El ejecutor

Geir Tangen · Capítulo 75 de 91

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El ejecutor

Comisaría de policía de Haugesund: Domingo por la tarde, 19 de octubre de 2014

Comisaría de policía de Haugesund

Domingo por la tarde, 19 de octubre de 2014

 

La llamada del editor Harald Madsen había desatado el nudo gordiano. Era la clase de llamada con la que siempre sueña un investigador, pero que lamentablemente solo se da una vez cada año bisiesto. Una persona ajena al marco de la investigación que posee la respuesta y la solución. Un mínimo detalle casual que hace que todo empiece a desenredarse. Lotte había albergado la esperanza de que tarde o temprano encontrarían al asesino, pero no de aquella manera. No gracias a la repentina llamada de una persona que se encontraba a gran distancia y que les había revelado el nombre. Era algo increíble y maravilloso. Lotte exhaló el aire lentamente. Ya habían tenido bastantes fracasos. Lo habían subestimado una y otra vez, pero ya sabían quién era el interlocutor que estaba al otro lado de la mesa.

Su móvil sonó. Era Madsen de nuevo. Ya había llegado a la terminal Helganes y había tomado un taxi en dirección a Haugesund. Después de haberle dado toda la información por teléfono, Lotte le había pedido que cogiera el primer vuelo disponible desde Gardermoen. En el equipaje llevaba lo que posiblemente iba a darles todas las respuestas que necesitaban. El manuscrito. Lo más fácil hubiese sido enviarlo por correo electrónico, pero a él le había llegado la copia en papel. Y en el registro informático de la editorial constaban únicamente el número de archivo, el título y el autor.

Lo que tanto les había costado entender estaba escrito desde hacía tres años. Harald Madsen había reconocido los hechos en cuanto leyó las noticias. Todo cuadraba. Los asesinatos se habían llevado a cabo de la misma manera, y en el mismo orden, que en el manuscrito que él había recibido en su editorial. Al parecer, se trataba de un manuscrito muy malo. Harald Madsen no había dudado a la hora de rechazarlo por ser una auténtica «chapuza», tal como lo calificó. La historia era muy poco creíble y estaba redactada con un estilo mediocre. Madsen dijo que los clichés se sucedían como objetos kitsch en una desvencijada tienda de segunda mano.

Lotte no se sentía con ánimo de frivolizar ante lo que había sucedido en su ciudad durante la última semana. Había sido algo sangriento, terrorífico y muy real. Tras realizar algunas búsquedas en internet, descubrió que no había rastro ni de la obra ni del autor. El libro no había sido publicado. Por lo visto, Madsen no era el único que había rechazado el manuscrito. Era evidente que el asesino se había propuesto demostrar al mundo que su relato criminal sí estaba a la altura. Él era su propio copycat y estaba siguiendo un plan desconocido por todos… hasta ahora. Gracias al sistema de archivo de la editorial Alfa Madsen, en breve ellos también tendrían el texto en sus manos. Era algo que el asesino no se podía esperar. «Eso nos dará una ventaja», pensó Lotte.

Hasta donde recordaba Madsen, el manuscrito y los hechos coincidían tanto en la escenificación como en los tiempos. En la práctica, se trataba casi de un calco.

Cuando una hora más tarde Harald Madsen se presentó en el despacho de Lotte, esta escuchó solo a medias la perorata que le soltó sobre cuánto le había costado conseguir un billete para el vuelo de la tarde de Norwegian y llegar a tiempo al aeropuerto de Gardermoen. Lo único que le importaba a ella era lo que guardaba en la mochila que llevaba al hombro. Madsen le había comunicado el nombre del autor por teléfono, pero ella necesitaba los detalles del texto.

Aparte de al editor de Gjøvik, Lotte había convocado en su despacho a Olav, Knut, Lars y el jefe de policía. Era suficiente para empezar. Tratar de reunir a todo el equipo, que actualmente contaba con diecisiete personas, habría supuesto un gran esfuerzo logístico, y además Lotte tenía sus razones para no divulgar todavía aquella información. La prensa no debía enterarse de lo que había averiguado Madsen. El asesino no debía saber por nada del mundo que conocían su identidad.

Además, era probable que tuviera retenido a Viljar en algún lugar desconocido, así que habían decidido no arrestarlo todavía y someterlo a una vigilancia estricta y constante.

Tenían a varios agentes de paisano que no se alejaban en ningún momento más de cincuenta metros de él. Habían efectuado un registro secreto en su casa, donde Lotte había albergado la esperanza de encontrar a Viljar. Sin embargo, allí no habían hallado nada que permitiera desenmascararlo. Debía disponer de otro lugar desde el que dirigir todas sus operaciones.

Colocaron a Madsen convenientemente en medio, sentado en una silla de madera con una taza de café en la mano, y ya se disponía a sacar el manuscrito de la mochila cuando uno de los agentes del equipo asomó la cabeza por la puerta. Lotte constató que era el mismo novato que la había acompañado a Fjellvegen hacía apenas una semana.

—Oye, Lotte, ¿puedo hablar contigo un momento?

Ella suspiró, pero logró fingir una sonrisa.

—Como puedes ver, andamos algo ocupados por aquí. ¿Crees que es algo que pueda esperar?

Lotte fue incapaz de ocultar su sarcasmo.

El agente miró algo confuso a cada una de las personas reunidas como sardinas enlatadas en el minúsculo despacho, asintiendo con la cabeza para saludar a Lars y Knut, antes de contestar:

—Creo que la sala de reuniones del otro extremo del pasillo está libre, si necesitáis más…

El agente se interrumpió al percatarse de la torva mirada que le lanzaron Lotte y el jefe de policía.

—Aun así… —prosiguió—, me temo que la cosa no puede esperar. Creo que hemos descifrado el código del correo electrónico que nos mandó Øveraas, lo cual quiere decir que sabemos cómo…

La expresión de Lotte se suavizó. Eran muy buenas noticias. Le hizo un gesto con la cabeza para indicarle que continuara. El joven agente carraspeó un par de veces.

Visiblemente nervioso.

—Eh… Hemos tardado un poco porque no encontrábamos a ningún autor de novela negra que respondiera a las iniciales HM. Sin embargo, es posible que el asesino no solo utilice a autores noruegos, y de ser así pensamos que las iniciales HM podrían corresponder a Henning Mankell.

Echó un nuevo vistazo al grupo como para obtener una confirmación de que estaba bien encaminado. Todos asintieron, salvo el hombre de aspecto fatigado sentado en el centro con una mochila.

—En tal caso, el código se referiría al primer asesinato que aparece en el quinto libro de Henning Mankell. Hemos tomado como punto de partida la enciclopedia sobre el género policíaco que el asesino ha usado en anteriores ocasiones. La quinta novela de Mankell se llama La falsa pista y la escena a la que se refiere es…

—El incendio en el campo de colza.

El hombre de la mochila interrumpió al agente antes de que terminara.

—Correcto. Una chica se prende fuego para quitarse la vida en medio de un campo de colza.

Lotte sintió que el corazón se le subía a la garganta. De todas las formas horribles de morir, aquella era sin duda la peor.

—Debe de estar de coña… ¿De verdad pretende prenderle fuego a alguien?

El exabrupto de Knut Veldetun retumbó como un eco de los pensamientos de los demás. El único que no parecía conmocionado era Harald Madsen.

—Me temo que eso es exactamente lo que pretende hacer. Lo ha escrito aquí — dijo Madsen, y sacó de la mochila un fajo de papeles atados con una goma elástica.

Lo colocó sobre la mesa. Como polillas a la luz, todos los ojos se dirigieron a la portada del manuscrito, donde podía leerse en letras mayúsculas:

EL EJECUTOR, de GEIR TANGEN.