Max & Suhail

Tatiana M. Alonzo · Capítulo 62 de 146

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Max & Suhail

84. Suhail

«DILE A TU MAMÁ QUE MUESTRE TU CASO EN SU

PROGRAMA».

«RIDÍCULA».

No lo podía creer. Me volví sobre mis pasos para buscar a Suhail. Se encontraba de pie en medio del pasillo mirando uno por uno los carteles. Y

lo vi en su cara. Mientras las risas iban en aumento, ella solo intentaba contener las ganas de llorar.

84. Suhail

No tenía palabras. Me sentía como si mis pies fueran dos enormes bloques de cemento y como si un nudo obstruyera mi garganta. Ling tomó mi mano como muestra de apoyo, no obstante, eso provocó más risas. Compañeros de nuestro propio salón comenzaron a llamarnos marimachas.

Me sentí morir.

En el piso también vi tiradas fotocopias de la revista cuya portada mostraba a mamá. Y seguían cayendo más y más. Busqué con la mirada de dónde venían, y la fila que trazaban las fotocopias me guio hasta Jessica Russo y sus amigas.Ling apretó con más fuerza mi mano.

Y por más que me obligué a no hacerlo, no me contuve y busqué la mirada de Max.

«Tu novia y sus amigas me están haciendo esto».

Él miró de Jessica a mí... y bajó la mirada.

No lloré al escuchar las murmuraciones.

No lloré al sentir las miradas curiosas.

No lloré al leer las burlas y las críticas.

Pero no me contuve y sí comencé a llorar al darme cuenta de que Max no iba a hacer nada.

85. Max

No sé cómo justificarme. Es más, sería un insulto que intentara justificarme. La vi derramar lágrimas y no hice nada.

Aunque sí les diré que las palabras que no dije me quemaron por dentro.

Ese día morí por dentro. Ese día dejé de ser un niño. Ignoré mis sentimientos y mi corazón, como castigo, se encogió un poco.

—Mírenla, está llorando —se burló Jessica entre risas. Ella y sus amigas.

Apreté el puño. Era demasiado para mí. Me estaba comportando tan vilmente, tan cobarde... que lentamente fui dejando morir mi inocencia.

Ling consoló a Suhail mientras yo daba pasos hacia atrás para alejarme.

Tenía muchos ojos sobre mí y, contrariamente a Suhail, cedía fácilmente ante la presión de grupo.

Yo quería conservar a mis amigos. Yo quería ser «genial». Yo... tenía mucho que aprender sobre el amor, los amigos... y la vida.

En lo que me alejaba, Suhail, mostrándose valiente, se limpió las lágrimas y se aproximó a uno de los carteles:

— Azco se escribe con S, no con Z —dijo, mirando a Jessica.

«¿Por qué tenía que empeorarlo todo y meterse con ella?»

—A nadie le importa, fenómeno —le contestó Jessica, feliz de que yo no hiciera nada pese a que Suhail esperaba lo contrario.

Decepcioné a Suhail.

Me sentía como los mil demonios. Mis manos temblaban. Estaba jodidamente molesto con Jessica, pero, todavía peor, no era consciente de que me convertía en mi peor enemigo. Hice las cosas mal y las seguiría haciendo mal.

Sam me encontró minutos después.

—Pensé que ayudarías a Suhail —dijo, molesto.

¿Por qué pensó eso? Suhail y yo no éramos amigos. Suhail y yo... Es complicado. Me gustaba estar con ella. Me preocupaba por ella. Y me gustaba, sí. Pero... me avergonzaba de mis sentimientos. Esa es la verdad.

No quería ser ridiculizado por mis sentimientos.

Le pedí a Sam que, sin preguntar por qué, me siguiera hasta la parte trasera del colegio. Nos detuvimos en medio del espacio en el que el conserje acomoda los recipientes para la basura.

—¿Por qué est...?

No permití que Sam terminara su pregunta. Furioso, comencé a patearlo todo.

—¡MAX!

El gordo me llamó un par de veces más por mi nombre, pero lo ignoré. Se veía asustado. No me importó. Necesitaba dejar salir mi ira... No me calmé hasta sentir dolor en las manos. Pateé y golpeé todo hasta el cansancio.

Estaba furioso conmigo mismo y con Jessica.

—¡Pero me las va a pagar! —prometí.

Me odiaba. No quería pensar. No quería recordar a Suhail llorando.

—¿Qué-quién? —preguntó Sam.

El gordo no podía creer verme tan furioso.

—Jessica —dije, masajeando mis puños para calmar un poco el ardor—.

Jessica y esas sanguijuelas a las que llama amigas.

—¿Qué-qué vas a hacer?

—Ya verás, Sam. Ya verás.

Cuando regresamos a los pasillos del colegio me percaté de que los carteles con insultos hacia Suhail ya no estabany tampoco había fotocopias en el piso. Todos habían retomado su camino hacia los salones de clases.

Algún profesor intervino.

Procuré conservar la calma y busqué a Jessica y a su grupo de amigas. Las encontré chismoseando cerca de la puerta de tercero.

—¡Oh, Max! —me saludó efusiva—. ¿Leíste la entrevista que le hicieron a la mamá de Suhail? Hasta la llamó adorable error.

«¡¿Qu e hizo qué?!»

—Dijo que ama a su hija, pero que lo habría hecho todo diferente de regresar el tiempo atrás —continuó Jessica. Sus amigas rieron. Yo las ignoré y le dirigí una sonrisa a Sylvi—. Es tu vecina, ¿nunca la viste comportarse raro?

—No —dije, en apariencia distraído—. Ahora, ¿qué te parece si todas entran a su salón y me dejan hablar a solas con Sylvi?

Sonreí con galantería a las demás chicas.

Jessica se veía confusa.

—¿Hablar a solas con Sylvi?

Puse cara de inocente.

—Es tu mejor amiga, ¿no? Hablaremos sobre tu cumpleaños.

—¡Oh, Max!

Creer que le iba a organizar algún tipo de reunión hizo a Jessica saltar y se apresuró a llevarse con ella al resto de chicas, dejándome a solas con Sylvi,

que todavía tenía una sonrisa en su cara, porque acababa de guiñarle un ojo.

Esto iba a ser fácil.

—Con que quieres hablar del cumpleaños de Jessica — susurró en mi oído, coqueta.

Demasiado fácil.

—En realidad quiero hablar de todo menos de Jessica —respondí rodeándola con mi brazo.

Sylvi se escandalizó escasamente, o al menos fingió hacerlo, pero no se alejó. Punto a mi favor.

—Max...

La vi jugar con su pie.

Me acerqué a su oído y dije:

—¿O no quieres que salgamos?

No se sorprendan. Ya dije que era un idiota.

Sylvi sonrió con timidez. Aunque era todo menos tímida.

—¿Y Jessica? —preguntó en voz baja. Pero ese tono no era de culpabilidad. Ella quería hacer esto.

Miré hacia mi derecha e izquierda y dije:

—Pues yo no la veo por ningún lado.

Eso hizo reír a Sylvi y bastó para que se colgara de mi cuello. La besé. Y

al mirar sobre su hombro busqué la mirada de Sam. Su cara era de decepción. Fingí no comprender.

Me despedí de Sylvi intercambiando números de teléfono y regresé al lado de Sam, que de inmediato me exigió una explicación.

—¿Qué se supone que estás haciendo?

Puse cara de indiferencia.

—Ya les había dicho a ti, a Eric y al idiota de Edgar que me gusta más Sylvi.

—Pero a mí me dijiste que...

Lo detuve antes de que mencionara a Suhail.

—Yo no puedo estar con ella, Sam.

—¿Por qué?

Pensé en mis razones:

—Está loca. Llama la atención de forma equivocada... Ella es...

complicada. ¡Es Suhail!

—Es linda.

—De belleza rara —admití, riendo—. Su cara, su cabello...

—Es diferente.

—Es extraña —dije, molesto. No sabía de qué manera llamarla.

—Dilo —dijo Sam.

—¿Que diga qué?

—Que te parece fea.

Sentí como si algo me quemara por dentro.

—Sam...

—Di que te avergonzaría decir que la quieres por miedo a lo que digan —

insistió—. Admite que no soportarías que se rieran de ti.

«No, no lo soportaría».

—¿Tú sí, Sam? ¿Tú lo soportarías?

Sam hizo que nos detuviéramos y se volvió para mirarme de frente:

—¿Crees que no me doy cuenta de que Ling me huye porque estoy gordo?

« Ouch».

Miré al gordo intentando no verlo tan gordo. Porque sí, yo también hacía bromas sobre su peso. Pero me arrepentí al instante.

—Sam...

—Compuse una canción para Ling —me contó, añadiendo que tenía que guardar el secreto.

Me sorprendí.

—¿Una canción? ¿En serio?

Sam asintió. Se veía triste.

—Pero ella no la va a escuchar porque prefiere verme como lo que cree que soy que escucharme con su corazón.

Me cago en todos mis muertos, el gordo me había salido poeta.

Pasé las manos sobre mi cara pensando qué decirle. Yo no sabía consolar.

Sam dijo que no era necesario decir algo.

—Ya has defendido a Suhail, Max —me recordó.

Solté una risa seca. Lo que me faltaba.

—¿Por qué de pronto todos me quieren recordar las estupideces que hice de niño?

Él negó con la cabeza y pasó de mí.

—¿A dónde vas?

—Tengo que ir por unos horarios —se despidió.