Sin eco
Capítulo 46
46
El piso parecía un burdel bombardeado. Hanne encontró cierto consuelo en el hecho
de que la expresión resultara descriptiva, al menos hasta cierto punto. Pese a que le
había prohibido hurgar fuera de la cocina estaba claro que Harrymarry había revisado
casi todo y se había apropiado de unas cuantas cosas. Había ropa y objetos tirados por
el suelo y encima de los muebles, y la lavadora emitía unos ruidos que no anunciaban
nada bueno. Vio que salía jabón por las juntas y un montón de espuma iba del tambor
a la ducha. Hanne se acercó y suspiró desesperada cuando vio la botella de
lavavajillas vacía tirada encima de la secadora.
Su catarro había ido a peor, no tenía fuerzas para recoger nada, y al vaciar un
armario en busca de un chándal viejo contribuyó a aumentar el caos. Vería si echaban
algo en la tele que la ayudara a quedarse dormida. Llamaron a la puerta.
—¡Mierda!
Hanne le había dicho varias veces a Harrymarry que se llevara la llave. Se levantó
con esfuerzo del sofá y salió al recibidor arrastrando las zapatillas. Apretó el
telefonillo sin preguntar quién era y dejó la puerta entornada. Estaba viendo una serie
de intriga malísima en la televisión y se apresuró a tumbarse en el sofá de nuevo.
Los sonidos que le llegaron del recibidor le resultaron desconocidos. Alguien
intentaba no hacer ruido. No podía ser Harrymarry, que sonaba como una banda
musical al completo. Hanne se incorporó y sintió miedo.
—¿Hola? ¿Quién es?
No obtuvo respuesta.
Salió al recibidor de un salto.
La mujer parecía asustada. Llevaba un abrigo largo de piel vuelta y guantes de un
color rojo intenso. Cuando vio a Hanne le tendió la mano.
—Te he encontrado —le dijo con voz queda.
Sonó un fuerte golpe en el baño, como si la lavadora hubiera explotado.