El ejecutor

Geir Tangen · Capítulo 70 de 91

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El ejecutor

Calle Austmannavegen, Haugesund: Domingo por la tarde, 19 de octubre de 2014

Calle Austmannavegen, Haugesund

Domingo por la tarde, 19 de octubre de 2014

 

En cuestión de seis días, el número de agentes, investigadores de la policía judicial y técnicos forenses se había multiplicado por tres. Lotte Skeisvoll se vio obligada a abrirse paso para acceder al bloque de Viljar. El despliegue de los medios de comunicación había aumentado conforme pasaron los días y, para su asombro, observó que en una de las cámaras que seguían sus movimientos ponía «BBC».

Lotte evitó cualquier contacto con la prensa. Cuantos más reporteros había, menos conseguían sacarle. Durante toda esa semana Hans Indbjo se había encontrado en su salsa, y naturalmente había cambiado la programación para llenarla con seis horas diarias de cobertura en directo. Pero esa vez no fue Indbjo el que rondaba por allí micrófono en mano. Una joven casi adolescente con granos, que apenas podría haber acabado los estudios de comunicación audiovisual en el instituto de Vardafjell, le había sustituido.

Lotte no podía comprender que Hans Indbjo hubiera dejado a una novata al cargo de un caso como aquel, pero el bajito periodista radiofónico se había convertido en una celebridad nacional a raíz de todas sus «revelaciones», y seguramente no podría dar abasto para seguir inflando su ego. A Lotte no le extrañaría que ese otoño apareciera en algún reality show.

Una vez en el piso de Viljar, el caos parecía estar algo más controlado. Lotte estableció enseguida contacto visual con Scheldrup Hansen, quien le indicó que se acercara.

—No creemos que abandonara el piso voluntariamente. Hay bastantes indicios de que fue agredido en la puerta y que se lo llevaron a la fuerza.

Lotte dirigió a Scheldrup Hansen una mirada interrogante.

—¿Se lo llevaron?

—Efectivamente. Tenemos el testimonio de una vecina que anoche vio a un hombre de espaldas en el portal y que probablemente llevaba algo grande cuando se marchó.

Lotte notó una punzada en el pecho.

«Si llevaba a alguien de esa manera, debía de estar inconsciente o muerto. En cualquier caso, esto no augura nada bueno sobre la situación de Viljar».

—Veamos… —dijo Scheldrup Hansen—. Contamos con el testimonio de alguien que lo vio anoche, hacia las veintidós horas. Tenemos que comprobar si lo vieron otros vecinos. No era demasiado tarde, alguien tuvo que ver algo. —Echó un vistazo a sus notas antes de proseguir—: Si partimos de la base de que se trata de un nuevo ataque de nuestro hombre, eso quiere decir que le dio tiempo a hacer esto, efectuar los disparos en la zona de las torres y cometer el asesinato junto al estadio. La cuestión es por qué está actuando tan deprisa y por qué era tan importante eliminar a Gudmundsson, tanto si está vivo como muerto.

Lotte no dijo nada, pero le indicó que continuara.

—Se produjo una pequeña pelea en el recibidor. Encontramos un perchero tirado y un pesado jarrón en el suelo, además de algo de sangre en el parquet.

Scheldrup Hansen suspiró levemente y meneó la cabeza.

—¿Hay algo más? —preguntó ella.

—Mmm…

Lotte miró a su compañero. Este señaló el resto del piso.

—Bueno, ahí tenemos un ordenador. Estaba encendido. Hemos encontrado una carpeta con bastantes notas acerca del caso. Es evidente que nos ha ocultado bastantes cosas y que tenía sospechas sobre el motivo de su implicación en todo este asunto.

—Vale…

Lotte se acercó al portátil que estaba sobre la mesa, junto a la ventana.

—Mira aquí —dijo Scheldrup Hansen, haciendo doble clic en una carpeta.

En la pantalla aparecieron una serie de archivos de imagen y documentos de Word.

—¿Imágenes?

—Bueno, no son muy interesantes. La mayoría son capturas de pantalla de los correos electrónicos que recibió, así como la foto con Rita Lothe en un bar. Lo que más me llama la atención es lo que escribió en los documentos. Son sus ideas acerca de por qué ocurrían tantas cosas raras a su alrededor. Por ejemplo, averiguó dónde y cuándo se tomó la foto, y quién le acompañaba.

—¿Estás de coña? —preguntó Lotte acercándose más a la pantalla.

Viljar no les había comentado nada de eso.

—Cree que la foto fue tomada en el club Bestastuå de Strandgata, en septiembre, que fue allí con un amigo y que estaban acompañados por un tal Henrik Thomsen. Si no recuerdo mal, es uno de los nombres que tenemos en nuestra lista, ¿no es así? ¿Ese periodista grandullón?

—¡Joder, sí! El periodista cultural del periódico.

—Aquí dice: «No recuerdo nada». Y aquí: «¿Quiénes eran las tías con las que ligamos?». Creo que debemos mantener una conversación con el tal Thomsen, porque es posible que él hubiera tomado la foto que encontramos en el perfil falso de Rita Lothe en Facebook.

—¿Algo más?

Olav señaló con el índice otro documento de la carpeta.

—Aquí —dijo, y lo abrió.

Lotte miró nuevamente la pantalla y se fijó en el nombre del archivo, pero no fue capaz de relacionarlo con nada. Solo decía «Jonas».

No cayó en la cuenta hasta que empezó a leerlo. Se refería al caso de Jonas Ferkingstad. Tiró a Olav de la manga.

—Aquí está: la última pieza del rompecabezas, Olav. Este caso tal vez nos explique por qué Gudmundsson está tan estrechamente ligado a los asesinatos. Tenemos que hablar cuanto antes con el padre de Jonas, André Ferkingstad. Tiene motivos para vengarse de Viljar.

—¿Ferkingstad? ¿La persona con la que hablaste en el juzgado?

—Es funcionario. Trabaja en el juzgado y el jueves se comportó de una forma muy extraña, por decirlo suavemente, cuando su antigua casa de Torvastad estaba siendo devorada por las llamas. El tipo no parece estar demasiado equilibrado. Cuando hablé con él ayer también se puso visiblemente nervioso.

—Perdona, Lotte, pero ¿por qué nadie me ha informado antes sobre este asunto? Deberíamos haber comprobado a ese hombre hace días.

La expresión de Lotte Skeisvoll se tensó alrededor de la boca y llevó aparte al inspector de la judicial para que los demás no la oyeran.

—Vamos a ver… Eras tú quien, a toda costa, quería investigar a fondo la pista del caso de Eliassen. ¿Me estás diciendo que no lo has hecho?

Scheldrup Hansen miró estupefacto a la superintendente. Meneó la cabeza, como si tuviera dificultades para empezar a responder.

—Esto… ¿Qué quieres decir? Pues claro que he comprobado a Eliassen. Sigue en prisión por las agresiones sexuales, pero ¿qué tiene que ver su caso con Ferkingstad?

Lotte se quedó pasmada, allí de pie junto a los sillones. Lo que más quería era dejarse caer en uno de ellos. Había vuelto a descuidarse una vez más. Había dado por sentado que Scheldrup Hansen estaba al tanto de la conexión entre Eliassen y Jonas. Resultaba obvio para todos los habitantes de Haugesund, pero no para un inspector de la policía judicial de Oslo sin demasiado interés por todo lo que ocurría más allá de la circunvalación 3 de la capital.

Ella le dio una palmada en el hombro y asintió silenciosamente. No podía hacer más que admitir que, una vez más, se había equivocado.

—De acuerdo, Olav. De acuerdo…

Lotte envió una patrulla para ir a buscar a Ferkingstad y luego siguió examinando en profundidad el resto de los recortes de prensa, las imágenes y los documentos de Word.

«No hay duda. Todo esto está relacionado. Tiene que estarlo», pensó.

—¡Joder, Viljar! —dijo en voz alta al tiempo que cerraba la tapa del portátil de un golpe.