Max & Suhail
158. Suhail
Como el disco de los chicos aún estaba por salir, la mitad de las canciones del concierto eran covers. De todas formas, el público, pese a no ser ellos una banda con mucha trayectoria, les apoyan. Eran cinco mil personas en un recinto tipo domo.
—Ni siquiera tuvimos que pasar horas en fila —me dijo Laura en lo que buscábamos nuestros asientos en la primera fila.
—Sí, genial —dije, siendo consciente de mi corazón latiendo con anticipación. Ser una estrella de rock no solo era el sueño de Max, para mí también lo era verlo cumplir eso.
Ocupamos nuestros asientos y platicamos mientras esperábamos, a mi derecha otras dos chicas discutían sobre qué tanto conocen a Max. Hice rodar los ojos en lo que corregía mentalmente sus respuestas.
¿Cuál es la pizza favorita de Max? Ellas: La de queso. Yo:No, la de pepperoni.
¿Cuál es su banda favorita? Ellas: The Vans. Yo: No. The Rolling Stones.
¿A qué edad perdió su virginidad? Ellas: A los trece con una vecina.Yo:
¡Maldición, no! A los quince, aunque con una chica que no recuerda; ocurrió durante su primera borrachera.
¿Dónde dio su primer concierto? Ellas: En el bar de un tipo llamado Bob. Yo: En el gimnasio del colegio.
¿Color favorito? Ellas: Azul. Yo: ¡El rojo!
Una vez me dijo que el rojo atardecer porque le recordaba a mi cabello.
¿En serio se consideran admiradoras?
A lo lejos otras chicas vitoreaban el nombre Raptor o cantaban. Había luces de neón, pancartas con epígrafes del tipo: Max. Te amo, Max. Cásate conmigo, Max. Te aceptamos como eres, Eric. A mí me gusta el gordo, Gordo 4ever. Max, hazme un...
Ahí lo dejaré.
Al cabo de un rato, el lugar se tornó oscuro; chicas gritaron, otras hicieron titilar sus móviles y lentamente la única luz que volvió fue la del escenario dejándonos ver el nombre Raptor. Mi corazón brincó fuerte y algo me quedó claro: si hay algo que saben hacer los chicos es animar a la gente, pues lo primero que hicieron al salir a escena, antes de siquiera presentarse,
fue palmear las manos dos veces y zapatear una vez, a modo de que el público les siguiera; y lo lograron, de pronto todos cantábamos con ellos:
— We will we will rock you!
Max y Eric cargaban sus respectivas guitarra y bajo, Sam se instaló en la batería y, como si fuera algo natural como respirar, todos, sin excepción, saltamos de nuestros asientos para gritar junto a los chicos y demás músicos. El lugar temblaba.
— Buddy you’re a young man hard man. Shoutin’ in the street gonna take on the world some day.
Recordé tantas cosas en ese momento: Max ensayando con su papá, Max desmotivadopor no ser tan bueno con la guitarra, Max listo para su primer concierto en el gimnasio del colegio; Max emocionado por tocar en un bar o, mejor aún, feliz por conocer a la Bombilla...
El accidente.
Él perdiéndolo todo.
¡Él recuperándolo todo!
Eran muchos, demasiados, recuerdos y me sentí orgullosa de ser parte de cada uno.
Las chicas que minutos antes hablaban de Max ahora lloraban por al fin conocerle, sin embargo, yo había sido testigo de su crecimiento. Yo era algo más.
Él sonreía satisfecho, como si esa guitarra en lugar de ser un objeto fuera una extensión de su cuerpo. Estaba tan familiarizado con ella como lo estaba con la prótesis de su pierna.
Max es un ganador.
Además de las propias, tocaron canciones de Led Zeppelin, Guns N’
Roses, Pink Floyd, The Rolling Stones y hasta Bon Jovi, pero el público llegó a la euforia cuando Max finalmente cantó Yesterday, la canción que le dio a conocer.
Y aunque en el fondo esperaba escuchar Classic, eso no pasó y creo que fue lo mejor.
—No me abucheen ahora que otra vez tocaré una propia, ¿de acuerdo? —
les pidió desde el micrófono y se escucharon risas.
—Tus ojos son un espejo, en ellos noto la diferencia entre el hombre que era y el que ahora soy...
Esa canción y la que sonaba entonces en la radio me hacían sentir...
¿señalada? Pero, reí. «No, Max no pudo haber escrito eso por nosotros».
Entretanto, me daba segundos de su atención y se sintió extraño. Entre todos me elegía a mí para mirarme mientras tocaba y lo hacía de una forma que no sabría describir. ¿Hablándome? Le correspondí sonriendo y aplaudiéndole fuerte... a él... a todos.
Aunque como ustedes ya saben, fue hasta la mitad del concierto cuando en verdad me sorprendió.
—La siguiente canción es dedicada —dijo, acercándose más al público.
Una chica le gritó que quería limpiar con su lengua el sudor de su frente y él dijo aceptar, consiguiendo así más gritos—. De cualquier modo, esta... —
continuó—. Esta canción es... Es para ti, Suhail Didier —añadió, volviendo a hacer gritar a los presentes y robándome a mí el aliento.
Y un segundo después la banda empezó a tocar Truly, Madly, Deeply.
—No —fue lo primero que dije sintiendo cerrarse mi garganta, dándome cuenta de que tenía miedo; él no podía estar arruinando todo... otra vez—.
No...
—¡Es para ti, Suhail! —gritó a mi oído Laura, celebrando algo tan extraño como que tu «hermano» te dedique una canción de amor.
Estuvo claro para mí entonces: No quería escuchar que me ama, no quería que me cantara. Yo solo necesitaba que no arruinara las cosas con Finley, que no se llevara mi paz.
Negué con la cabeza sintiendo picar mis ojos, Laura, por el contrario, emocionada, saltó y me abrazó. No sé qué entendía ella, pero yo solo quería parar todo.
«No lo arruines más».
Por fortuna, a diferencia de Laura, para Max fue evidente que no recibí bien la dedicatoria. Bajó la mirada al ver mi cara de enojo y, con voz lúgubre, antes de repetir el coro, dijo:
—Es de parte de Finley, Suhail.
—¡FINLEY! —saltó aún más Laura—. ¡FINLEY!
«Finley». Liberé el aire que retenía y por fin permití que lágrimas saltaran de mis ojos a mis mejillas, igualmente traté de pensar y respirar con más calma. ¿Qué sentía? ¿Alivio? Era consciente de que me quitó un gran peso de encima saber que la canción no me la dedicaba Max. Por otro lado...
—¡Es él! —gritó mi jefa y señaló una esquina del escenario. Ahí se encontraba Finley, caminando hacia mí, sujetando en su mano unas rosas y un anillo...
Un anillo de compromiso.
Mi pecho se contrajo, mis pies pesaron un poco más de pronto. Era demasiado en muy poco tiempo. Laura y alguien de seguridad me alentaron a subir al escenario, pues ahora Finley me esperaba para dar respuesta a la pregunta que apareció en la pantalla a un costado del nombre Raptor.
¿Aceptas casarte conmigo, Suhail?
Sentí palmadas de felicitación en mi espalda, era la chica del momento en ese lugar y procuré sonreír pese a la conmoción. No soy de sorpresas.
Cuando estuve frente a Finley lo primero que hice fue besarlo y abrazarlo fuerte en lo que muchos globos cayeron del techo. Lloré sintiéndome especial. Él había pedido a los chicos que hicieran eso por mí. Lloré. Fue dulce y era mucho, demasiado, para procesar.
—¿Entonces... aceptas? —preguntó él a mi oído.
—Sí —dije, correspondiendo y él hizo un gesto afirmativo al público para dar a conocer mi respuesta. Hubo gritos, aplausos y más Truly, Madly, Deeply.
En el fondo se escuchaba la canción, aunque ya nadie estaba cantando.
Por un momento me pregunté si Max y su staff se habían detenido para darnos un momento a Finley y a mí hasta que, dudosa, me giré para ver; y mientras Finley me besaba observé a Eric acercarse a Max con la intención de...
¿Consolarlo? Max no estaba llorando, mas sí se veía pesaroso. La ira me invadió al instante.
—¿Quién es la estrella de rock? —preguntó Sam desde su propio micrófono.
—¡MAX SOLATANO! —respondió en coro el público, aplaudiendo.
Max agradeció las muestras de cariño.
—¡¿QUIÉN ES LA ESTRELLA DE ROCK?! —gritó con más fuerza Sam.
—¡MAX SOLATANO! —repitió su público con Eric gritando más fuerte que todos.
Eric levantaba el brazo de Max de cara al público, los dos sobre la orilla del escenario. Comencé a temblar. «Le están dando ánimos», me dije y a mi
enojo se unió la necesidad de golpearlo. ¿Qué clase de juego de mierda era ese?
—Vamos —le dije a Finley, tomando su mano para retirarnos cuanto antes.
Salimos del escenario por el mismo lugar que entró él y ahí encontramos al resto del staff. Todos nos felicitaban.
—¿Estás bien? —me preguntó Finley al notar mi molestia—. Ni siquiera te he puesto el anillo. Lo iba a hacer ahí.
—Lo haremos en otro momento —dije, procurando sonreír para él. No tenía la culpa de nada. Por lo mismo, decidida a poner punto final a todo de una buena vez, le pedí comprensión—. Necesito que vayas al apartamento y me esperes ahí. —Él me miró con desconcierto—. Yo... debo hacer algo.
—Pero...
—Por favor.
Se veía preocupado.
—¿Todo está bien? Suhail, yo...
—Estaré bien y continuaremos con esto a solas, ¿sí?
En donde no me hagan sentir la maldita villana.
—Suhail...
—Te amo. —Lo besé—. Gracias por todo.
No estaba muy seguro de querer hacerlo, sin embargo, pese a las dudas, mi prometido se marchó y yo me quedé ahí... esperando. La gente del staff me ofreció un asiento, pero no acepté. No podía estar sentada, daba vueltas en mi lugar cual bestia enjaulada decidida a morder... a vengarme.
«¿Cómo pudo?» Pensé que estaba ayudando y lo que hizo fue arruinarlo, arruinarlo como siempre lo arruina todo.
—¡Suhail! —Escuché que llamó alguien y vi a Ling correr hacia mí—.
Estaba en el otro lado —explicó, señalando el final del pasillo—. Vi todo.
¡ Wow! Me encantó.—Su sonrisa desapareció cuando se percató de mi molestia—. ¿Qué pa...?
—¿Lo sabías? —le pregunté, furiosa—. ¿Sabías que Max... que Max aparentemente me ama?
—¿Aparentemente?
—¡Sí, aparentemente! ¡Es un cretino! Solo dime si lo sabías, Ling.
—No soy su confidente, Suhail —se disculpó ella—. Nada más puedo hablar de lo que he visto y...
—¿Y?
—Creo que... sí.
¿Sí?
—¿A qué juega? —reí sin humor—. ¿Sale con la rusa, croata o búlgara esa y ahora le duele que yo me case?
—¿Hablas de Mirel?
—¡Como se llame la tipa!
—Suhail, es su amiga. Mirel no solo hizo amistad con Max, todos se llevan increíble con ella. La noticia que salió recién de que vieron a Max salir de su hotel está a medias, Eric y Sam también estuvieron allí. Se reunieron por trabajo. Mirel posiblemente sea la modelo de uno de los vídeos de la banda. Aunque de los tres se lleva más con Eric. Ella cree que le puede ayudar con... algo —añadió Ling, nerviosa—. Pero claro, para los medios resulta más atractivo decir que sale con Max.
Más para procesar.
—¿Ayudar a Eric con qué? —quise saber.
—Creo que Mirel y yo somos las únicas que nos hemos dado cuenta —
titubeó Ling—. Bueno, también la prensa, aunque...
—¿Eric en realidad sí es gay? —solté sin más.
Mi amiga asintió.
—Llevo una cámara a todos lados para grabar el momento en el que se atreva a decírselo a Sam y a Max. Él es muy amigo de Mirel. Mucho más que Max. De hecho, como te decía —Ling tragó saliva—, creo que Mirel se acercó a Max porque...
«Oh, Dios».
—Es mucho para procesar —dije, cortando la explicación y me crucé de brazos. No quería sumar los problemas sentimentales de Eric a los míos.
Simplemente no.
—¿Escuchaste la parte en la que dije que Max aún siente cosas por ti?
—Sí y basta... ¡Basta ya con eso!
Le expliqué a Ling mi motivo para estar ahí y para no discutir más se alejó. No necesitaba que ella o alguien más intentara convencerme de dejar las cosas así. Necesitaba maldecir, patear y golpear. Fueron demasiados años aguantando.
Cuando el concierto terminó la gente del staff celebró. Minutos después músicos, coristas, Eric, Sam... Todos, al salir del escenario, pasaron por
donde estaba de pie yo.
—Suhail, la chica de los globos —intentó saludarme Sam, pero lo ignoré con enfado—. Okey... —se disculpó— supongo que, bueno... Eric, vámonos —llamó al otro y continué esperando a Max.
Él fue el último en bajar y, tal como esperaba, le sorprendió verme.
Estar cerca volvió a incrementar mi furia, por lo que antes de que su mánager o asistentes se aproximaran, me situé frente a él y lo abofeteé con fuerza.
— Wow —bufó, riendo.
En pocos segundos tuve a mi derecha a gente de seguridad; no obstante, Max les detuvo y, acariciando con dolor su mejilla, me pidió acompañarlo a su camerino para hablar en privado.
El staff me miró con miedo al atravesar la sala, era la chica que abofeteó a su estrella.
—¡Eres un malnacido! ¡Cretino! ¡Egoísta! ¡Pedazo de caca! —le grité en cuanto entramos al camerino y puso pestillo a la puerta.
Él tranquilamente procedió a coger una toalla para secar el sudor de su cuello, después se sacó la chaqueta, la camiseta y hasta desabrochó y bajó sus vaqueros.
—¡No te atrevas a ignorarme mientras estoy hablando contigo, Max Solatano!
—Me estás gritando—me corrigió, cogiendo una botella de agua para a continuación beber hasta la mitad.
Sentí mi presión subir. No sé si debido al enojo o su abdomen bien trabajado, pero subió.
—¡Te-Te lo mereces! —balbuceé procurando no detenerme en sus bíceps.
—Soy todo oídos —aseguró, dejando caer agua sobre sus hombros. Tenía más tatuajes de los que recordaba, incluyendo una «S» sobre su pecho.
¿Una S de Superman? ¿De Solatano? ¿De Suhail?
—¿Qué fue eso? —exigí saber, tratando de enfocarme en lo importante.
—¿Qué cosa?
Tener que explicar me enfadó más.
—¡Tú sabes qué! —Lo siguiente no salió fácil—: ¿Tú... me amas?
Lo dije con dolor y odio. Él no lo esperaba.
—Como un loco —admitió, dejando caer la toalla ahora húmeda.
De nuevo sintiendo picar mis ojos, recordé cada cosa sobre el escenario.
—¿Me amas tanto que...?
—Sí —zanjó sin dejarme terminar.
«Sí».
Empuñé mis manos y me solté a llorar de enojo.
—¡Lo arruinaste! —le grité—. ¡Otra vez lo arruinaste!
Mis palabras le dolieron y no lo disimuló. Ni siquiera trató de detenerme.
—Yo...
—¡Fuiste tú el que nos separó y ahora te consuelan! —le recordé, agitando mis brazos. Odiaba que él o sus amigos me hicieran sentir la villana.
—Suhail...
—¡Me traicionaste!
—Todo tiene una explicación.
«Maldición. ¿Una explicación?» Cubrí mis ojos. «¿Por qué?»
—Qué me vas a dar ahora mismo —exigí.
—Te escuché hablar con tu mamá —empezó. Sus palabras eran apenas un susurro—. Ella te pidió que me dejaras para no perder la oportunidad de estudiar en Londres. —Lo miré furiosa—. Entonces...
—¿Lo que pasó lo fingiste? —demandé, queriendo ya una respuesta.
—Sí... Por ti.
—¿Por mí? No, Max ¡NO! ¡No lo hiciste por mí! ¡Lo hiciste por ti! —
estallé—. ¡No querías enfrentar la situación! ¡Temías ser menos! ¡Menos!
Y cuántas veces le dije que no lo era.
—Suhail, yo...
—¡Me apartaste por inseguridad y yo te amaba! ¡TE AMABA!
Mi alma dolía tanto. Todavía duele.
—No. Aún me... —Él se negaba a creerlo.
—¡No, ya no! Tú me lastimaste. Me lastimaste a pesar de que hubiera hecho cualquier cosa por ti. ¿Me oyes? ¡Cualquier cosa!
—¡Y ese era el problema! —quiso explicar él, pasando una mano sobre su cara para, un segundo después, tomar mis manos—. ¡Tú hubieras hecho cualquier cosa por mí y yo no quería ser una carga!
—¡No eras una carga, estúpido! ¡Eras mi todo!
«Mi todo, maldición, mi jodido todo».
Giré sobre mis pies como si buscara dónde esconderme. Odiaba que me viera llorar.
—Tú también eres mi todo. Lo que hice lo hice por ambos —se justificó, tirando de su cabello con desesperación—. Yo no... En ese momento lo tenía claro, Suhail —dijo más fuerte—. No quise que...
—No me dejaste elegir —devolví, sintiendo otra vez la ira en aumento—.
No me creíste capaz de...
—¡Te juro que no solo lo hice por mí! —insistió, con voz suplicante—.
Solo quería verte feliz...
—¡Era feliz contigo! ¡Con todo y tus estupideces aprendí a amarte!
¿Por qué tuvo que hundirnos?
—Mi amor... —continuó.
—¡No! ¡No me digas «mi amor»! —protesté, callándole... hiriéndole—.
¿Tienes idea del tiempo que me llevó dejarte atrás? ¿Tienes idea de cuánto tardé en aceptar salir con alguien? Y ahora que las cosas marchan bien vienes otra vez a arruinarlo todo.
—No —enfatizó, juntando sus manos como si fuera a rezar—. No me voy a entrometer entre ustedes y el bebé...
—¿Bebé? —Retrocedí y mi quijada casi cayó al piso—. ¿Qué bebé?
—Estás embarazada —dijo él, limpiando su nariz y señalando con insistencia mi vientre.
«¿QUÉ?»
—Yo... —Estuve a punto de abofetearle por segunda vez—. Que esté pasada de peso no te da derecho a...
—¡Finley me mostró la ropita y los biberones!
«¡La puta que los parió a ambos!»
Max lo dijo tan seguro que, cansada de todo, coloqué mis manos sobre mi cara y maldije fuerte.
—¿No hay bebé? —preguntó él entonces.
—¡No! Pero solo entraré en detalles con Finley.
En cualquier caso, Max ahora estaba sonriendo.
—Maldito —dijo—. Me hizo ayudarle a pedirte que se casen. Pensó que...
—Y me voy a casar con él —aclaré, levantando mi barbilla con dignidad
—. Que exista o no un bebé no cambia nada.
—Suhail...
—Nos amamos.
De pronto hubo silencio, ni Max ni yo dijimos algo durante largos segundos. Él solo me miró como si quisiera decir todo y nada al mismo
tiempo.
—De acuerdo.
—¿Algo más que agregar? —pregunté, mirando la puerta—. Quiero...
Fue en ese momento cuando, estando yo desprevenida, me tomó por la cintura y me estiró hacia él hasta conseguir que chocáramos; luego me hizo girar hasta quedar nariz con nariz y me plantó un beso.
Un beso que parecía tener como objetivo arrancarme los labios.
Reaccioné e intenté alejarlo, pero me sujetó más fuerte y me alzó como si no pesara nada. Lo rodeé con mis piernas y, rindiéndome, dejé de pelear.
¿Estaba mal? ¡Claro que estaba mal! Pero fuimos de menos a más necesitándolo.
Me desarmó notar su erección. Max, a diferencia de Finley, en el sexo siempre ha jugado sucio y sabe provocar. Empezó dejando besos a lo largo de mi mandíbula, mi mejilla y mi cuello... No podía más. Ahora tenía ganas de acercarlo a mí para que me besara en cualquier lugar inimaginable; y él lo intuyó, porque me llevó en volandas al sofá y me dejó caer encima para, inmediatamente, hacerse con mi cinturón y bajar sin problema mis vaqueros.
—Color piel —exhaló al ver mis bragas. Yo no dejaba de verlo. Me excitó ver su deseo. Lo admito, no quise parar.
Me colocó a modo de que mis piernas colgaran del sofá y de un tirón me sacó las bragas sin apartar su vista de lo que estas inútilmente estaban protegiendo. Enseguida aproximó lentamente su mano y me acarició; primero con las yemas de los dedos, enviando de esa forma cosquilleos a la parte baja de mi espalda y consiguiendo que me abriera más para él.
Después fue más creativo, haciéndome contraerme y respirar más fuerte.
—Eres hermosa, Suhail.
Temblábamos; quizá por la conmoción, quizá porque había pasado tiempo desde la última vez. No importó. Él lamió sus labios y, acariciando mis muslos, se acercó a mi entrada y empezó a lamer, provocando que lo acercara hacia mí para que no dejara nada sin venerar.
—Max…
Me contraje y gesticulé inútilmente que parara. De esa manera, terminé para él. A continuación, se incorporó, se sacó los calzoncillos y me dejó verle completo.
—Dios, Max.
—Sí, así me llaman.
—Maldito —reí y él conmigo.
Todavía jadeante, me saqué la blusa y el sujetador mientras él acariciaba con su descomunalidad mi entrada.
Me hacía sufrir.
—Max—lo llamé, rogando detener la tortura ya. Lo necesitaba dentro sin importar nada más.No obstante, su mirada, como era su costumbre, estaba perdida entre mis tetas.Lo quería matar, lo hacía a propósito, en sus labios había una sonrisa que denotaba orgullo por todavía enloquecerme mejor que nadie.
Golpeé la mano con la que sostenía mi cadera y, luego de acariciarme una vez más, se abrió paso como solo él sabe, deliciosamente doloroso y lento.
Le recibí irguiéndome como hacía mucho no lo hacía, sintiendo el cielo y el infierno al mismo tiempo.Entonces se dejó caer sobre mí y empezó moverse de tal forma que mi pecho entero saltaba solo hacia sus labios. A eso le siguió nombres mal pronunciados y una deliciosa y pegajosa humedad.
Al llegar a la cúspide grité con vehemencia su maldito nombre una vez más y él tomó mis labios para volver a beber de ellos.
—Max. —Su nombre, tras calmarse lentamente mi corazón, salía cada vez con menos dificultad—. Max…
Él terminó la tercera vez que le llamé, haciéndome apretar con fuerza sus brazos, dejando caer su frente sobre la mía.
—Te amo —dijo, por último, tomándome con más suavidad.
*****
Me había dormido en sus brazos y al despertar ya no quedaba lugar para la insensatez, por lo que, sintiendo culpa, me liberé de él; salté del sofá y busqué entre sus cosas mi ropa. Él se encontraba despierto. No dijo nada, solo me miró ponerme todo de vuelta.
—No digas que esto no debió pasar —pidió cuando terminé de acomodar mi cabello.
Mis piernas aún temblaban. Por lo demás olía a él y a culpa.
—Considéralo una despedida y aléjate —fue lo único que dije y me marché.