El ejecutor

Geir Tangen · Capítulo 83 de 91

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El ejecutor

Requiem – Agnus Dei

 

Veo que todos están aquí. Todos mis personajes en fila. No sé lo que están haciendo aquí en el muelle, pero intuyo que deben saber algo. De alguna manera han averiguado lo que está ocurriendo, pero no logro comprender cómo. Nadie más excepto yo tiene acceso a todos los detalles. Solo hay una respuesta posible, y es que me han visto y conocen mi identidad. Que alguien me está vigilando. Siguiendo mis movimientos. Pero entonces ¿por qué no me detienen? ¿Por qué me dejan cometer nuevos asesinatos? Eso sí que es una auténtica locura.

Pero no puede ser. Es posible que hayan sospechado, pero es imposible que lo sepan. En la partitura no estaba previsto que se presentara la policía en Lindøy, y aun así lo hizo. No me detuvieron por apenas unos minutos. ¿Tal vez vieron el barco y que me dirigía hacia tierra? Pero, si así fuera, me habrían estado esperando aquí, ocultos. No estarían ahí charlando tranquilamente como si fueran a salir de excursión. ¿Puede que les haya despistado mi breve parada en el muelle de Litlasund? ¿Podría ser que me hubieran estado esperando, pero, al ver que no llegaba al muelle de Bakarøy en un tiempo razonable, habían decidido suspender la operación? Sí, seguramente había sido eso.

Ha sido una feliz y rara casualidad que haya echado un vistazo con los prismáticos antes de recorrer el último trecho hasta tierra. Si no, todo se hubiera acabado aquí. Mi obra maestra habría quedado incompleta.

Un escalofrío me recorre la espalda. ¡Eso no debe pasar! No debe ocurrir por nada del mundo. Afortunadamente, no saben lo que está por llegar. Requiem Communio. El último movimiento. Ahora lo importante es mantenerme fuera de su vista. Está claro que saben quién soy, pero no lo que me dispongo a hacer.

Cuando se marchen los policías, debo mostrarme prudente. No puedo arriesgarme más. Se han acercado demasiado. Tengo que dirigirme a otro lugar. Con creciente curiosidad, vuelvo la vista en la dirección contraria. Hacia el noroeste, hacia el archipiélago que parece flotar sobre la superficie del agua. Espevær.

Nadie sospechará de un barco que se aleja del muelle. Desde esa isla podré actuar con calma. Los policías no me buscarán allí. Puedo planificar el final tranquilamente. El único problema es el manuscrito. Miro en la bolsa roja. Tengo todo lo que necesito en el portátil. Tardaré toda la noche en reescribirlo, pero merecerá la pena. Hasta ahora todo ha encajado. Los retoques del texto han sido menos de los que me temía. Necesito una habitación con electricidad y una cama. En esa pequeña isla habrá alguna, y sé exactamente dónde puedo encontrar la calma que necesito para ser capaz de llevar a cabo lo que me espera mañana.

Al amparo de los arrecifes, me alejo del muelle y pongo el barco rumbo a Espevær. El cielo nocturno está muy oscuro y el mar se mece en absoluta calma. La calma antes de la tempestad.