Sin eco
Capítulo 10
10
La nieve llegó esa misma noche. Todo estaba en silencio. El estruendo de las voces,
los gritos de los niños y el repiqueteo de los tacones contra los adoquines habían
desaparecido. Hanne cerró los ojos y escuchó, pero no oyó nada más que el rítmico
goteo de las cañerías del baño.
Ella se había marchado.
Hacia las seis de la mañana había cerrado la puerta. Hanne no estaba muy segura
de la hora. No significaba nada. Había estado allí, su aroma aún se pegaba a las
sábanas, pero había desaparecido hacia las seis.
—No es cierto, ¿sabes? —había dicho antes de marcharse—, que Venus no sonría
en una casa de lágrimas. ¡Sonríe!
Hanne se levantó de la cama y descorrió las cortinas. El intenso reflejo de la nieve
le hirió los ojos. Se mareó. Se sentía ligera. Todo era blanco y pensó en Cecilie.
Se llamaba Nefis Özbabacan y apenas le había acariciado los labios con el índice
para despedirse.
Hanne se vistió sin ducharse, y metió el resto de sus cosas en la mochila de
cualquier manera. Hoy sería capaz, Nefis le había dado fuerzas para volver a casa y a
todo lo que tenía que ver con Cecilie. Hanne Wilhelmsen cogió la llave de la mesilla
y se echó la mochila a la espalda. Se acordó de las últimas palabras de Nefis y al
entrar en el taxi camino del aeropuerto se puso los guantes rojos.