Nostalgia sin ti
30 LILIA Pasado
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LILIA
Pasado
Esa noche fui consciente de que estaba sintiendo algo especial. Caminaba descalza sobre un reguero de sentimientos a los que no me atrevía a poner nombre, pisando fuerte y percibiendo la caricia del suelo contra la planta de los pies, nada de medias tintas o avanzar de puntillas.
Era pronto para percatarme de que la felicidad te alcanza de distintas maneras. A veces mediante momentos como aquel, sencillos y sin adornos añadidos; otras veces, al sostener entre los dedos un anhelo que considerabas remoto y que, de repente, te anima a saborear ese tipo de alegría inusitada, una emoción lacerante que te domina y pinta tu mundo de tonalidades vibrantes.
Pero, por aquel entonces, Troye y yo no éramos más que dos inconscientes jugando a ensayo y error, presionando teclas, conociendo al otro despacio, como si la vida nos reservase un «para siempre». Nos sentíamos preparados para los cambios y qué equivocados estábamos. La adolescencia no es una línea recta, sino un laberinto de obstáculos. Consiste en fallar, caer, levantarte y seguir intentándolo hasta que el bucle se inicia de nuevo y no te crees fuerte para continuar. Con la experiencia asumes que nunca hay que dar nada por sentado ni desmerecer el ahora con condicionales, porque lo cierto es que llegará el día en el que eches la vista atrás y sientas envidia de lo afortunado que eras, cuando tu cuerpo navegaba en un bálsamo de tranquilidad, los besos activaban cada célula de tu cuerpo y los paseos en bicicleta te invitaban a volar.
Ojalá hubiera recibido una carta de Eva en ese instante para advertirme de lo inaudito que resulta encontrar a alguien que agranda tus alas en lugar de pedirte que le cargues a la espalda. Ojalá hoy, años más tarde, no me muriese por regresar a aquella velada en la que Troye y yo nos besamos entre margaritas mientras las estrellas me concedían un sueño a medias y todo era tan fácil como coger aire y respirar. Ojalá lo que vino después no hubiese marchitado cada pétalo que esa noche significaba un comienzo bonito, natural e inevitable.
Ojalá el pasado siguiera siendo presente.
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