Max & Suhail
51. Max
—Debes practicar —repetí, esperando hiciera caso.
—Me echarás agua —me acusó.
Resoplé y saqué de debajo de mi cama la pistola de agua que años atrás le robé; sintiéndome preparada, caminé de vuelta a mi ventana y le apunté. Me miró sin poder creerlo y antes de que dijera algo salió el primer disparo de agua.
—Hagamos algo —propuse, sin dejar de reír—. Te echaré menos agua cada vez que mejores. Esa será la señal de que avanzas.
Max me sacó la lengua y con la camiseta se limpió el agua de la cara. Para mi fortuna, no parecía molesto. Al contrario. Parecía dispuesto a aceptar el reto.
—Bien —dijo, decidido—. Pero tendré que practicar día y noche esa y muchas otras canciones.
¿Una amenaza?
Arrugué mi nariz fingiendo preocupación.
—Bien. Supongo que deberé llenar otra vez la pistola.
Max ensanchó aún más su sonrisa y de nuevo comenzó a ensayar Hotel California. Me volví y caminé hacia mi puerta. Porque no era broma. En verdad iba a llenar de agua esa jodida pistola. Aunque no tenía prisa. Antes de salir miré sobre mi hombro, buscando ver otra vez a Max. Aún sonreía.
¿Suhail Didier por fin había hecho algo bien? Y decidí esperar. Apoyé la espalda contra la puerta y esperé a que Max terminara de tocar para ir a por el agua.
51. Max
La secundaria no era tan diferente a la primaria. Tenía muchos amigos y Suhail... Bueno, en la primaria nadie quería acercarse a ella sin motivo alguno. No obstante, en secundaria parecía ser lo opuesto. Allí se lo ganaba.
Por lo que, en aquel entonces, llegué a la conclusión de que Suhail ama que la odien. ¡Adora que la odien! Luego, con los años, me di cuenta de que estaba equivocado. Por el contrario, Suhail no tenía miedo de ser ella misma. Y admito que siempre la he admirado por eso. Yo cuidaba mis
palabras para no parecer estúpido frente a mis amigos. Callaba lo que realmente pensaba sobre muchas cosas para no perderlos. Suhail no.
Y lo demostró una mañana en clase de español:
—¿Alguien quiere leer su ensayo sobre discriminación? —preguntó el profesor. Miré de soslayo a quienes tenía más cerca.
Silencio absoluto. Estoy seguro de que había buenas propuestas sobre cómo evitar la discriminación, pero ninguno quería arriesgarse a que lo vieran como tonto por querer pasar al frente de la clase. Eso es algo interesante sobre los adolescentes: en el fondo son muy inseguros. Quieren sobresalir, pero la mayoría busca imitar a un líder que establezca cómo debe comportarse el resto. Y el que lleve la contraria no encaja. Así de simple.
Esa era la dinámica social en la secundaria... con excepción de Suhail.
Ella se puso de pie y pasó al frente con su ensayo en mano.
—No esperaba menos, Suhail —la felicitó el profesor.
Muchos rieron, pues tomaron como burla el halago del profesor. ¿Por qué? No lo sé. Hay que reírse de lo que diga el profesor. Eres tonto si lo tomas en serio.
Suhail se aclaró la garganta y comenzó a leer:
—La discriminación es un problema de desconocimiento. Más que odiar, le tenemos miedo a lo que desconocemos. La sociedad instaló en nuestras mentes estándares ridículos sobre cómo debe ser todo, sobre cómo debemos vernos o comportarnos todos, cuando lo que nos hace especiales son nuestras diferencias. Nuestra raza, sexo, ideas políticas o religión no debe ser motivo de segregación...
—¿Segre qué? —rio Cintia y con ella los demás a su alrededor.
A eso me refiero. Si algo le parece tonto a alguien que goza de popularidad, los demás aparentan pensar lo mismo para no ser rechazados.
—Segregación —dijo Suhail, interrumpiendo su lectura. «Ahí va otra vez»—. Significa apartar a alguien de algo.
Cintia le dirigió una mirada de odio. ¿Por qué Suhail hacía eso? Tenía claro que Cintia era vengativa. Provocarla era peor que patear un panal de abejas.
Después de callar a Cintia, Suhail continuó su lectura.
—Eres vecino de Suhail, Max —me cuchicheó Cintia al instante, elevando el tono de voz. Suhail volvió a callar al verse interrumpida por
segunda vez—. Cuéntanos cómo es el lugar en el que vive. ¿La casa está hecha de botellas recicladas y dentro se reúnen hippies?
Deben admitir que sonó un poco gracioso.
Algunos intentaron no reír por temor al profesor. Aun así, le creyeron a Cintia. Desde luego ahora todos especularían sobre cómo vivía Suhail.
Yo guardé silencio. Si defendía a Suhail mis compañeros me tacharían de raro y pensarían que ella me gusta. Por otra parte, si me unía a las burlas de Cintia contra Suhail, sería Suhail quien me odiaría. Y tampoco quería el odio de Suhail. En el fondo no lo quería.
Pero fue peor callar. A Cintia le enfadó y Suhail, por cómo me miraba, sospeché que esperaba algo mejor de mi parte. ¿Tenía que recordarle que no somos amigos?
—Es hija de Bill Didier —continuó Cintia, mirando a sus amigos—. ¿Lo conocen? Ayuda a los de tercero con trabajos de seminario. Es el profesor que manda a hacer actividades del tipo abrazar arbolitos. El señor es una mezcla de Capitán Planeta y Mary Poppins.
El semblante de Suhail se tensó. Asumí que tolerar burlas hacia ella era aceptable, pero que hablaran de su papá...
—Ha sido electo profesor del año cinco años seguidos —dijo.
«¡No, no le des más cuerda a Cintia!»
Como sospeché, escuchar eso hizo reír a Cintia. Y no porque fuera gracioso que el señor Didier sea un maestro reconocido, sino porque ella quería hacer sonar las palabras de Suhail como ridículas.
—Suficiente —dijo el profesor de español dirigiéndose a toda la clase y mirando con autoridad a Cintia—. Bill Didier es un gran ejemplo para todos en este colegio. Incluyéndome... Continúa tu lectura, Suhail.
Y ese era otro problema con Suhail: tenía de su lado a los profesores, lo cual era motivo de rencor entre el resto de mortales comunes y corrientes.
—Discriminar a alguien por cómo se ve o por cómo piensa nos aleja de la oportunidad de conocerle —continuó Suhail—. Porque si solo buscamos estar con personas que se ven y piensan como nosotros no aprenderemos sobre diversidad y, por ende, no ampliaremos nuestra mente. Nuestro mundo es muy pequeño...
—Adiós medio ambiente —dijo Bet en voz alta—, ahora defenderá a negros, chinos, gais...
No podía creer que Bet dijera negros de forma peyorativa.