veces los busqué entre la multitud.

«Yo suelo hacer eso con Suhail».

Observé el semblante de Eric. Ya no se veía tan mal como la primera vez, pero sí todavía más cansado que Sam y yo juntos. Parecía como si en lugar de haber sido famoso hubiera sobrevivido a pasar un año solo en el desierto del Sáhara bebiendo solo café.

—¿Por qué...?

—¿Por qué no los llamé? —Asentí agradecido de que no le molestara mi duda—. No quería reconocer mi error. Además... tú me odiabas.

Tal señalamiento me dolió.

Yo creía que él me odiaba. Él creía que yo lo odiaba…

—No te odiaba —aclaré—. Solo quería alejarte para que no me miraras con lástima.

—¿Y fue lo mismo con Suhail? —preguntó, despacio, y el nuevo rumbo de la plática me tomó con la guardia baja. Pero no lo negué.

—Eso creo.

—Sam me lo contó todo.

Fruncí el entrecejo.

—¿Por qué no me sorprende?

—No toda la gente se queda junto a ti por lástima, Max —dijo Eric, como si llevara horas ensayando—. Muchos lo van a hacer porque te quieren.

Solo eso. Sin doble cara.

—No quería ser una carga para nadie.

—También puedo entender eso. Cuando Sam me encontró y ofreció pagar por mi rehabilitación, al principio me negué. No porque no lo necesitara —

aclaró—, sino porque no quise, me daba vergüenza que él supiera que lo necesitaba. ¿Me explico? No digo que sea lo mismo contigo y con Suhail, pero, de cualquier modo, lo que trato de decir es que las intenciones de Sam eran buenas. Lo malo es lo que había dentro de mí... Mi odio. Mi frustración... Mi miedo.

Eso fue una revelación.

—¿Por qué terminaste aceptando la ayuda?

Eric se encogió de hombros.

—No podía más.

Avergonzado, sin saber qué decir, golpeé amistosamente su hombro.

—Lamento no haber sido yo el que te buscó.—Las palabras apenas salieron.

—No te ofendas, pero no esperaba que lo hicieras. Tú y yo, creo, somos iguales en eso. Asumimos que podemos y cuando las cosas no salen como queremos... diablos, nos duele reconocerlo.

Cierto.

Desde mi lugar miré de nuevo mi ventana.

—Alejé... —No podía creer que iba a hablar de esto con Eric—. Alejé a Suhail por su bien —dije—. Por lo que creí que era su bien.

—Lo sé —dijo Eric, mirándome como si intentara ayudarme a descubrir algo—. Pero por el amor de Dios,esta vez no dejes que sea ella quien se acerque.

No podía ser más claro.

—¿Crees que debería buscarla?

—Sí, y explícale por qué motivo hiciste lo que hiciste. Con suerte te acepta.

—Era la única manera de que se marchara —continué, encontrando en Eric a alguien que sabe escuchar—. Estaba decidida a quedarse pese a tener

una buena oportunidad lejos... Yo no quise futuras culpas o reproches, Eric... Era joven... y era idiota... La única solución que encontré fue alejarla... lastimándola.

—Como hiciste conmigo —zanjó él.

Diablos.

—Sí. Así fue.

—Ya no lo hagas, Max.

—¿Qué cosa?

—Poner obstáculos a la gente que te quiere.

—¿Qué debí hacer entonces? Ella ya había perdido una beca por mí. No quise...

—¿Importa ahora? —Me interrumpió mi amigo—. Solo ve y dile cómo te sientes. ¿Qué en el infierno puedes perder?

Sí, ¿qué?

Aunque en mi cabeza la situación no tenía mucho sentido. «Hola, Suhail, lo eché a perder todo, pero quiero que volvamos». Sabía que esa mujer me odiaba y no quería saber de mí. ¿Qué podía hacer o decirle para que pensara distinto?

—¿Recuerdas cuando te negabas a reconocer que te gustaba? —me recordó Eric, rasqué mi cuello con incomodidad y asentí—. No tardes en reconocer que te hace falta. Te sentirás solo hasta que lo hagas. Ella es tan parte de esto como lo somos Sam y yo.

—Tengo miedo de que me rechace —acepté.

—El mismo miedo tenía yo antes de enfrentarte aquel día en Solatano & Delvecchio. Pero, ¿sabes qué me dijo Sam?

—¿Qué?

Tenía miedo de saberlo.

—Dijo: «Él no te odia, solo tienes que encontrar la manera de hacerle ver que aún le importas».

Sonaba confuso.

—¿Y cuál, en tu caso, es esa manera?

Eric dejó escapar un poco de aire.

—Bueno, por el momento intentar ayudarte con Suhail.

—De paso me hace sentir menos miserable saber que no me odias.

—Nunca te odié —aclaró—. Te admiraba y quería estar cerca de ti. Eras genial. Aún lo eres.

—¿Y...?

—Y míranos —concluyó, por los dos—. Ahora ambos sabemos que hay cosas más importantes que ser famosos.

Volví a golpear de forma amistosa a Eric.

—Bien, colega, ahora hagamos otra cosa antes de que esto se ponga más gay.

—Tienes un problema con lo gay, sabes. —Eric entrecerró los ojos.

—Llevo años sin follar. Entiéndeme... Acéptame... Solo dame amor y comprensión.

—Bien. —Luego de ponernos de pie Eric nos empujó hacia la puerta—.

Entonces busquemos a Sam y hagamos otra cosa.

El gordo se encontraba en su habitación hablando vía Skype con Ling, platicándole cómo nos había ido en los programas de televisión y el concierto. Eric y yo entramos sigilosamente y, buscando cómo joder un poco a Sam, nos miramos de forma cómplice.

—¡Gordo, apúrate o se van a ir las prostitutas! —grité desde el umbral de la puerta.

Eric agregó:

—¡Te apartamos la rumana que te gustó!

Desde nuestra posición pudimos ver que las orejas de Sam enrojecieron y enseguida lo escuchamos murmurar «Hijos de puta», pero antes de que añadiera algo Ling le pidió colocar de cara a nosotros la laptop.

—¿Por qué no me extraña que le hagan bullying al único miembro de la banda que tiene pareja? —Nos confrontó.

—Nos vas a hacer sentir mal y vamos a llorar —dije.

Eric fingió limpiarse un par de lágrimas.

—Porque ver pornografía no es precisamente estar con una chica —

continuó Ling.

—¡Yo no veo pornografía! —Se defendió Eric con un aire dramático—.

La vivo, la siento... La pornografía es mi vida.

—Y en tu caso, Solatano —agregó Ling, viéndome con altivez desde la laptop—. Tener sueños húmedos con Suhail y masturbarte pensando en ella tampoco es tener actividad sexual.

«Ouch».

—Me voy a comprar una muñeca inflable y vas a tener que retirar lo dicho —me defendí.