El ejecutor

Geir Tangen · Capítulo 29 de 91

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El ejecutor

Comisaría de policía de Haugesund: Jueves por la mañana, 16 de octubre de 2014

Comisaría de policía de Haugesund

Jueves por la mañana, 16 de octubre de 2014

 

Cuando Lotte dobló la esquina camino de la sala de reuniones, la expresión de Olav Scheldrup Hansen le reveló que estaba preparado para la confrontación. En actitud chulesca, con los pies separados y bien plantados en el suelo. Trajeado como de costumbre y con el poco pelo que le quedaba repeinado hacia atrás. Sin aminorar el paso, Lotte se acercó el móvil a la oreja para fingir que estaba hablando con alguien. Cuando se acercó al inspector de la policía judicial, señaló el teléfono mientras pasaba de largo.

Todo el equipo de investigación estaba ya en la sala, esperando diligentemente a que Lotte iniciara la reunión. Tras finalizar su conversación ficticia, le hizo un gesto a Scheldrup Hansen para que entrara y ocupara su sitio. El inspector intentó tomar la palabra nada más sentarse, pero Lotte alzó la voz por encima de la suya.

—Aún no he empezado a dar el turno de palabra, Olav. Tenemos muchos asuntos en la agenda de hoy. En primer lugar, la abogada policial me ha pedido dejar muy claro cuáles son la organización y las líneas de mando para todo el equipo. Synne, ¿podrías empezar comentando esto?

Synne Lie se levantó y tomó la palabra. En términos muy rotundos y con mucha claridad, explicó cuáles eran las funciones de los distintos miembros del equipo y cuál era la jerarquía de mando. Nadie debía seguir órdenes de nadie que no fuera la directora de la investigación, y por su parte Lotte tenía la obligación de clarificar con la abogada policial todo lo relacionado con detenciones, registros, interrogatorios y confiscaciones. Synne hizo una pausa retórica tras pronunciar la palabra «detenciones» y miró directamente al inspector de la judicial. La estrategia que Lotte había urdido esa misma mañana había surtido efecto. Olav Scheldrup Hansen se quedó bastante descolocado: lo habían puesto en su sitio delante de todos. Lotte sintió cierta mala conciencia por haberlo reprendido indirectamente en público. Sin embargo, sabía que no tenía otra opción si quería recuperar el control del equipo y de la investigación.

—¿Y a quién acudimos si estamos en franco desacuerdo con el rumbo que está tomando la investigación? —preguntó Scheldrup Hansen, sonriendo burlonamente para dejar claro a todo el mundo que se había percatado de la maniobra.

—Llegado el caso, tendrías que acudir a mí —dijo Synne Lie, mirándolo con expresión gentil y amable—. Yo atenderé tus críticas. La última vez que comprobé los documentos, se había pedido «ayuda» a la policía judicial, no que dirigiera la investigación.

Lotte se disponía a iniciar la revisión de las pruebas cuando el teléfono le vibró en el bolsillo. Tras echar un vistazo a la pantalla, pidió al equipo que hicieran un receso de cinco minutos. Tenía que contestar a la llamada.

Era Anne. Lotte maldijo en su fuero interno mientras salía de la sala de reuniones. Se le había olvidado por completo hacer algo respecto a la situación de su hermana. Sabía que la esperaba una nueva ronda de acusaciones y reproches, recriminándole su falta de cariño. Sin embargo, no ocurrió nada de eso. Ese día se presentó una versión más calmada de Anne. Los problemas que había tenido el martes habían caído en el olvido. Era un efecto de la heroína. Siempre surgían nuevos problemas que eclipsaban a los antiguos.

—Lotte… ¿Tienes tiempo para quedar conmigo hoy? Necesito hablarte de algo importante.

Siempre se trataba de algo importante.

—Antes del almuerzo voy a estar muy liada, pero tal vez podamos vernos más tarde —dijo Lotte para que su hermana no tuviera la sensación de sentirse rechazada.

Lotte vivía en un estado constante de mala conciencia por no hacer lo suficiente por su hermana, aunque sabía muy bien que, si proporcionas demasiado apoyo a un drogadicto, no haces más que ayudarlo a perseverar en su estilo de vida. La única motivación de un toxicómano para salir del infierno de la heroína es que su vida se convierta precisamente en eso, un auténtico infierno. Si le das dinero, comida, consuelo, trabajo y techo, no tiene ninguna razón para dejarlo.

—Más tarde me parece bien.

Lotte percibió cierta sensibilidad en la voz de su hermana que llevaba tiempo sin oír. Tal vez se tratara realmente de algo importante.

—De acuerdo, Anne. Intentaré ir por la tarde, pero no puedo decirte la hora exacta. ¿Está bien?

Después de colgar, Lotte respiró profundamente, apretó el interruptor mental que le servía para apartar la mala conciencia y entró de nuevo en la sala de reuniones.

—El primer punto de la agenda hace referencia a las distintas escenas del crimen. Lars, eso lo controlas tú, ¿verdad?

Lars Stople se levantó de la silla. A diferencia de la mayoría de los seres humanos de este siglo, Lars seguía manteniendo una fe ciega en el rotulador y el papelógrafo. Buscó una hoja en blanco y fue anotando los puntos principales mientras los iba exponiendo.

—Nos enfrentamos claramente a un hombre que no tiene intenciones de ocultar su rastro. Y el hecho de que dejara tantas huellas en las escenas de los crímenes llama tanto la atención que es posible que las colocara allí para despistarnos. Hemos registrado a fondo el apartamento de Rita Lothe y el cerro situado detrás de la vivienda de Johannes Fredriksen en Stord.

»En el apartamento de Rita Lothe hemos encontrado huellas dactilares que no corresponden a la víctima en una copa de vino y en otra de coñac. Las mismas huellas se han encontrado también en el libro de Nesbø y en un vaso de plástico hallados en el bosque cercano a la otra escena del crimen. En otras palabras, no cabe ninguna duda de que la misma persona ha estado presente en ambos lugares.

»Además de las huellas dactilares, disponemos de numerosos restos biológicos, por lo que podremos obtener un análisis completo del ADN del homicida. No obstante, una vez que tengamos los resultados, estamos bastante seguros de que no se corresponderán con ningún perfil de nuestra base de datos.

Lotte se levantó y se acercó a Lars. Ajustó una de las patas del papelógrafo para que estuviera recto. Carraspeó nerviosamente y se giró de nuevo hacia el agente.

—¿Hemos conseguido algo de la investigación en farmacias?

—Por desgracia, no. Es una vía muerta. Debió de comprar el anestésico en otro lugar y no en esta ciudad. Ampliamos la búsqueda a otros municipios colindantes, pero también sin resultado.

—De acuerdo. ¿Existen más indicios que puedan revelarnos la identidad del autor, Lars? Si lo he entendido bien, tenemos suficiente para condenarlo en cuanto lo hayamos identificado.

—Correcto. Probablemente la cosa sea tan simple como lo que hablamos ayer. O bien se siente seguro de mantenerse al margen de toda sospecha. O bien le resulta completamente indiferente que lo detengamos.

Lars hizo una pausa, pero continuó cuando Lotte le hizo un gesto para que siguiera hablando:

—Sí… Bueno… Lo que voy a decir a continuación son simples especulaciones. A partir de la investigación de las escenas del crimen, podemos llegar a las siguientes conclusiones.

Anotó cuatro puntos en el papelógrafo.

—En primer lugar, todo apunta a que se trata de un hombre. Además del hecho evidente de que Rita Lothe mantuvo relaciones sexuales con él poco antes de morir, contamos con algunos indicios más. Cabellos cortos y canosos que no pertenecen a la víctima, y que también fueron encontrados en el saco de dormir en Stord. El tamaño de las huellas dactilares de ambos lugares revela que se trata de una persona con manos grandes. Finalmente, está claro que se necesita cierta fortaleza física para levantar a una persona inconsciente de setenta kilos y arrojarla por la barandilla del balcón. Así pues, todo indicaría que se trata de un hombre —dijo Lars para concluir el primer punto.

»En segundo lugar, existen bastantes indicios de que el hombre reside en Haugesund o en los alrededores. Ambos homicidios se produjeron en nuestro distrito y los correos electrónicos fueron enviados a un periodista local.

»En tercer lugar, creemos que el hombre tiene más de cuarenta años. No podemos tener la certeza absoluta, pero algunos indicios apuntan a ello. Como ya he dicho, los pelos encontrados son canosos. Naturalmente, hay hombres jóvenes con canas, pero el cabello suele empezar a encanecer una vez cumplidos los cuarenta. En Stord dejó una cacerola con restos de comida, que no es lo típico que suelen comer los jóvenes. Además, encontramos colillas en el escondrijo de Rommetveit. No colillas de cigarrillos, sino de tabaco de liar. Ese tipo de fumadores son también una especie en vías de extinción. En general, solo las personas mayores y los adictos a las drogas duras siguen fumando tabaco de liar.

»El punto número cuatro, el último, son los correos electrónicos. Knut, creo que tú eres el que sabe más sobre ellos. ¿Cierto?

Knut Veldetun se levantó y se acercó al proyector. Insertó un pendrive en el ordenador conectado al mismo, y a continuación abrió un PDF con copia de los dos mensajes.

—Como veis, ambos correos cuentan con el mismo remitente. La dirección steinaamli@gmail.com es falsa. O mejor dicho, la persona detrás de la dirección es falsa. La cuenta está registrada con el nombre de Stein Åmli y fue creada hace tres semanas. No hubo ninguna actividad con esa dirección antes del lunes por la mañana, cuando se envió el primer mensaje.

Knut se aclaró la garganta y tomó un sorbo de agua antes de proseguir:

—Todos aquí sabemos lo fácil que es crear cuentas de correo electrónico. Por lo tanto, no vamos a detenernos en ello. Supongo que estarás de acuerdo, Lotte, en que tomemos como punto de partida que nuestro hombre actúa bajo un nombre falso.

Lotte asintió a modo de respuesta, al tiempo que se oía un pesado suspiro procedente de su lado derecho. Por lo visto, la paciencia de Scheldrup Hansen estaba a punto de agotarse. Knut Veldetun siguió hablando sin inmutarse:

—No obstante, resulta más importante lo que nos han ayudado a averiguar los expertos de Google, que han compartido su información con nosotros y nos han proporcionado algunas respuestas interesantes. En primer lugar, ya conocemos el origen de ambos mensajes. El primer correo recibido por Gudmundsson fue enviado desde la asociación juvenil Antiguo Matadero, aquí en Haugesund, el lunes a las 08.05 horas. El segundo fue remitido desde el hotel Rica Maritim el martes a las 16.02. Naturalmente hemos realizado las comprobaciones pertinentes en ambos lugares y hemos interrogado al personal que estaba de turno a esas horas. Hasta el momento no hemos obtenido ningún resultado, pero uno de nuestros responsables informáticos hizo una observación bastante lógica y nos pidió que comprobáramos el servicio de wifi abierto. Las redes de wifi para huéspedes.

Lotte lo interrumpió.

—¿Eso quiere decir que la persona que envió los correos no utilizó los ordenadores fijos de esos dos lugares, sino que llevó su propio dispositivo?

—Sí, puede que se tratara de un smartphone o una tableta. Es muy probable que ni siquiera estuviera en el interior de los edificios. Es perfectamente posible conectarse a la wifi desde cualquier lugar en las inmediaciones; por ejemplo, desde un coche. Por desgracia, ninguno de esos lugares cuenta con cámaras de vigilancia. Si fuera así, podríamos buscar coches aparcados en la zona a la hora en cuestión.

Lotte volvió a tomar la palabra.

—Entonces dejamos por ahora el rastreo de los correos. Lo retomaremos si llegan nuevos mensajes. ¿Qué más tienes?

—Bueno… Me temo que no mucho.

Knut apagó el proyector y se sentó de nuevo. Lars Stople volvió a intervenir.

—¿Has descubierto algo relacionado con los códigos que aparecen en la parte inferior de los correos?

—No, estoy trabajando en ello, pero por el momento no son más que números y letras sin sentido. Por lo menos, podemos descartar que se trate de los códigos habituales de mensajería informática. Lo hemos comprobado.

Lars Stople añadió un quinto y último punto en el papelógrafo.

—Hay un tema sobre el que personalmente he estado reflexionando bastante y que considero que puede ser un buen punto de partida para proseguir con las investigaciones. —Hizo una pausa retórica, cogió aire y continuó—: Creo que nuestro hombre ejerce una profesión que le proporciona un mayor acceso a la información que el que pueda tener cualquier ciudadano de a pie. He intentado buscarlo por mi cuenta, pero me ha resultado imposible encontrar información sobre las absoluciones de Lothe y Fredriksen en la red o en las hemerotecas. De alguna forma, el asesino tiene acceso directo a los informes de ambos casos, e incluso a los de otros casos antiguos.

Lars se detuvo brevemente antes de exponer su hipótesis a los compañeros:

—Creo, y recalco que se trata solo de especulaciones, que el hombre que buscamos trabaja en la policía, en la judicatura, en los medios de comunicación o en un bufete de abogados. La información de la que dispone solo se puede obtener trabajando en esos lugares.

Olav Scheldrup Hansen no había dicho nada durante toda la reunión y, por primera vez, dejó oír su voz:

—¡Vaya, menudo equipo estáis hechos! Llevamos una eternidad escuchando todo tipo de obviedades y todavía no se ha mencionado una sola vez el nombre de Viljar Ravn Gudmundsson. Está bien… Puedo aceptar que tal vez no sea un asesino, pero en tal caso hay alguien ahí fuera pasándoselo en grande mientras trata de que su nombre aparezca por todas partes. ¿Quiénes son sus enemigos realmente? Por ejemplo… ¿Eliassen? Lo he comprobado y acaban de confirmarme que sigue encarcelado, pero ¿no podría tratarse de otra persona relacionada con aquel escándalo? ¿O tal vez Eliassen es tan poderoso que puede mover algunos hilos desde dentro de la prisión?

Olav Scheldrup Hansen no paraba de gesticular con las manos.

—Si seguimos el método de eliminación del señor Stople, supongo que eso nos dejaría aproximadamente unos mil asesinos potenciales solo en esta comarca. Sin embargo, el elefante rosa en esta habitación se llama Gudmundsson, y al parecer nadie quiere verlo. Por favor, ¿alguien podría pedir bastoncillos de algodón a la sección de criminalística? Porque sabe Dios que los vamos a necesitar.