Vientos de guerra
Agradecimientos
Cualquier obra ambientada en la época de la Guerra del Peloponeso empieza y termina con Tucídides, por no mencionar a Platón, Jenofonte, Plutarco, Arístófanes, Díodoro, Andócídes, Antifón, Lisias, Eliano y Cornelio Nepote. Una alineación de lujo que merece todo mi agradecimiento.
En cuanto a los especialistas modernos, debo mencionar especialmente las obras de Irving Barkan, Jacob Burckhardt, Walter Ellis, The Ambition to Rule de Steven Forde, Armada from Athens de Peter Green; Donald Kagan, D.M. MacDowell, J. H. Morrison; The Athenian Trireme de J. E Coates; Barry Strauss, Alcibiade de Jean Hatzfeld y, con especial agradecimiento, a la doctora Christine Henspetter por traducirme este último (y en letra legible) del francés.
Entre los amigos y colegas, los doctores Ralph Gallucci y Walter Ellis aplicaron el escoplo y el cincel al manuscrito con excelente criterio.
Gracias, por encima y más allá de lo que me exige el deber, al doctor Ippokratis Kantzios, que fue mi indispensable consejero desde el principio, así como un gran y auténtico amigo. Y a la baronesa C. S. von Snow, mi compañera y cartógrafa en las tierras de la Antigüedad.
Mi profunda gratitud a mis editores de Doubleday and Bantam, Nita Taublib, Kate Burke Miciak y Shawn Coyne, y especialmente a Shawn, que hizo lo que solían hacer los editores de antaño: remangarse, zambullirse en la faena y reducir a latigazos al monstruo que era mi manuscrito hasta que ambos consideramos que se había convertido en un libro apto para el consumo literario.
Por último, Vientos de guerra es ficción, no historia. Me he tomado libertades con los hechos y la cronología y he interpretado a los personajes históricos, confío en que por una buena causa. La responsabilidad por los errores y carencias del libro es enteramente mía.
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