Una casa sin reflejos

Sergio Requejo · Capítulo 24 de 62

Páginas del PDF

Una casa sin reflejos

Capítulo 24

—Si quieres saber quién eres y cómo son los demás… haz este ritual frente al espejo y lo sabrás — concluyó Gabriel, aún con la linterna bajo la barbilla y su tono de voz fingida.

Gabriel había contado el relato a su manera: tirando de memoria, obviando muchas cuestiones fundamentales para darle verosimilitud y con el lenguaje propio de un niño de nueve años, pero el relato en esencia había sido lo suficientemente impactante como para que a Jota se le quedara grabado.

—Menuda tontería de historia —espetó Mayra con un bufido, mientras se acomodaba en el saco de dormir dispuesta a dormirse.

—En verdad, está guapa —agregó Pablo.

—Yo no voy mirar ningún espejo más —dijo Hugo, cubierto ya con su saco.

—La verdad es que no tiene mucho sentido… — indicó Yago, quitándole importancia.

—¿Cómo que no? —contestó Gabriel, poniéndose a la defensiva —.

¡Qué es verdad! ¡Le pasó a un primo mío!

—¿No habías dicho a un amigo de tu hermano? — apuntó Hugo, desde dentro del saco.

—¿O el primo de un tío de un amigo de tu hermano? — completó Mayra.

Todos rieron, llevados por el nerviosismo.

Siguieron discutiendo sobre el origen de la historia. Todos menos Jota, que observaba a su hermano en silencio, pensativo… con la perplejidad que le había generado el relato y con curiosidad de saber cómo sería su hermano en realidad y si tendría una cara oculta, haciendo caso omiso a la moraleja

de la historia y distorsionándola a su antojo para conseguir un fin que se había propuesto sin saberlo.

En las últimas semanas, Jota había notado cómo las cosas estaban distintas en la familia. La tensión por la apertura de la tienda, el próximo inicio de curso en un colegio nuevo, el cumpleaños de su hermano; las discusiones entre sus padres por cualquier motivo, y que les llevaban a varios días sin apenas dirigirse la palabra… Dudó, al igual que el protagonista de la historia, si conocía en realidad a su familia.

Aquellas historias de los espejos, con presencias del más allá, visiones futuras o como medio para ver la verdadera naturaleza de las personas, provocaron un chasquido en la cabeza de Jota. Un chasquido sordo, que nadie más sintió y que pasó desapercibido entre la algarabía de aquella fatídica noche de verano.

OceanofPDF.com