Max & Suhail
136. Suhail
Advirtiendo mi incomodidad, Suhail sacó un recipiente de pompas de jabón, lo abrió y sopló. Al instante muchas pompas nos rodearon. Me miró y nos sonreímos. ¿Había preparado esto?
No se veía triste o molesta porque no estuviéramos bailando, solo parecía feliz de estar ahí con Sam, con Ling... y conmigo.
—¿No quieres bailar? —le pregunté, sintiendo mi corazón doler un poco.
—Nunca he sido de las que mueren por bailar y lo sabes.
—Pero Sam y Ling están bailando —señalé a los novios en el balcón—.
Ellos también.
Suhail, sin dejar de sonreír, se puso de pie, se apoyó en mi silla y enseguida se acomodó sobre mi regazo. Mi regazo.
—¿Pero cuántos están haciendo esto? —nos señaló—. Puede que haya muchas parejas bailando, pero ninguna chica está sentada sobre el chico más guapo de todos; frente al mar, con una puesta de sol mientras les rodean pompas de jabón.
Volvió a sacar de su bolsillo el recipiente plástico y me hizo hacer más pompas. Seguidamente la abracé por la cintura y la atraje hacia mí para juntar nuestras frentes. «TE AMO, SUHAIL», dije para mis adentros.
Después acerqué mi boca a sus labios para besarla. Tenía como novia a la mujer más dulce, comprensiva y perfecta...
... y, por idiota, estaba a punto de perderla.
136. Suhail
No dormimos en ningún hotel, decidimos quedarnos bajo el cielo estrellado, teniendo como cama la suave arena blanca. Creo que ese uno de los momentos más románticos que he vivido hasta ahora... y fue con Max.
La mayor parte de los recuerdos de mi vida incluyen a Max. ¿Cómo iba a ser fácil olvidarlo? ¿Cómo si muchas partes de mí aún lo anhelan un poco?
Hicimos el amor sobre la arena con el frasco de pompas de jabón derramándose a un costado; sin testigos, pues Sam y Ling avisaron que irían a caminar por ahí para dejarnos solos. Eso son amigos.
Al terminar, ayudé a Max a acomodarse sobre la silla de ruedas y lo empujé hasta donde golpeaban las olas. Él se sacó el zapato y hundió los