Max & Suhail

Tatiana M. Alonzo · Capítulo 43 de 146

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Max & Suhail

65. Max

—Baja la voz —me regañó Ling, otra vez mirando hacia todos lados—.

Max ya llamó suficiente la atención por ambos.

Miré sobre mi hombro para ver a qué se refería Ling, y sí, en el resto del pasillo por lo menos quince pares de ojos se hallaban mirándome y, de igual forma, treinta pares de orejas escuchándome, porque algunos no pretendían ser tan obvios.

«Maldita sea».

—¿Oíste? Dijo que lo vio en calzoncillos —le cuchicheó una chica a otra.

Las dos reconocidas como cotillas.

«MALDITA SEA».

—¡Lo vi porque nuestras ventanas están una frente a la otra! —intenté aclarar, girando sobre mis pies para mirar en redondo a todos.

Pero no sirvió de nada. No pude rescatar la situación y todo solo empeoró cuando Jessica se enteró de lo que dijo Max y de lo que dije yo, y el resto de la semana se encargó de hablar mal de mí por todo el colegio; ya que, según ella, ambas estábamos compitiendo por Max. ¡Por Max!

—¡No eres competencia para Jessica! —decían a mi paso sus amigas.

—¡Eres fea!

—¿A mí también me quieres ver en calzoncillos?

—¡Idiota! —le reclamé al chico que me gritó eso.

Pero eso y cosas peores afirmaban.

Fue difícil el primer día, pero tanto Ling como yo nos acostumbramos. Y

Max... él no me daba la cara. Volvió a su vieja rutina de ignorarme y me dejó sola con el problema que él mismo ocasionó.

65. Max

Pasé el resto del día reflexionando sobre cómo me trató Suhail. Ella no es así. Yo, por el contrario, era un cabezota. Lo he pensado y habían pasado algunos años desde la última vez que Suhail fue hostil conmigo. Le gustaba enfadarme, sí, pero, ¿odiarme? No desde que llenó de pegatinas mi patineta.

De hecho, ya nos estábamos llevando bien. ¿Lo recuerdan? No como amigos, pero admito que me sorprendió que le gustara verme ensayar y...

Me refiero a que según yo todo marchaba bien. Hasta reímos juntos. Incluso

había pensado en no permitir que la relación entre nuestros padres influyera en cómo nos llevamos.

Y después está eso de ser rara en el colegio. Era su problema, supongo.

Pero ella no podía esperar que yo le hablara mientras hacía cosas que enfadaran al resto... De mí se esperaba más. Algo menos abrumador. No puedo imaginar la cara de mis amigos al ver que le hablo a Suhail mientras ella abraza árboles. Es decir, podíamos ser buenos vecinos. Sin embargo, en el colegio, no hablaríamos... Ahí no.

«¿Por eso está enfadada conmigo?»

Sí, eso debía ser. Le molestaba que, en casa, durante mis ensayos, le pidiera corregirme; mientras que en público la ignoraba. Eso era. ¿O no?

Me estaba embrollando en mi lucha por entender a Suhail.

Y no es que me preocupara haber hecho algo para lastimarla. Claro que no. Solo quería entenderla.

Y luego está el asunto de mi cumpleaños. Ya habían llegado todos cuando mamá dijo: «Suhail sí vendrá. Cuando eran niños siempre decía que no porque la tratabas mal, pero venía. Pese a todo venía. ¿Recuerdas?».

Sí. Claro que recordaba que pese a echar a perder mi cumpleaños número ocho, vino al nueve, al diez, al once... Tampoco había faltado al del año pasado.

¡Y mamá arruinó mi fiesta al recordarme eso! Porque en lugar de poner atención a mis invitados: Eric, Sam, Edgar, Jessica... Lo único que hice fue estar pendiente de la puerta.

Pero quiero aclarar que no se debió a que yo quisiera ver a Suhail o alguna tontería así. Nada que ver. Es cuestión de costumbre. Pasa, saben.

Ella venía cada año y yo, por lo mismo, estaba pendiente de que no hiciera algo igual o peor que lo de las Hermanas de la caridad. La vigilaba. Pero solo eso. Aunque no hizo falta. Ella no volvió a fastidiar otra de mis fiestas.

Aun así, estoy seguro de que disfrutaba viendo que yo esperara que de nuevo hiciera algo.

Pero ahora me ignoraba a propósito. Y para no verme como un imbécil yo también la ignoraba. Así es como funciona, ¿no?

¿Ya no abría su ventana? Bien. Qué me importa. No es que me doliera.

No. No. No. No piensen que me afectaba o alguna estupidez de esas. Claro que no. Es solo que...