La brigada Stonewall
Capítulo II
EL 16 de febrero de 1865, el Quinto de Virginia solicitó al Presidente Davis, que estaba enfermo, que lo que quedaba de los cinco regimientos de Virginia se fundiesen en una sola fuerza que pasaría a llamarse el Regimiento de Stonewall. La solicitud no obtuvo respuesta, pues el Presidente de la Confederación estaba demasiado atareado tratando de mantener cierta unión entre los fragmentos de territorio sobre los cuales aún ejercía una autoridad tambaleante.
A fines de febrero, la brigada del general William R. Terry, compuesta de unos mil doscientos hombres y a la cual se adscribió el hospital de David, fue enviada a la zona situada frente a la gran excavación provocada por los federales en la mina previamente practicada por sus zapadores. Durante la mayor parte del tiempo, no había habido actividad militar por allí e incluso podía decirse que se había establecido una tregua informal entre los soldados enemigos.
El 25 de marzo, la división mandada por el general John B. Gordon, que incluía a lo que quedaba de la Brigada Stonewall y de los regimientos de Virginia, llevó a cabo un último ataque contra los federales. Convencidos de que los confederados no estaban ya en condiciones de intentar nada, los ejércitos yanquis estaban descansando, de modo que muchos de los soldados fueron alertados del avance cuando dormían. Al oír el grito de guerra de la Brigada (que acaso lo lanzó por última vez en esa ocasión) apenas tuvieron tiempo de agruparse, de modo que los sureños barrieron las líneas enemigas al principio del ataque.
Pero a poco, tal como tantas veces había ocurrido, todo comenzó a salir mal. El avance se interrumpió y los yanquis tuvieron tiempo para ordenar un poco su estrategia, con lo cual la brigada tuvo que abandonar el campo, replegándose hacia Petersburg. En cuanto al Quinto de Virginia —aquel que había pedido al Presidente Davis la fusión del ejército— sufrió el deshonor de perder su bandera.
Apenas contaba ya la brigada con unos doscientos hombres, cuyo estado de ánimo puede resumirse en lo que uno de ellos escribió a su familia: «Ya no podemos hallar coraje ni en la propia desesperación. Todo está perdido… El futuro no parece ya tener dirección. Sólo la muerte y la tumba nos parecen bienhechoras».
En los últimos días de marzo y los primeros de abril, el general Lee comenzó a hacer los preparativos necesarios para replegar su ejército hacia el oeste, a lo largo del río Appomattox, mientras los federales comenzaban a estrangular definitivamente a Petersburg, cuya caída les abriría la ruta de Richmond. Cuando Grant golpeó con furia a Petersburg, en la mañana del 2 de abril de 1865, hundió por completo a las líneas confederadas. El mismo día comenzó la retirada de los sitiados hacia Richmond, que ahora había quedado sin ninguna defensa.
En ancas de un caballo del cual se había apoderado en las horas finales de confusión, David marchaba detrás del carro en el que iba el casi fantasmal hospital que había estado a su cargo, el cual era conducido por Hal Perkins. Ninguno de los dos estaba en condiciones de responder que las ruedas llegaran hasta Carolina del Norte; pero seguían adelante. En cuanto a Joe Stannard, se hallaba, afortunadamente, fuera de peligro e iba al lado de Hal. El carro hospitalario llevaba la señal amarilla que distinguía a los servicios asistenciales, y los federales habían respetado siempre su inviolabilidad. Por lo mismo, David se sentía relativamente seguro.