El ejecutor

Geir Tangen · Capítulo 25 de 91

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El ejecutor

Requiem – Sequentia

 

Me siento satisfecho. Cada mínima secuencia transcurre según lo previsto. La pieza musical está tomando forma. Ni un fraseo desafinado. Algunas pequeñas modificaciones en la composición aquí y allá. Un timbal en vez de un címbalo. Disfruto plenamente de la sensación. No de matar, eso es una simple necesidad, sino de crear…

Es hermoso ver cómo los distintos instrumentos confluyen a su debido tiempo. Cómo se solapan los unos a los otros. Los seres humanos actúan de un modo tan previsible… Cada mínimo movimiento, cada decisión que toman, forman parte de la obra de arte. Y está funcionando. Sonrío al sol vespertino. Me he buscado un cálido rincón en la terraza. Por el momento, los dolores son un simple murmullo sordo de fondo. Me relajo con una cerveza y un buen libro. He cortado el césped. De repente, caigo en la cuenta de que lo he hecho por última vez. Una nueva alegría. Es importante disfrutar de las cosas pequeñas. El día de hoy ha sido liberador.

Desde que empezó con aquel sordo estallido en Stord hasta que he podido sentarme aquí fuera al sol de otoño.

En la bolsa que tengo a mi lado, guardo la tercera columna de datos y todo el material necesario. El próximo paso resulta más complicado. Los dos primeros han ido como la seda y he logrado mantenerme a una prudente distancia de todo. Observando sin participar. Ver a los investigadores examinar el cadáver de Rita Lothe fue embriagador. En medio de todo el alboroto, yo me movía como flotando sobre almohadas de aire. Me vieron, pero me ignoraron tal y como había previsto.

Lo mismo hoy. Tan solo unas leves modificaciones. Todo el revuelo en torno a mi periodista supone un desafío, pero me divierte. Han descubierto la conexión mucho antes de lo que yo creía. Sin embargo, ahora falta por ver si encuentran la verdadera relación a tiempo.

El día de mañana y el siguiente serán una prueba de si tengo las agallas necesarias para esto. Pienso en Jonas. Me armo de valor. Para que la obra sea perfecta, es necesario pasar por esta parte del proceso. Al mismo tiempo, al dar el paso para salir de mi zona de confort, aumentará sin duda el riesgo de fallar. Hasta ahora todo ha sido un juego. Un ejercicio para ver si soy capaz de ir más allá, de desafiar mis propios límites, de introducirme en la obra de arte y convertirme en parte de ella.

Los próximos días entrará en acción toda la orquesta. Por cada instrumento que surja del silencio, la presión sobre mí aumentará. Deben verme. Sentirme. Ser yo.

Será espectacular. Me regocijo solo de pensar en lo que escribirán los periódicos cuando encuentren a la tercera víctima. Entonces lo verán. Y algunos lo entenderán. De hecho, tienen que entenderlo. De eso se trata. No puedo evitar ser visible en el proceso que se inicia. Y en este contexto, toda mi inquietud no importa. Esto es mucho más grande que yo mismo, e infinitamente más grande que el dolor que me inflijo al llevar a cabo lo que está escrito…

Ha llegado la hora de entrar en la sala de conciertos. Ha llegado la hora de hacerse visible y vulnerable. Ha llegado la hora de mover la batuta, de blandir el martillo.

El Ejecutor…