Una casa sin reflejos

Sergio Requejo · Capítulo 44 de 62

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Una casa sin reflejos

Capítulo 44

Abrió los ojos e intentó ubicarse, buscando una referencia, un asidero con la realidad. Se notó descansado, como hacía mucho tiempo que no se sentía.

Intentó moverse pero al momento le vino una sensación de leve colocón, que rápidamente atribuyó a las pastillas que le había ofrecido Lourdes Medina. Estaba tumbado en el diván del despacho de la doctora y trataba de incorporarse con la lentitud que le permitía el efecto del narcótico. Recordó aquella sensación que, sin poder evitarlo, le transportó a su infancia. Quedó seducido por aquel efecto, y su recuerdo, hasta que una voz empezó a hacerse presente, acompañada de un leve zarandeo de su brazo derecho.

—Jota. Despierta…

Jota se giró hacia la voz y enfocó la turbia imagen de Valentina.

—Tienes que marcharte —dijo Valentina tajante.

Jota se quedó mirando muy serio a su amiga, entendiendo que ella ya sabía quién era él y lo que hacía allí.

—No puedo. Tengo que saber la verdad —dijo Jota a quien se le veía, vulnerable y manejable, claramente afectado por el efecto de la pastilla.

—Así no la vas a descubrir —insistió Valentina —, es todo una pantomima. Van a utilizarte como un fantoche, de nuevo quieren otro espectáculo… pero, escúchame… así no vas a saber la verdad.

—Es la única manera, créeme —indicó Jota, mientras se incorporaba, agarrándose del cuello aún afectado por la postura y la pastilla —. Después de las jornadas… hice la sesión por mi cuenta y… y vi a mi padre.

Valentina se sentó junto a él, mientras intentaba canalizar la información que Jota le acababa de proporcionar. Aún le parecía increíble que su amigo fuese el protagonista de aquella historia.

—¿A tu padre? ¿Estás seguro?

—Tengo que saber por qué se me aparece desde entonces y… bueno, por qué intenta repetirlo.

—Jota… deberías hablar con un profesional de esto. Alguien que no tenga ningún interés en sacarle rédito al asunto más allá del profesional.

—La doctora Medina fue quien me trató siendo niño… La que me ayudó en su momento a superarlo. Aunque tengo la sensación de que siempre ha estado ahí… dentro de mí. Pero, desde que mi cabeza empezó de nuevo a recordar…

—Quizá sea una sugestión, Jota.

—Sé que puede que sea una construcción mental… pero lo siento tan real como te siento a ti en este momento. En esta última semana he ido recordando muchas cosas, Val. Recuerdo el cumpleaños de mi hermano…

aquella noche yo, sin saberlo, hice una sesión delante del espejo del armario de mi habitación… y vi algo. Y ahora siento que algo está cambiando dentro de mí y que no sé hasta dónde puede llevarme y por eso necesito llegar hasta el final… y la sesión con la doctora es mi última opción para saber la verdad. Mi madre y mi hermano no estuvieron presentes. Nadie fue testigo. Solo mi padre y yo.

—¿Y qué pasa con la vecina?

—¿La vecina?

—Sí, vuestra vecina del piso de al lado.

—¿Qué pasa con ella?

—Descubrimos, por el informe de emergencias, que ella fue quien avisó a la ambulancia y la que habló con la Policía. Hemos intentado hablar con ella varias veces pero se niega a hacer declaraciones. Creemos que sabe algo más. Ayer mismo estuve allí, intentando que me concediera una entrevista, pero no quiere hablar con nadie. No sé, a lo mejor me equivoco, pero quizás sí quiera hablar contigo… si le dices quién eres.

—Pero, ella y su hijo eran parte de la organización de las jornadas.

Hablé con ellos… pero se negaron a decirme nada. Solo son dos arribistas en busca de un poco de notoriedad.

—Diles quién eres… igual te cuentan algo más. Parecen arrepentirse de haber cedido a las presiones de Carlos Navas… Pienso que la cosa se les ha ido de las manos, pero también estoy segura de que saben más de lo que

dicen. Ellos estaban allí esa noche. No hay nada de auténtico en lo que pretenden hacer esta noche contigo. No sé si conseguirán los permisos para grabar allí… pero hagan lo que hagan no será para ayudarte, Jota. Sea lo que sea que ves, lo que tienes guardado en la memoria… ya está ahí. Ve y ábrete a ellos… Diles quién eres. Antes de que lleguen los demás.

Jota miró a Valentina y, incluso bajo los efectos del calmante, se arrepintió de no haber confiado antes en ella.

—Eric te está esperando abajo con la furgo. Él te llevará hasta allí sin hacer preguntas, en su línea.

—Gracias, Val.

Jota abrazó a su amiga y observó su reflejo en la vitrina del despacho.

El reflejo de un rostro normal y sin amenazas de repente le dio una bocanada de paz y tranquilidad.

—Escúchame, Jota. Busca ayuda después, ¿de acuerdo? No seas uno de esos amigos a los que les muerde un puto zombi y no dicen nada…

—Lo haré.

Valentina se acercó a la puerta del despacho y la abrió con cuidado.

Observó el pasillo y, después de comprobar que no había nadie, le hizo un gesto a Jota para indicarle que podía salir… a buscar su verdad.

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