Max & Suhail
120. Suhail
La caja de cartón fue colocada de tal forma que pude atisbar una parte de su contenido.
—Así que eres de pelaje amarillo —dije y al escuchar mi voz el gato procuró enroscarse más para alejarse de otro humano sin corazón—. Tienes miedo. Tranquilo —lo calmé al mismo tiempo que apretujé los labios para obligarme a no llorar—. No te obligaré a salir de ahí si no quieres —
prometí—. Sal cuando te sientas listo. Los dos lo haremos.
120. Suhail
Antes de volver a casa visité a Sam para saber si hubo algún avance. Pero todo seguía igual. Nuestro amigo no despertaba.
No le platicábamos de Sam a Max para no afectar su propio proceso de sanación. Sanación emocional, principalmente; pues ya cargaba con mucho al no poder caminar. Además, tuvo la suerte de que el conductor del camión no presentara cargos, tampoco lo hizo la familia de Sam. Para todos, tanto Max como Sam ya habían resultado lo suficiente afectados.
La mamá y la hermana de Sam estaban por marcharse luego de escuchar más peticiones de paciencia y palabras de aliento por parte del médico y las enfermeras. «Ahora todo depende del paciente», dijeron. Las saludé y entré a la habitación de Sam. Dentro vi a Ling esperando, esperando quizá un milagro.
Sam había estado enamorado de Ling por años, esperó con paciencia a que ella le diera una oportunidad y era triste pensar en eso al verlo en ese estado. «Despierta, Sam». En cualquier caso, Ling tampoco era mala persona por haberse negado a iniciar una relación con Sam, no estaba obligada a querer a alguien, pero su mirada pérdida y llena de dolor me indicaba que ella misma parecía estar arrepentida de sus decisiones.
—Se ve más delgado —dije para que notara mi presencia.
No quise verme como una entrometida si es que mi amiga tuviese un momento personal ahí a solas con Samy, como solía llamarlo ella. No obstante, para mi sorpresa, escuchar que Sam lucía más delgado solo la hizo llorar.
Comencé a disculparme.
—Oh, Dios, no quise...
—Está bien —dijo ella y secó sus lágrimas. Se hallaba sentada junto a la cama de Sam, que estaba inmóvil, entubado y rodeado de aparatos—. Me lo merezco.
«Culpa». Ling sentía culpa.
—No hables así. —Me senté a su lado para consolarla—. Nunca le deseaste ningún mal a Sam.
—No lo quise lo suficiente.
—No tenías que estar con él por lástima. Él no lo hubiera querido.
Ling se echó a llorar con más fuerza.
—No hables como si hubiera muerto —me pidió, dolida.
Miré a Sam con pena. Ling tenía razón. Escogí mal mis palabras.
—Perdón. Yo...
—Sé que tu intención no es mala. —Ella tomó la mano de Sam—. Solo me desespera no poder hacer nada. Me desespera esperar. Él es un gran amigo. Nos tenemos mucha confianza, sabes. Yo le cuento mis cosas y él hace lo mismo conmigo. Pero ahora lo veo y siento que no lo valoré lo suficiente. Hay tantas cosas que quisiera decirle ahora mismo —reconoció
—. Tantas cosas que jamás debí callar.
—Díselo.
Ling asintió.
—Lo hago. Me confieso cada vez que estamos a solas.
—Es un gran amigo —destaqué lo mejor de Sam en un intento de hacerla sentir mejor—. Mira que soportar a Max.
Ling bajó la mirada.
—Pocas personas aman como ama Sam —aseguró, como si lo defendiera de ella y de todos—. Él me escribía poemas, canciones... La contraseña de su computadora es Ling —recordó, dejando salir una risa triste—. A mí me apabullaba. No estaba lista para amar a alguien de esa manera. Amar así como merece Sam que lo amen.
—¿No estabas lista? —pregunté—. ¿Ahora lo estás?
—Tal vez. Ahora solo quiero que esté bien. Me asusta que no despierte.
Lo extraño. ¡Lo extraño tanto! —Toda ella reflejaba dolor—. Es como si...
como si me quitaran el aire. —Ling soltó la mano de Sam y llevó las suyas al pecho—. Saber que siempre estuvo ahí pendiente de mí. —Lágrimas de impotencia caían de sus ojos—. Ahora me falta. Es como si eso me faltara
para funcionar. —Después de decir eso me miró—. Me identifico con Solatano luego de haber perdido su pierna. La necesita para funcionar.
»Yo también perdí algo importante. ¡Necesito gritar, Suhail! Necesito gritar y llorar por no poder hacer nada. —Ella miró a Sam—. ¡Lo estoy perdiendo!
—Ling... —La abracé.
—Max por lo menos está despierto. Sam corre el riesgo de no regresar jamás.
—No digas eso —la consolé. También me dolía no poder hacer más por ella o por Sam—. No pierdas la esperanza. Jamás la debemos de perder.
—Sam es un cretino —agregó, esta vez viendo a Sam con molestia. «¿Cómo?» No podía poder creer lo que estaba oyendo—. Ahora comprendo su plan siniestro. —Limpió sus lágrimas.
Abrí mucho los ojos.
—¿Su plan siniestro?
—Sí —dijo, señalando a nuestro amigo con dedo acusador—. Todos esos años que esperó una oportunidad los usó para meterse tan dentro de mí que ahora que me hace falta siento que no puedo ni respirar.
Limpié lágrimas de su cara.
—Lo amas —comprendí.
—Mucha gente dice que amar es no poder vivir el uno sin el otro, y no estoy de acuerdo —dijo—. Para mí amar es poder elegir estar sin alguien pero no hacerlo porque estar a su lado hace que cada día valga más. Todo es mejor con una persona especial cerca, y mi persona especial es Sam. Puedo vivir sin él. Sé que puedo —aseguró—, pero no quiero, Suhail. Para mí la vida es más hermosa con Sam escribiendo canciones sobre todo lo que nos une.
—Puedo ver eso.
—Lo que me recuerda que por eso no comprendo lo que sientes por Max.
Él hace peor tus días. Él en definitiva hace peor tus días.
Suspiré con pesar. Pero antes de que dijera algo, sacando del bolsillo su teléfono móvil, Ling añadió:
—Y no sé si ese cerebro de cacahuate te ama como tú mereces, pero sé que algo siente por ti.
Me pidió mirar una conversación con la fecha del día del accidente:
Sam: Me vas a matar :(