Nostalgia sin ti

Ester Isel · Capítulo 74 de 94

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Nostalgia sin ti

69 LILIA Presente

69

 

LILIA

Presente

 

Voy a terapia con Henderson cuatro veces por semana.

Hablamos de mi carrera, de los pensamientos destructivos que acuden a mi mente, la crueldad con la que me trato, mi adicción a hacer ejercicio, aunque eso agrave mis lesiones, o lo inútil y perdida que me siento sin un propósito. Recito comentarios que Golkova me gritaba durante los entrenamientos, le resumo mis progresos con la nutricionista y él achaca el uso de diuréticos y la dieta restrictiva a mi ansia de control.

—Exigente, perfeccionista y autocrítica —declara a inicios de marzo, revisando sus anotaciones—. Así te defines.

—Sí.

—¿Qué dirías que es lo que más te cuesta hacer?

—¿En el deporte?

—En general, algo que te suponga un gran esfuerzo.

Me tomo unos minutos para meditarlo.

—No soy demasiado resolutiva. Creía que lo era, pero me ha ido bastante mal.

—¿Cuál es tu primer instinto si las cosas no te salen bien? ¿Qué se te ocurre para mejorarlas?

—Intentarlo hasta la saciedad… Repetir y no rendirme.

—¿No crees que te daría unos resultados más óptimos pedir ayuda?

—La pedí para venir aquí.

—Y está bien, Lilia, pero la vida es una carrera de obstáculos en la que nos necesitamos los unos a los otros constantemente. No te avergüences de pedir ayuda en más de una ocasión.

—Cuando se me cae el mundo encima —expongo a media voz—, no pienso con claridad. Estoy acostumbrada a trabajar para alcanzar metas, no a asumir que no puedo cumplir mis objetivos. —Expulso una bocanada—. Es duro.

—Tu cerebro puede ser aliado o un arma que utilices contra ti.

Así es como empezamos a trabajar el reset button, una técnica para poner la mente en blanco ante un bloqueo generado por el exceso de presión o la acumulación de pensamientos negativos.

—Bien, esto te servirá para recuperar la calma, focalizar tu atención en algo positivo y trasladarte a un punto neutro —explica Henderson—. Consiste en tres pasos: tomas aire, pronuncias una cita verbal y la acompañas de una acción no verbal. Vamos a ponerlo en práctica.

Cierro los ojos, me inflo el pecho con oxígeno, recito una frase con un mensaje significativo para mí —«Mantén la cabeza donde tienes los pies» es la seleccionada, una oda a estar presente en este instante—, y doy una palmada con fuerza.

Esa noche y las siguientes, practico hasta que la familiaridad de dicha secuencia me brinda cierta serenidad.

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