La brigada Stonewall
Capítulo III
—VEO que llegaste, tal como lo habías previsto —dijo Lachlan Murrell a David cuando el médico llegó al campamento de los confederados en las afueras de Sharpsburg, en Maryland, cerca del mediodía del día siguiente—. No me extraña que llamen a la brigada de Jackson la «caballería de a pie».
—En estos momentos, media brigada está aún refrescándose los pies en el Potomac, cerca de Boteler’s Ford —dijo David con acento agotado—. Pero mañana ya estarán prontos para continuar la lucha.
—Probablemente tendrán oportunidad de hacerlo —dijo el oficial de caballería—. Y supongo que si es preciso luchar, este lugar es tan bueno como cualquier otro.
—Estoy seguro que el general Lee nunca pensó que iba a ser detenido tan al sur; pero como el río está tan sólo a dos millas al sur y hay un buen riachuelo para el caso de que lo necesitemos, acaso tengas razón. ¿Sospechas algo de lo que el general Lee tiene en la cabeza?
—En primer lugar querrá barrer a McClellan. Una vez conseguido ese objetivo estará en condiciones de desencadenar un ataque sobre Baltimore con el fin de aislar a Washington por completo. Si eso no le sale bien, se dirigirá hacia el oeste para quemar los molinos de acero que se hallan en los alrededores de Pittsburg y tal vez haga todo el camino hasta Lake Erie para aislar la costa del nordeste.
—Estás robando sus sueños al viejo Jack —dijo David—, aunque tal vez se transformen en pesadillas si A. P. Hill no se encuentra aquí mañana con las tropas que hemos dejado atrás para limpiar Harpers Ferry.
—McClellan tiene fama de ser sumamente cauteloso. Tal vez resuelva esperar. Entretanto el general Lee piensa aparentemente que la cañada de Antietam es una barrera tan buena como otra que pudiese encontrar por aquí, de modo que está preparando una línea de ataque al oeste del riacho, a lo largo del camino de portazgo que lleva a Hagerstown. ¿Quieres saber dónde estará Jackson?
—En el centro, por supuesto, para así poder volverse hacia él punto en que la lucha sea más intensa. ¿Alguien sabe cuáles son nuestras posibilidades de ganar?
—En el cuartel general de Lee se estima que McClellan tiene alrededor de ochenta mil hombres, aunque acaso sólo lance sesenta mil de modo que guarde una cuarta parte de reserva. Es lo que habitualmente hace.
—Y tendrá a su frente tal vez a unos treinta y cinco mil, que serán por cierto menos si el general A. P. Hill no llega a tiempo. Con todo, no está mal. Hemos luchado en peores condiciones y hemos ganado. ¿Qué harás tú?
—Se me ha asignado al cuerpo de ejército de Jeb Stuart —respondió Lachlan—. Estaremos en una colina cercana a la llamada granja de Nicodemo, de modo que podríamos tener oportunidades de ejercitar un movimiento de flanco y golpear a McClellan por la espalda.
—Buena cacería —dijo David—. Iré a ver si duermo un poco mientras espero que llegue el resto de la Brigada Stonewall.