Sin eco

Anne Holt · Capítulo 39 de 75

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Sin eco

Capítulo 35

35

 

Billy T. llevaba cuatro horas caminando. Empezó su periplo en cuanto tuvo la

posibilidad de marcharse y hacia las dos se produjo una pausa cuando los demás

dieron la impresión de estar ocupados en su trabajo. Sin tener ningún plan se dirigió

hacia el norte, cruzando el alto de Enerhaugen. Al pasar junto al parque de Tøyen se

planteó ir a nadar a la piscina, pero al pensar que estaría de bote en bote le dio pereza.

Prosiguió su camino y llevaba recorrido un buen trecho de la calle Hovin cuando se

dio cuenta de que iba en dirección al piso de Hanne Wilhelmsen. Se desvió

bruscamente hacia el oeste, pasó por delante del sanatorio de Tøyen y no se detuvo

hasta que dejó atrás el valle de Nydalen y solo le faltaban diez minutos para llegar al

lago de Maridal. Después fue hacia el este, pasando Nordberg y Sogn. Al final se

encontró indeciso, cansado y con los pies mojados frente al bloque de escasa altura en

Huseby donde vivía su hijo menor. La madre del niño se sorprendió al verle, pues la

visita se saltaba el convenio regulador, y frunció el entrecejo con preocupación

cuando le pidió que le dejara a Truls hasta el día siguiente. Él llevaría al niño al

colegio. Truls se alegró de ver a su padre y se mostró aún más feliz cuando descubrió

que iba a estar a solas con su padre y con la abuela, sin hermanos, sin Tone-Marit. La

mujer de su padre le caía bien, el problema era que siempre llevaba encima al bebé

llorón.

Ahora era de noche y Truls dormía.

Su abuela entró en el dormitorio. También ella se había sorprendido con la

petición de Billy T. Quería pasar allí la noche con el niño. Sin hacer muchos

comentarios cambió las sábanas de su cama; Billy T. no protestó, a pesar de que

resultaba evidente que su madre tenía dolores por la artrosis que padecía. La casa

estaba húmeda y el sofá era duro y estrecho.

—¿Pasa algo?

Él no contestó, se limitó a acurrucarse con su hijo y tapar a los dos con el

edredón.

—Vaya, vaya. Ha llamado Tone-Marit. Estaba preocupada y le he dicho que

estabas cansado y te habías quedado dormido sin querer. Todo va bien y Jenny está

mejor del catarro.

Su madre le acarició la cabeza con la punta de los dedos; notó su calor sobre la

piel sensible después de tantos años llevando la cabeza afeitada. Contuvo la

respiración para no hablar.

Cuando ella cerró la puerta se quedaron a oscuras. Billy T. enterró la nariz en el

pelo rizado y castaño del niño. Olía a infancia, a jabón y a leche, a aire fresco. Billy

T. cerró los ojos y sintió que caía. Se agarró con tanta fuerza al cuerpecito menudo que el crío se quejó en sueños. Cuando Billy T. por fin cayó en un duermevela sin

sueños ya eran las tres de la mañana. Su último pensamiento fue para Suzanne y su

voz cuando le llamó para suplicar su ayuda por última vez.