Sin eco

Anne Holt · Capítulo 63 de 75

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Sin eco

Capítulo 58

58

 

Billy T. miraba fijamente a la joven que estaba en la cama. Su rostro casi no se

distinguía del blanco de las sábanas, y era difícil ver si respiraba. La habitación

estaba en penumbra. Tan solo entraba un poco de luz de un blanco azulado por la

puerta entornada que daba al pasillo. Cogió una silla y se sentó junto a ella. Un reloj

de pared con grandes dígitos sobre fondo blanco le recordó que ya habían pasado dos

horas del miércoles 22 de diciembre. Faltaban dos días para la Nochebuena y él

prácticamente no había dormido nada.

El médico había soltado una risa seca y molesta. Vilde Veierland Ziegler no iba a

poder prestar declaración en mucho tiempo. No quiso ni oír hablar de poner guardias

en la puerta. Que él supiera, Vilde no estaba en prisión preventiva. Unos cargos por

conducir bajo el efecto de las drogas no podían justificar ni el derroche de recursos

policiales, ni las molestias que supondría tanto para los pacientes como para el

hospital tener policías de uniforme circulando por los pasillos. Cuando Billy T. pidió

autorización para visitar a Vilde, el médico no quiso dársela. La paciente necesitaba

tranquilidad. Billy T. se encogió de hombros, fingió que se dirigía a las puertas dobles

de seguridad para salir de la sección de acceso restringido, pero en cuanto perdió al

médico de vista al final del pasillo dio media vuelta. Una enfermera muy seria le

había preguntado qué quería, pero desistió cuando le enseñó la placa y murmuró algo

de una autorización del doctor Frisak.

Billy T. no quería guardias en el pasillo para que protegieran a Vilde, sino para

que le informaran del más mínimo indicio de mejoría. Necesitaba tomarle

declaración, y cuanto antes, mejor.

Billy T. estaba convencido de que Vilde Veierland Ziegler era hija de Brede. El

médico se había negado a dar detalles del historial clínico de Vilde, por ejemplo si

alguna vez había precisado una donación de órganos. Que no tenía autorización para

facilitarles esos datos, había aducido muy pomposo el doctor Frisak. Billy T. se juró

que en cuanto resolviera ese caso empezaría a estudiar derecho a distancia. Al parecer

era lo que hacía todo el mundo. Sentado junto a la cama de la enferma, le habría

gustado reconocer su cuerpo en busca de cicatrices. Alzó una mano en dirección al

fino edredón pero la dejó caer.

Todo cuadraba, o casi todo.

La pista italiana no llevaba a ninguna parte. El informe de la Unidad de Delitos

Económicos concluía que una revisión de los negocios de Brede Ziegler en Italia no

era base suficiente para que Noruega prosiguiera con la investigación. Por razones de

disposición de tiempo y de competencia jurisdiccional les habían dado un acceso

bastante limitado; aun así parecía que todo estaba en regla.

Nada que resaltar.

Eso decía al final del informe de cuatro páginas que había llegado aquella misma

mañana al correo interno de la policía.

Tenía que tratarse de Vilde. El matrimonio de Brede era muy extraño. Cuando la

policía por fin descubrió el estudio de la calle Silo les llevó muy poco tiempo

verificar que Vilde prácticamente nunca iba a la calle Niels Juel. Los cónyuges

apenas se veían, a pesar de que solo hacía un poco más de medio año de su boda. Por

otra parte, Brede había decidido hacerse una vasectomía a pesar de que Vilde solo

tenía veinticuatro años y difícilmente podía estar en condiciones de tomar una

decisión tan trascendente para su futuro. Probablemente ni siquiera supiera de la

intervención. Brede se había asegurado de que no sería el abuelo de su propio hijo.

Pero ¿por qué?

—¿Por qué? —susurró Billy T. intentando que se le humedecieran un poco sus

ojos resecos—. ¿Por qué se casaría con su propia hija? —Brede Ziegler había sido un

ligón empedernido; tenía montones de mujeres. No había querido tener hijos, y al

parecer tampoco esposa, al menos daba esa impresión. Y de pronto se casa con su

propia hija—. Joder —murmuró Billy T., y bostezó, lo que le alivió un poco la

sensación de papel de lija que notaba detrás de los párpados.

Claudio había descubierto el secreto. Billy T. no sabía cómo y aún no se había

atrevido a interrogarle al respecto. Seguramente Gagliostro habría intentado

chantajearle. Debía de ser eso: Gagliostro no le había dado el dinero a Brede, como

afirmaba el italiano, sino al contrario. Brede había pagado a Gagliostro para que

mantuviera la boca cerrada. De ahí la numeración correlativa de los billetes. Billy T.

interrogaría a ese tipo hasta que se derrumbara, pero aún no, antes tenía que hablar

con Vilde.

La cuestión era si ella lo había sabido desde el principio. Que el hombre con el

que se casaba era su propio padre. Seguramente no. Tenía que haber ocurrido algo,

algo que desveló el secreto de Brede Ziegler.

¿Cómo?

¿Era Vilde quien había matado a Brede durante un paseo nocturno para aclararlo

todo? El cuchillo Masahiro era ligero, la cuchillada repentina. Podía haberlo hecho,

quizá su coartada era falsa. Tal vez su amiga mentía; quizá mentían todos. Vilde

podía habérselo encargado a otra persona. Quizá lo había hecho Sindre Sand, podía

ser cualquiera. Annmari era una mierda y Hanne una traidora. Jenny lloraba y todo se

había teñido de rojo. Tenía que darse prisa para llegar a tiempo de coger el tren a las

Bahamas. Iba desnudo. Corría para alcanzar el tren; el llanto de Jenny llegaba de allí,

pero sus piernas no le obedecían, y todo era rojo, y en una ventana vio a Hanne y

Annmari que se reían de él. Suzanne iba delante del tren. Había raptado a Jenny y

dejó caer al bebé sobre las vías y saltó tras ella.

—Esto es muy serio, comisario.

Billy T. se despertó de golpe y se frotó la cara.

—Uy —carraspeó—. Disculpe.

—Dejé muy claro que no se debía molestar a la paciente —dijo el doctor Frisak

—. Pero al parecer no insistí lo suficiente. Me veré obligado a informar de esto.

¿Serías tan amable de salir del hospital? Esta es la sección de acceso restringido y no

tienes autorización para estar aquí.

Entumecido, Billy T. se puso de pie y pasó junto al médico sin decir una palabra.

Para la hora que era podía irse directamente a Grønlandsleiret 44.