El ejecutor
Comisaría de policía de Haugesund: Domingo por la noche, 19 de octubre de 2014
Comisaría de policía de Haugesund
Domingo por la noche, 19 de octubre de 2014
Tras la reunión en el minúsculo despacho, Lotte dio orden de ponerse en contacto con las editoriales de todo el país. Si el hombre había enviado el manuscrito a una editorial de mierda en Toten, seguramente también lo habría mandado a otras. Y ninguna aceptaba los seudónimos sin que el nombre y la dirección verdaderos constaran también como datos de contacto.
«Espero que todas las secretarias no estén de vacaciones en España», pensó Lotte.
Harald Madsen le había dicho que era bastante probable que las otras editoriales también hubieran guardado tanto el manuscrito como los datos de contacto. Así que acompañó a Lars Stople para pasarle algunos nombres de gente del mundo editorial con la que poder ponerse en contacto en privado un domingo por la noche.
Lotte se quedó en el despacho. Su principal prioridad era leer el manuscrito en profundidad para ver si podía obtener más información sobre la próxima víctima y sobre dónde, según el relato, iba a ser ejecutada. El método ya lo sabían. Lotte era consciente de que tenía poco tiempo y debía dar prioridad a las páginas que trataban de ese asesinato. Se estremeció a medida que avanzaba en el texto. Reconoció los nombres, los lugares, las escenas del crimen. Y aunque sabía que no debería hacerlo, se detuvo en la descripción del asesinato de Ranveig Børve. Todo había sido tan calculado, tan logrado… El relato respondía a muchas de las preguntas que habían surgido durante la investigación. Ella misma era el personaje principal, y la persona que se escondía tras el seudónimo debía de tener un conocimiento alarmantemente profundo de su psique, ya que la descripción de sus pensamientos en el libro se correspondía bastante bien con lo que había pensado ella cuando se encontraba en la escena del crimen. Lotte se había considerado una investigadora genial y brillante cuando decidió no demorarse en los detalles y concentrarse en todo lo que el asesino no había dejado allí a propósito. El autor describía en términos muy similares el razonamiento de Lotte. No con todo detalle, pero las similitudes resultaban inquietantes. Un pensamiento le rondó por la cabeza: ¿se convertiría ella misma en una víctima más adelante en la trama? Lotte no se atrevió a comprobarlo.
Una sensación de estar siendo observada le recorrió la columna vertebral. Alguien podía saber que estaba leyendo aquello. Conocer todos los detalles de su vida. Incluso sus pensamientos más íntimos. Le costaba creer que aquello pudiera ser real.
«¿Lleva tanto tiempo observándome? ¿Desde hace tres años? ¿Lo sigue haciendo?».
Lotte se negaba a aceptar su propia paranoia. Simplemente debía de tratarse de alguien con un conocimiento casi autista de la labor y la mentalidad policiales.
¿O era posible que cada detalle del relato tuviera como propósito obligarla a pensar de la manera en que lo estaba haciendo? ¿Para que tomara las decisiones que él había escrito de antemano que ella debía tomar?
Las palabras de Harald Madsen retumbaron en su cabeza: «Mira el título… ¿Por qué crees que se titula El Ejecutor?».
Un ejecutor. Un director de orquesta. Un maestro que lo dirige todo y a todos en una gran orquesta para que sigan sus instrucciones y ejecuten su arte musical.
«Se esforzará al máximo para seguir las notas de su partitura —pensó Lotte—. Cualquier pequeño cambio le frustrará y le obligará a corregirnos para que volvamos a encaminarnos en su senda. En otras palabras, seguirá ciñéndose a su manuscrito hasta que vislumbre el momento de ejecutarlo exactamente como está escrito. Aquí tenemos nuestra oportunidad de detenerlo».
Fue pasando páginas hasta llegar a la parte que buscaba. El asesinato estaba previsto para última hora de la tarde o primera hora de la noche. El autor no indicaba el momento exacto. Y tampoco desvelaba el nombre de la víctima.
—¡Joder!
Lotte vio a Harald Madsen en el pasillo y lo llamó para que entrara.
—¿Recuerdas a quién mató en ese campo? ¿Fue a Viljar? ¿Puede que revele su nombre hacia el final del manuscrito? —preguntó Lotte blandiendo las hojas delante del editor.
—No, de eso se trata… La novela no es exactamente brillante. Si fuera así, la habríamos publicado. Hacia el final del relato abundan los cabos sueltos. Es posible que el nombre aparezca en alguna parte, pero creo recordar que uno de los fallos de lógica narrativa era, precisamente, saber quién era la persona a la que el asesino prendía fuego. Una planificación argumental pésima para un escritor de novela policíaca, pero es evidente que el autor no tiene ni pizca de talento, así que…
Lotte suspiró. Ya no pudo contenerse más.
—Sí, eso ya lo veo, pero ahora tenemos que actuar. No nos queda mucho tiempo y, por desgracia, tus consideraciones literarias tendrán que esperar. —Ella misma se dio cuenta del tono agresivo que estaba usando, pero no se reprimió—. ¿El nombre de Viljar aparece hacia el final?
Madsen pareció ofendido.
—Oye, hace tres años que leí el manuscrito. No recuerdo todos los detalles.
Lotte se levantó y agitó la mano para indicarle que se marchara, como si fuera un cachorrito que se había hecho sus necesidades dentro de casa. Cuando el editor salió del despacho, Lotte cerró de un portazo y volvió a concentrarse en el manuscrito. Toda aquella tensión la impedía avanzar. Como si estuviera en medio de una pesadilla en la que no se movía del lugar.
«Céntrate, Lotte», se dijo con voz estricta. Leyó sobre cómo el asesino pretendía transportar a su víctima en barco desde un embarcadero en las afueras de la ciudad hasta un campo situado justo detrás del puerto deportivo de Lindøy. Según el manuscrito, una vez allí ataría a la víctima a un poste y la rociaría con gasolina, además de verter un amplio círculo de líquido inflamable a su alrededor. Suficiente para provocar un gran incendio que atrajera la atención de la gente del lugar. Cuando la mecha casera llegara hasta el cerco de gasolina y prendiera la llama, él ya estaría cruzando el canal de Røyksundet de vuelta a la ciudad.
Solo se podía hacer una cosa para intentar salvar a Viljar, y era tratar de truncar los planes del asesino. Colocar algunos obstáculos que le impidieran seguir la trama original de su novela, pero al mismo tiempo sin revelarle que ellos estaban al tanto de la misma. El único problema era que tal vez ya fuera demasiado tarde. Era probable que en aquel momento Viljar Ravn Gudmundsson ya estuviera amarrado a un poste en Lindøy. Pero si no conseguían salvar a Viljar, al menos podrían capturar al asesino. Lo detendrían una vez que su barco atracara en Haugesund.
Lotte llamó por el intercomunicador a todos los miembros del equipo y los convocó con carácter urgente. En esta ocasión decidió seguir el bienintencionado consejo del agente novato. Escogió la sala de reuniones del ala oeste como central de operaciones para la caza final.