El ejecutor
Comisaría de policía de Haugesund: Miércoles por la mañana, 15 de octubre de 2014
Comisaría de policía de Haugesund
Miércoles por la mañana, 15 de octubre de 2014
Lotte observaba al equipo de investigación. Era el equipo que iba a resolver el homicidio de Rita Lothe y, con suerte, detendría al asesino antes de que pudiera hacer más daño.
Cuando se encontraron una hora antes en la zona de recepción, Lotte se había percatado de la patente desconfianza en el rostro de Scheldrup Hansen. Sabía muy bien que él no soportaba que las mujeres como ella formaran parte del cuerpo policial. Mejor dicho, puede que sí soportara a las mujeres policía, pero no a las que pensaban y actuaban de un modo típicamente femenino. Hansen era perspicaz, expeditivo, decidido y sistemático. Por su parte, ella se centraba en las pruebas, era minuciosa, cauta y puntillosa. Y ambos caminos llevan a Roma. Lotte era consciente de ello, pero ansiaba demostrar que sus métodos funcionaba tan bien como los de Olav. Su porcentaje de detenciones no podía equipararse con el de su profesor, pero en cuanto al de sentencias condenatorias, ella le superaba con creces.
Lotte carraspeó para indicar a los presentes que había llegado el momento de empezar la reunión. Hizo las presentaciones por orden alfabético de cada uno de los miembros del equipo, notando por el rabillo del ojo que la paciencia de Scheldrup Hansen empezaba a agotarse. El hombre ponía los ojos en blanco mientras ahogaba teatralmente algún que otro bostezo.
A regañadientes, Lotte aceleró la velocidad predeterminada de la presentación de Power Point.
—Os doy quince minutos para leer los documentos que tenéis sobre la mesa. Se trata de una descripción detallada de lo que sabemos hasta el momento sobre el homicidio de Rita Lothe, además de otros aspectos interesantes relacionados con el caso.
Al cabo de quince minutos exactos, Lotte abrió el turno para comentarios, pero se arrepintió inmediatamente de no haber adoptado un sistema más riguroso.
—Tenemos que dejar de pensar como una panda de gallinas cacareadoras en un club de costura —dijo Scheldrup Hansen antes de que nadie hubiese abierto siquiera la boca. Miró fijamente a Lotte mientras hablaba—. Debemos priorizar nuestras fuerzas y apostar de una vez por un caballo ganador. Basándome en lo que he podido leer aquí y en toda mi experiencia anterior, tengo una idea de lo que debemos y lo que no debemos hacer, bajo ninguna circunstancia, en una situación como esta.
»Empezaré comentando este último punto. Debemos prescindir de las reuniones largas y absurdas en las que todos se dedican a exponer sus teorías. No llevan a ninguna parte. Sé que suena brutal, pero no tenéis ninguna experiencia en casos de homicidio de esta naturaleza, y cualquier investigación está abocada al fracaso desde el momento en que los policías pasan más tiempo de cháchara tomando café que centrándose en la investigación.
Se detuvo para tomar un sorbo de café, pero enseguida alzó la palma de la mano para hacer callar a Lars Stople, que se disponía a decir algo. Scheldrup Hansen continuó:
—Soy de la firme opinión de que debemos concentrarnos en los datos que tenemos más a mano. Las respuestas casi siempre se esconden en los detalles más cercanos. Encontraremos al asesino de Rita Lothe si desentrañamos su vida amorosa. Al parecer, Lotte piensa que el periodista Viljar es una pieza periférica en todo este asunto, pero yo opino que descuidaríamos nuestra labor policial si no lo investigáramos a fondo. Su nombre aparece por todas partes. No digo que él sea el hombre que estamos buscando, sino que no es una casualidad que esté involucrado. Los periodistas suelen tener enemigos. Hay que comprobar todo lo que ha publicado anteriormente. ¿Ha metido la pata de algún modo, o ha desenmascarado a alguien que pueda tener motivos para vengarse de él?
»Además, no debemos eliminarle de la lista de sospechosos. Si no he entendido mal lo que pone en estos documentos, se trata de un periodista que gozó de gran prestigio, pero que ha caído en desgracia. Y, de repente, se encuentra en el meollo de un “misterioso asesinato”. —Olav dibujó las comillas en el aire con los dedos—. No podemos descartar que esté intentando crear una buena historia que pueda contribuir a restituir su renombre profesional. El sueño húmedo de cualquier puto periodista es que le caiga del cielo un asesino que quiera utilizarle como medio para difundir su voz. Pero resulta que ese sueño húmedo es, y seguirá siendo, un sueño, ya que el asesino nunca quiere salir a la luz ni dar pistas sobre sí mismo. Eso ocurre solamente en las películas y en las series. Siento tener que decepcionarles, pero esto es la comisaría de Haugesund y no la última temporada de Bron/Broen.
La mirada de Olav se encontró con cuatro pares de ojos incrédulos. Suspiró antes de continuar:
—No me digan que no han visto Bron/Broen.
Se levantó de la silla al tiempo que alzaba las palmas al cielo. Todos los presentes en la sala ya se habían resignado a escuchar su monólogo y nadie le interrumpió.
—Ahora nos dedicaremos a seguir de cerca al tal Viljar Ravn Gudmundsson. Al menos servirá para evitar que se meta en más problemas que puedan acabar perjudicándonos.
Se giró hacia la inspectora.
—Bueno, Lotte, ya puedes empezar a asignar las tareas que permitan poner en marcha la investigación.
Lotte alisó el mantel que cubría la mesa. Acarició la tersa tela. Necesitaba tiempo para centrarse antes de tomar la palabra. Scheldrup Hansen iba a ser un hueso más duro de roer de lo que se había imaginado.