El ejecutor
Cinco años antes…: Lago Eivindsvatnet, Haugesund. Miércoles, 17 de julio de 2009
Cinco años antes…
Lago Eivindsvatnet, Haugesund
Miércoles, 17 de julio de 2009
Fredric acarició la espalda desnuda de Jonas. Este se apartó el flequillo de la cara para contemplar a su amigo, tendido junto a él.
—Es gay, ¿lo sabes?
Jonas alzó la vista y captó la mirada burlona de Fredric Karjoli.
—Y tú también lo eres, Fredric. ¿Y qué? ¿Se supone que eso quiere decir algo?
—Pues sí. Hay secretos que todo el mundo conoce, pero que nadie se atreve a desvelar. Que el ministro de Transportes Herman Eliassen sea homosexual es uno de esos secretos. El único que se sorprendería si saliera del armario sería el propio Eliassen.
Jonas no pudo evitar echarse a reír. Había calado a aquel hombre la primera vez que se conocieron en un seminario sobre nuevos proyectos de infraestructura en la región de Rogaland.
Fredric permaneció un rato sin decir nada. Contempló el lago sumido en la oscuridad, como si la respuesta le esperara en algún lugar de sus aguas profundas. Aquel verano el baño nocturno se había convertido en un ritual para los dos amigos. Ocultos en la oscuridad, podían entregarse el uno al otro.
—En realidad, lo significa todo, Jonas.
Fredric trasladó la mirada desde el lago hacia el cuerpo desnudo de su amigo. Dejó que sus dedos juguetearan con una solitaria gota de agua que resbalaba por la zona lumbar de Jonas. Notó cómo se le erizaba el suave vello.
—¿Todo? ¿Y de qué manera? ¿Insinúas que el hecho de que él tenga nuestra misma orientación sexual puede ayudarnos de algún modo? Él se ha perdido dentro del armario. Está deambulando por una especie de Narnia de la que no puede salir, y tampoco es que nosotros seamos muy abiertos, ¿no?
—Yo sí.
Jonas suspiró y se incorporó apoyándose en los codos. Cogió la mano de Fredric y le acarició delicadamente el dorso.
—Sí, quizá tú sí lo seas. Pero está claro que tampoco nosotros nos mostramos abiertamente. Ya conoces a mi familia. Para ellos, el simple hecho de pensar en la palabra «gay» es un pecado. En mi entorno, los pensamientos son tan pecaminosos como las acciones. Ya sabes qué ocurriría si lo descubren. Para ellos sería un pecado menor que yo fuera un infanticida. Eso es algo que podría ser perdonado, Fredric. Pero, en su cabeza, lo que nosotros hacemos no es un simple pecado aislado. Es un estado constante de perdición total. Además, no comprendo cómo podría ayudarnos este secreto. El partido no es precisamente conocido por acoger y abrazar a los maricas en su seno.
—Eliassen es quien selecciona a los candidatos para la campaña juvenil Nuevas Voces. Si conseguimos introducirnos ahí, tendremos muchos lugares para refugiarnos. Viajes de fin de semana. Seminarios. Cursos. No tendremos que ocultarnos. Además, es una gran oportunidad para progresar dentro del partido. Dentro de poco nos querrán en la dirección regional de Stavanger o de Oslo. Imagínatelo, Jonas. Podríamos marcharnos de este lugar dejado de la mano de Dios. Alejarte de tu familia de locos, como dice siempre tu tío.
Jonas sonrió y miró con picardía a su amigo.
—¿Dejado de la mano de Dios? Si te oyera mi padre… Le daría un infarto. Pero ahora en serio. ¿Cómo podría ayudarnos ese secreto a ser dos de los elegidos?
Fredric se quedó pensativo con gesto introvertido. Era como si su rostro se cerrara en sí mismo durante unos segundos. Removió la arena con la mano. Dejó que la pregunta se quedara suspendida en el aire sin respuesta, para luego, de golpe, sacudirse cualquier posible duda y soltar las palabras:
—Podemos seducirlo.