El ejecutor
Tømmerdalen, Haugesund: Viernes por la mañana, 17 de octubre de 2014
Tømmerdalen, Haugesund
Viernes por la mañana, 17 de octubre de 2014
El descubrimiento del cadáver de Ranveig produjo un apagón total en la mente de Viljar. No recordaba nada de lo ocurrido hasta que volvió en sí con un montón de gente forcejeando encima de él. Desde donde estaba tumbado seguía viendo su cuerpo, y comprendió que no había nada que hacer. No se trataba de una pesadilla de la que acabaría despertándose. Era la realidad. Tan desnuda, tan cruda, tan absorbentemente irrevocable. Contra aquello no existían pastillas. Nada podía deshacer lo que había ocurrido. Nada podría eliminar aquel horror. La oscuridad se instaló lentamente en cada ramificación nerviosa de su cuerpo. Cayó como un pesado velo sobre cada célula. Se sentía totalmente abatido y extenuado.
«¿Por qué tiene que doler tanto?». La sensación se extendía como la peste bubónica por sus entrañas. Bullía, supuraba, ardía…
Encendió un nuevo cigarrillo. Estaba tan débil que apenas fue consciente de que el personal de ambulancia y otras personas se le acercaban para ver cómo estaba, para hablarle y zarandearle suavemente. Él les respondió con apatía. Todo le daba igual. Ya nada importaba. Por su culpa había muerto otra persona inocente. Lo tenía claro. Era un ángel de la muerte. Lo mejor era mantenerse alejado de él. Para proteger a los demás.
No fue hasta que tuvo enfrente a una persona conocida que le sacudía por los hombros cuando por fin fue capaz de disipar la bruma interior que le había invadido y centrar la mirada.
—¡Coño, Viljar! ¡Despierta!
Parpadeó. Miró con aire desorientado a Lotte Skeisvoll, que permanecía de pie delante de él. En segundo plano observó cómo los técnicos sanitarios preparaban una camilla.
—¡Venga, Viljar! Ahora no puedo permitirme que pierdas la cabeza. Si no vuelves pronto en ti, tendrán que llevarte a urgencias. ¿Qué ha ocurrido aquí?
Viljar agarró el brazo de Lotte, se aferró a ella. Asintió con la cabeza, mirando aquellos ojos oscuros que le exigían con determinación que despertase cuanto antes.