Max & Suhail
152. Suhail
Ling esbozó una mueca de asco.
—Aagh.
—Prometiste que nos acompañarías a Londres —le recordó Sam, siendo el caso que Suhail había sido mencionada. Ling hace mucho quería visitarla.
—Lo que nos faltaba —dije yo—. Mei Ling de un lado para otro con nosotros en su mejor papel de Yoko.
—Por supuesto —anunció Ling, cruzándose de brazos—, ¿o quién va a filmar tu miseria al intentar no respirar el mismo aire que mi amiga?
— Ja, ja, ja —gruñí y me acerqué a la laptop para cerrarla—. Sayonara, Yoko.
—¡Oye! —me reclamó Sam.
—Basta de chicas —advertí, negándome a que levantara otra vez la tapa de la laptop—. Hoy vamos a hacer cosas que haría una banda normal.
Quiero ideas.
—¿Sexo desenfrenado con brasileñas? —sugirió Eric, acercándose a la ventana para echar otro vistazo a Río de Janeiro.
—O drogas —dije yo, fingiendo buscar en mi bolsillo—. Marihuana.
Cocaína. Heroína... cualquiera cosa que termine en - ina.
—Pues... en el supermercado aquí cerca compré un Monopoly —dijo Sam, como parte de su propuesta y buscó dentro de su maleta—. Podemos jugar.
Eric y yo nos miramos y ponderamos el Monopoly junto a las drogas y las brasileñas.
—Seee, Monopoly está bien —dije, dejándome caer sobre la cama del gordo.
—¡Pido tirar primero! —dijo Eric, tomando los dados.
Y eso hicimos.
Como cualquier banda de rock en ascenso, jugamos al Monopoly hasta muy tarde y comimos nueces secas que encontramos en el minibar.
152. Suhail
No me podía concentrar. En dos días llegaba Max a Londres y por más que le hui le tuve más presente que nunca. Lo vi en afiches, vallas, revistas, anuncios en televisión y en internet. La publicidad por la visita de Raptor estaba por todos lados.
En el transporte colectivo también escuché a una chica asegurar que escribe una historia sobre ella y Max, y jura que un día van a casarse. Lo mismo más chicas. Lo idolatran con camisetas, gorras, poemas...
¿Cómo vivir así? Incluso si cierro los ojos para ya no verlo me percato de que alguien puso Play a alguna de sus canciones. No obstante, la prueba de fuego había llegado: ignorarlo cuando lo tenía más presente. Debía demostrarme a mí misma que tener a Max cerca no me afectaría.
En la oficina, sin poder concentrarme en algo más y, lo admito, siendo un poco masoquista, escribí «Max Solatano» en un buscador. Ahí estaba. En dibujos, en sesiones de fotos, en conciertos. Serio, riendo, callado, hablando... cantando. Se veía feliz. ¿Cómo no iba a estarlo si había conseguido todo lo que siempre quiso?
Me pregunté si aún lo amaba. Busqué dentro de mi corazón y me pregunté con toda sinceridad si aún sentía algo por él...
Miedo.
Lo que siento dentro solo lo puedo describir como miedo. Aún hay dolor.
Pese a todo, también siento mucha tranquilidad al verle bien, superando obstáculos. De igual forma me pregunté si él me amaba. ¿Me quería, aunque fuera un poquito?
«No seas idiota», me regañé todavía mirando una de sus fotos. «Le estorbabas».
Sentí ganas de llorar, sí; pero me controlé. Había pasado gran parte de mi vida cerca de Max pese a su mal carácter. Era hora de ser consecuente y no dar ni un paso atrás.
—¡Positivo! —gritó Laura desde la puerta del baño, consiguiendo sobresaltarme. Nos encontrábamos solas en la oficina. Me puse de pie, caminé hacia ella y la abracé.
—Felicidades —dije con sinceridad. Ella llevaba años intentando tener un bebé y esa era la cuarta vez del día que se encerraba en el baño para comprobar que la primera prueba, la segunda y la tercera no fallaron. Mi jefa estaba embarazada.
—Y al salir me haré un examen de sangre para confirmar —dijo dando saltitos—. Con esa no hay error.
—Estás embarazada —le confirmé. No quería que dudara y sus ojos brillaron con alivio—. Es tu momento, ¿de acuerdo?
Yo iba a estar pendiente para que esta vez el embarazo progresara sin problemas.
—Lo que me hace cuestionarme: ¿Todavía quieres ir al concierto de Raptor?
—¿Estás loca? —sonrió, abriendo mucho los ojos—. Incluso quiero ir al aeropuerto a gritarle a Max Solatano que este bebé es su hijo —agregó, haciéndome reír.
«Deja de buscar excusas para no ir al concierto, Suhail», me regañé, «te prometiste enfrentarlo».
—Ahí estaremos entonces.
«Debo enfrentarlo».
—Hazme un favor —pidió mi amiga volviendo al tema del bebé y caminamos juntas de vuelta a su escritorio—. Ayúdame a organizar cómo le daré la noticia a Josh. Debe ser especial. Sabes lo mucho que esperamos a este peque.
—Peque —repetí, sintiendo ternura.
—¿Ves? —rio ella, nerviosa—. Hasta ya le tengo apodo. «Peque».
Me podía imaginar sintiendo la misma emoción al saber que tendría un hijo o hija.
—¿Qué tienes pensado?
—Para no volver a correr riesgos quiero esperar a que el embarazo esté avanzado. —Una pizca de tristeza se asomó a los ojos de Laura al recordar las pérdidas anteriores, aunque por fortuna ella la alejó rápido—. Pero debe ser inolvidable.
—Cuenta conmigo para eso.
A mediodía salimos a comer para celebrar. Incluso brindamos con jugo de manzana. Ella no podía pedir más y de regreso a la oficina, como toda madre primeriza, no se resistió y en el camino se detuvo a ver la ropa para bebé que encontró en cada vitrina. Fue como si al saberse embarazada un detector de cosas para bebé se activara en ella. Compró todo… De acuerdo, no todo, pero sí más de lo que podíamos cargar.