El ejecutor

Geir Tangen · Capítulo 36 de 91

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El ejecutor

Comisaría de policía de Haugesund: Jueves por la tarde, 16 de octubre de 2014

Comisaría de policía de Haugesund

Jueves por la tarde, 16 de octubre de 2014

 

Olav Scheldrup Hansen no se consideraba un hombre demasiado susceptible. No obstante, aquel equipo de investigación era el grupo más cerrado con el que se había topado. Acudiera a quien acudiera, no encontraba más que cinismo y reticencia. Estaba claro que lo consideraban superfluo. Una carga.

Habían pasado veinticuatro horas desde su llegada a la ciudad. Había llegado cargado de buenas intenciones y con la mente abierta, pero Lotte Skeisvoll parecía decidida a oponerse a él en todo. La superintendente había conseguido que el resto del equipo se uniera a ella en aquella absurda lucha de poder. Olav cavilaba sobre la manera de restaurar cierto equilibrio en la investigación. Puesto que todo el equipo parecía seguir a Lotte Skeisvoll en todas sus decisiones, debía ganarse su confianza poco a poco. Hacerles ver y comprender por qué ocupaba un importante puesto como inspector de la policía judicial, mientras que Lotte Skeisvoll seguía deambulando por los pasillos de una comisaría local.

A raíz de la llegada del tercer correo, las cosas se habían precipitado. Eran conscientes de que disponían de un máximo de treinta y seis horas para impedir que el asesino actuara de nuevo. Posiblemente, de menos tiempo. Lotte envió a su rebaño a investigar en todas las direcciones posibles y ordenó a Olav que comprobara los registros para localizar a conductoras borrachas que hubieran sido absueltas. Lo habían traído de Oslo para asesorar en las estrategias de investigación, y resultaba que había acabado revisando antiguos documentos jurídicos. Una tarea que podría desempeñar cualquiera. Supuso que Lotte hacía aquello para demostrar su posición de fuerza ante los demás, y se juró a sí mismo que la humillaría en cuanto tuviera ocasión.

Localizar a las conductoras borrachas en los registros resultó fácil, ya que la comisaría disponía de unas herramientas de búsqueda digital bastante eficaces y, además, la mayoría de los acusados resultaron ser hombres. En cambio, fue mucho más difícil identificar a las conductoras que habían sido absueltas. Para hacerlo tenía que teclear el número de cada informe y revisar uno por uno cada documento judicial. Debía repetir el mismo proceso en cada caso, y en cada uno tardaba una eternidad.

Cuando, dos horas más tarde, acabó de revisar todas las sentencias que se remontaban hasta el año 2006, la lista de conductoras borrachas absueltas era ya bastante extensa. Olav se sentía como un imbécil. La labor que estaba desempeñando era completamente absurda. Al final había conseguido una lista de más de veinte mujeres. Basándose en ella, resultaría imposible intentar proteger a la próxima víctima del asesino. Había demasiados nombres. Cuanto más pensaba en ello, más convencido estaba de que le habían encomendado aquel trabajo de esclavo para mantenerlo al margen de la verdadera acción. Irritado, indignado y algo cabreado, concluyó la monótona labor y empezó a trazar un mapa de posibles líneas de investigación, en el que insertó minuciosamente todos los detalles de que disponían de los dos asesinatos. Envió la lista con los nombres a Lotte Skeisvoll. Podía hacer con ella lo que diablos quisiera. Era una completa pérdida de tiempo y recursos.

Al fin y al cabo, pensó, había vidas humanas en peligro.