Sin eco
Capítulo 51
51
—¿Con su hija? ¿Era un pervertido? —Karl Sommarøy pensó en sus hijas pequeñas e
hizo una mueca—. Pero ¿por qué?
Billy T. abrió los brazos.
—¡Todo encaja! Pregunta: ¿por qué iba a esterilizarse un tipo sin hijos que estaba
a punto de casarse con una mujer joven en edad de tenerlos? Respuesta: porque no
quería tener un hijo con la doncella de la muerte.
—O a lo mejor sencillamente no quería tener hijos, y punto —dijo Karl escéptico,
y se acarició pensativo la mejilla con la pulida cazoleta de su pipa.
—Pregunta —prosiguió Billy T. sin dejarse afectar por las dudas de su colega—:
¿por qué vivía su mujer en un estudio cuando tenían un piso del tamaño de un campo
de fútbol en el centro de la ciudad? Respuesta: porque, a pesar de todo, a Brede
Ziegler le resultaba bastante asqueroso dormir con su hija metida en la cama de
matrimonio.
—Pero aún no nos has dado ningún motivo.
Billy T. se tiró del lóbulo de la oreja.
—Ni repajolera idea —dijo con despreocupación—, pero lo averiguaré. Habrá
que traer a la joven viuda y ver qué sabe. Vente conmigo, vamos. Nos llevó
demasiado tiempo dar con el estudio de Sinsen. Pero, por otra parte, ¿de qué coño nos
iba a haber servido esa dirección hasta ahora?
Sonrió. Hacía mucho que Karl Sommarøy no presenciaba algo así. Al menos
desde que Hanne Wilhelmsen había vuelto.
—No puedo —respondió con brusquedad—. Tengo más de trescientas horas extra
acumuladas y le he prometido a la parienta que nos iríamos de compras. No viviré
mucho si no estoy en casa dentro de media hora. Tendrás que llevarte a otro.
Billy T. se fue a Sinsen solo.