Max & Suhail
76. Suhail
Mamá había abierto mi ventana para dejar entrar luz y hoy, al salir, olvidé cerrarla. De todas formas, Suhail se veía triste y distraída... como si pensara en muchas cosas al mismo tiempo. «¿Tan mal la pone Edgar?», pensé. Eso me enfadó, porque el tipo es un idiota. ¿Qué pudo ver Suhail en él?
No era tan guapo como yo.
No era tan gracioso como yo.
Mucho menos tan divertido como yo.
Lo que me hizo pensar: «¿por qué Edgar y no...?»
Olvídenlo.
Entonces miré a Suhail como si en realidad la viera por primera vez.
Cabello rojo, cara pecosa y... un momento. ¿Ya le estaban saliendo tetas?
Quise parecer distraído cuando ella notó mi presencia. Sin embargo, al verme acorralado, por amabilidad me aproximé a la ventana.
—Hola —saludé.
Parecía sorprendida. Primero porque nunca la saludo, sospeché. Segundo porque llevo días ignorándola más que de costumbre.
—Hola —respondió esquiva, y se limpió una lágrima.
Hice girar los ojos. ¿En serio estaba llorando por Edgar? ¿POR EDGAR?
Me acomodé sobre el descansillo de la ventana con la guitarra en la mano.
—No vale la pena —dije, molesto. Suhail me miró sin comprender—. Es un imbécil. ¿Has visto a Liz? Ese es el nombre de su novia. Ella es justo lo que él se merece, Suhail. Tú... tú no eres la chica adecuada para él.
Dije cada palabra dándole mi completa atención a la guitarra. Miré hacia cualquier lado, excepto a Suhail. No tenía el valor para decir eso mirándola a ella.
76. Suhail
u What’s Up - 4 Non Blondes
¿Qué en el infierno le hizo creer que estaba enamorada de Edgar? No lo sé. Pero que creyera eso me hizo sentir a salvo de levantar sospechas respecto a él. Max Solatano no podía descubrir que yo...
Mejor no hablemos de eso.
—En el corazón no se puede mandar —contesté sin afirmar o desmentir nada.
Max claramente estaba molesto.
—Bla, bla, bla. Pero no llores por él —me regañó—. Es un idiota.
¿Llorar por Edgar? Por supuesto que no. Me reí.
—No estoy llorando por él.
El semblante de Max se relajó.
—¿Entonces... por quién? —preguntó, expectante.
Pensé en responder que eso no era de su incumbencia, pero necesitaba hablar.
—Mamá —dije.
Y es que francamente no me importaba hablar de mamá con Max. Él fue testigo de lo difícil que resultó tener una mamá como la mía.
—¿Qué hizo ahora?
Porque ella siempre hacía algo.
—Está saliendo con mujeres —le conté. La quijada de Max cayó varios centímetros—. Sí, esa misma cara puse yo.
—Está bien —dijo, entre sorprendido y divertido—. Eso es mitad noticia.
—¿Mitad? ¿Por qué?
—¿Nunca has visto su programa?
Negué con la cabeza.
—Tengo prohibido verlo.
—Y claro. Tú eres de las que si les prohíben algo hacen caso.
—¿Qué viste? —insistí.
—Eh —dudó, pero al final soltó la información—: Solo digo que... ha besado a mujeres en su programa. ¿De verdad no lo has visto?
—No. —Y ahora me arrepiento—. Solo sé que es un reality show que presenta casos.
Max resopló.
—Con títulos tipo: Mi mamá y yo estamos embarazadas de mi padrastro; Mi abuela es prostituta; Me quiero hacer una cirugía para tener ambos sexos al mismo tiempo...
—¿En serio?
—Admito que es divertido.
Tenía mis dudas sobre lo que Max consideraba divertido, sin embargo estábamos a inicios de los años 2000. No eran temas que se trataran
abiertamente en todos lados.
—Es normal, ¿no? —pregunté, queriendo encontrar respuestas—. Digo, que le gusten las mujeres.
—Supongo. ¿Ella qué te dijo?
Suspiré.
—Que estaba harta de vivir dentro de una mentira.
—Ouch.
—Lo sé.
—¿Y por eso estabas llorando?
Asentí. La vida era difícil siendo aún tan joven.
—Dijo que casarse con papá fue uno de los peores errores que cometió en su vida. Lo que no sabe es que...
—¿Qué?
Dudé en decirle a Max lo siguiente, pero...
—Muchas veces los escuché cuando peleaban. Por eso sé que... sé que se casaron por mí. Cuando ella... resultó embarazada de mí.
A Max le enfadó saber eso y agradecí su empatía. Es difícil sentirte una piedra en el zapato.
—¿Y eso es tu culpa?
De nuevo dudé.
—No, pero... ¿y si soy su razón para no haber sido feliz? Porque también dijo que no ha hecho pública su orientación sexual por mí.
—¿En serio?
Volví a asentir.
Max se preparó para empezar a ensayar y para mi sorpresa solo dijo:
—Pues eso es problema de ella, Suhail.
¿Problema de ella? Me lo cuestioné en aquel momento, pero ahora tiene sentido.
Por lo mismo, ese día me prometí no permitir que mamá me hiciera sentir culpable de sus decisiones.
—Oye, gracias —le agradecí a Max.
Él parecía incómodo por estar teniendo una conversación agradable conmigo. Y aunque no entendí por qué, no lo presioné para que hablara.
Aun así, ya claros en un punto, él insistió en volver a tocar el tema Edgar.
—Su novia es celosa —dijo.
—Supongo que eso también es problema de ella.