Nostalgia sin ti
28 LILIA Pasado
28
LILIA
Pasado
La burbuja de resignación en la que estaba sumida a raíz de mi castigo explotó con un mensaje inocente.
TROYE
Lilia, necesito verte
Estoy a punto de terminar Divergente, y no es justo porque sé que ese no llegaste a leerlo
LILIA
Cierto, vi la peli en casa con mi hermana
Le dijimos a mi madre que era por petición de Gianna para montar un ejercicio…
Todavía no entiendo cómo se lo creyó
Recuerdo la historia
Por eso necesito verte
Creo que nos hemos contado la vida con mensajes y audios
Y echo de menos que tu risa sea un sonido en directo
Sigo sin poder salir
De casa al instituto y del instituto al pabellón
Ya
¿Alguna idea?
Porque yo opino lo mismo
Un corazón. Esa fue su respuesta. Un maldito corazón que reblandeció el mío y me hizo querer saltarme las reglas, escaparme durante unas horas y perderme a su lado. Una imprudencia para la que precisaba de una aliada que me cubriera las espaldas.
—Tienes que hacerme un favor —le pedí a Violet al entrar en su habitación—. Sin preguntas.
No habría recurrido a ella de no estar desesperada, pero necesitaba cerciorarme de que en esa ocasión nadie me estaría esperando tras la puerta cuando regresara a casa.
Mi hermana se irguió, desperezándose con el portátil sobre las piernas.
—Claro, ¿qué quieres? —accedió sin apartar la vista del capítulo de The Office.
—Voy a salir esta noche y me vendría bien tu ayuda.
Sus ojos se iluminaron y no dudó en pausar la serie para proseguir con nuestra maquinación secreta.
—¿Me meto en tu cama y me hago pasar por ti o con una almohada tienes suficiente? —propuso entusiasmada.
—Con que los distraigas para que pueda salir y te metas en mi habitación para simular que vemos una peli…
—Puedes grabarte audios para que los reproduzca y parezca más realista. Por si mamá se pone a escuchar detrás de la puerta.
—Bien pensado —opiné, pese a que cuantos más detalles tuviera el plan, más fácil resultaría que saliera mal.
—¿Quién es el chico? —Bajó la pantalla del ordenador para fulminarme con la mirada.
—¿No he dicho que nada de preguntas?
—Venga, ¿quién es? —insistió.
—Nadie —traté de sonar convincente.
—Pues Jasmine estuvo en la sesión de cine del parque Fitzgerald y me contó que un tal Nadie se sentó a una distancia íntima de ti.
«Maldita Jasmine», maldije en mi fuero interno.
—Era una manta pequeña, Violet.
—Ya… Venga, dime su nombre.
—Troye. —Lo saboreé despacio mientras el rubor teñía mis pómulos.
—Troye… El chico que fue a verte al Didier y prefirió coger el autobús de vuelta a Kinsale antes que subirse a mi coche y conocerme… Volvías de estar con él cuando te pilló mamá, ¿a que sí?
Asentí.
—¿Por qué no podéis quedar a una hora decente como la gente normal?
—Supongo que no somos normales. —Me encogí de hombros.
—Pues más te vale darme su número por si te pasa algo.
—¿En serio?
—Yo te cubro y tú me das un teléfono que pueda rastrear la policía si no vuelves antes de las tres.
—¿Vas a ponerme un toque de queda? Te pareces a mamá…
—No te equivoques, Lilia, mamá te ataría al cabezal de la cama y solo te soltaría para que hicieras ejercicios de flexibilidad y abdominales. Yo te ofrezco una cita efímera a cambio de que a las tres pueda regresar a mi cama y dormir sin miedo a que me deshereden.
—Vale. —Entré en la agenda y le envié el contacto de Troye.
—Estáis liados, ¿verdad? —Me dedicó una media sonrisa.
—¡Claro que no! —Mi gesto de rechazo la ofendió.
—Eh, ¿de qué te sorprendes?
—Solo somos amigos.
—¿Y ninguno de los dos espera algo más? Y antes de que me mientas, las paredes de esta casa son de papel, oigo todas tus conversaciones con Stella y Sawyer.
Fijé la vista en las sábanas de caballitos de mar y recorrí cada contorno con el dedo.
—Me gusta, sí, y no sé qué va a ocurrir —zanjé dubitativa—. ¿Eso es malo, dejarse llevar?
—No hablas con una experta que vaya a darte consejos revolucionarios, pero creo que está bien no tener expectativas. Bastante presión nos echamos encima con la gimnasia como para planear al milímetro lo demás.
—Una de las cosas que me encanta de Troye es que no forma parte del ámbito deportivo. Podemos charlar sobre rítmica, aunque no de un modo obsesivo. —Omití que estar con él era desconectar de lo que dolía y equilibrar la balanza valorando una carcajada, un retrato o una propuesta alocada.
—Y, aun así, fue a verte al Didier —suspiró mi hermana—. Mi instinto me dice que ese chico tiene una lista de cosas tuyas que también le encantan.
Me tragué un «ojalá» que sonaba a incertidumbre y esbocé una sonrisa al pensar que esa noche volvería a pedalear con el chico de mirada celeste enredado a mi cintura.
OceanofPDF.com